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| Agencia EFE

Medalla al Mérito Civil para un veterano profesor de español de Nueva York

Enseñar español durante cuatro décadas en un instituto a cien millas de Nueva York tiene recompensa a la larga, como bien sabe el profesor estadounidense Tony Orza, a quien España ha impuesto la Medalla al Mérito Civil por su trabajo.

Orza, de 63 años, es desde hace tiempo el maestro de español en el pequeño pueblo de Rhinebeck, situado en el valle del Hudson a 185 kilómetros al norte de Nueva York, cuyos adolescentes aprenden en meses un español casi perfecto, un logro que ha llamado la atención del ministerio de Asuntos Exteriores español, cuyos responsables decidieron premiarlo.

Su tasa de éxito es tan elevada que «la mayoría de sus alumnos adolescentes hablan español al cabo de tres meses», explicó a Efe el cónsul general de España en Nueva York, Fernando Villalonga, quien le impuso la medalla en una localidad donde gracias a él se tiene muy presente la lengua y la cultura españolas.

«Es todo un honor entregar la medalla a un hombre que, sin ser español, ha educado en el amor a nuestra lengua y cultura a varias generaciones de americanos en el corazón rural de Nueva Inglaterra», añadió el cónsul sobre el reconocimiento a Orza, descendiente de inmigrantes italianos y criado en el barrio neoyorquino del Bronx.

Villalonga definió al maestro como «un hombre apasionado con mucho mérito, que ha hecho su trabajo en silencio durante muchísimos años, en los que ha inculcado el amor por el español y España», al tiempo que se alegró de que «las medallas vayan también a parar a manos de personas anónimas que hacen una gran labor».

Para el galardonado, este premio es «un orgullo, un honor y algo que jamás hubiera imaginado conseguir en mi carrera», según explicó a Efe antes de recibir una medalla que, en parte, reconoce deber al el escritor, cineasta y humorista español Guillermo Fesser, quien lo descubrió cuando se mudó a ese mismo pueblo de Estados Unidos.

Fesser, conocido componente del dúo Gomaespuma, se sorprendió tanto del nivel de español que dominaban los chavales de Rhinebeck que se preocupó por conocer la historia de Orza e incluirla en su libro A cien millas de Manhattan, en que recopiló las anécdotas que vivió durante el primer año que pasó en este país.

«Guillermo escribió unas diez páginas sobre mi vida en su libro y eso ha tenido un importante papel», dijo Orza a sabiendas de que el libro de Fesser cayó en manos del ministro de Asuntos Exteriores español, Miguel Ángel Moratinos, a quien le entusiasmó la historia de un maestro de español en un pequeño pueblo de la América rural.

La medalla es «todo un regalo» para Orza, quien a sus 63 años se prepara para jubilarse en el 2011, después de haber enseñado a hablar la lengua de Cervantes a miles de adolescentes durante muchos años «antes de que el español se convirtiera en una lengua popular en Estados Unidos como lo es ahora».

«Mi madre quería que fuera médico, pero yo descubrí el español y me quise dedicar a él», explicó el maestro, quien primero tuvo que batallar con su familia, que no entendía que «un chico italiano» se interesara por otra lengua, y después ya con el sistema escolar estadounidense, donde el español no era importante.

Orza recuerda cómo creció rodeado de puertorriqueños y que empezó a estudiar español de la mano de un maestro de Zaragoza, Julián Lamas, que le enseñó «un español muy diferente», el de la península Ibérica, adonde no dudó en irse a estudiar con el dinero que casi a escondidas le prestó su madre tras vender una póliza de seguros.

«En España me han pasado las cosas más importantes de mi vida: besé a mi primera chica y conocí a mi mujer. ¿Cómo no voy a amar ese país?», se pregunta el maestro, quien a lo largo de su carrera ha hecho un total de 25 viajes a España con sus alumnos para que conozcan al detalle la geografía española.

Orza comenta que todos sus alumnos, unos 150 al año, acaban el primer curso de instituto «hablando y entendiendo el español en presente», un logro que consigue gracias a técnicas tan didácticas como no hablar ni una palabra de inglés en el aula, bautizar a sus alumnos con nombres españoles o empezar cada clase con un éxito musical de actualidad.

«Les pongo canciones de cantantes como David Bustamante o Juanes, y siempre intento que veamos películas actuales y más clásicas. La última fue El Lazarillo de Tormes de 1959 y antes les hice leer una edición adaptada del libro», dijo el maestro.

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