Noticias del español

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| Nicolás Guerra Aguiar
La Provincia - Diario de Las Palmas, España
Jueves, 21 de mayo del 2009

MAYÚSCULAS, TILDES, DIÉRESIS

Es frecuente constatar en alumnos de Bachillerato la poca o nula importancia que les dan a las tildes en la lengua escrita, a lo que antes se llamaban los acentos gráficos y que nos permiten, por ejemplo, distinguir el sustantivo día de la sílaba «dia» (la primera de «dia-rio»), o el río de la forma verbal él rió.


Esta tilde diacrítica es el rasgo gráfico que posibilita diferenciar, además, monosílabos. Así, las formas «mí, tú» tienen valor de pronombre personal frente a «mi, tu», variantes del adjetivo posesivo: «Mi coche es solo para mí», «Tú te vas en tu coche».

Sin embargo, hay otros momentos en los que también diferencian significados y, además, cambian absolutamente el concepto que representa la palabra. Es el caso de «La pérdida de mi novia» frente a «La perdida de mi novia», sustantivo en la primera frase, adjetivo sustantivado en la segunda: sensación de tristeza frente a supuesta consideración de mujer libertina, entregada al desenfreno y al disparate (o a su «Collige, virgo, rosas»), quizás muy próxima a aquella vecina del quinto en una obra de Cela, cuando el autor marca las diferencias entre puta y prostituta.

Y, tras la observación directa, no es preciso explicarles a los alumnos con más ejemplos las diferencias señaladas, puesto que los de hoy lo entienden perfectamente, por más que algunos gabinetes pretendan hacerlos pasar por tontos. Pero como no tienen tradición en la cosa de la escritura o de la importancia de las tildes, lo cierto es que les cuesta bastante trabajo irse adaptando a ellas en actividades escritas.

Son necesarias, pues, muchas horas a lo largo del curso en la biblioteca para que las pongan en resúmenes de novelas, aunque a muchos también se les nota la falta de agilidad en el uso de los diccionarios, no ya para averiguar la forma correcta de escritura sino, además, para los significados de gran cantidad de vocablos. De ahí que muchos profesores se quejen de la pobreza lingüística de sus alumnos. Pero, ¿se les exigió en cursos anteriores y elementales aquella tarea muy por encima, muy por encima, de los planteamientos teóricos gramaticales, por ejemplo? Yo tengo mis reservas, y pienso que hay intromisiones de pedagogos en el aula pero que nada saben de ella.

Algunos discentes también llegan con inciertas consideraciones sobre la tilde cuando de las mayúsculas se trata. Dicen (y lo he escuchado a lo largo de muchos trienios, y con alumnos procedentes de distintos centros, e incluso municipios) que a ellos les enseñaron la voluntariedad de su uso. Por eso escriben GALDAR en vez de GÁLDAR; GUIA (monosílabo) en vez de GUÍA, palabra bisílaba; RAUL, en vez de RAÚL, pero pronuncian las segundas formas, las correctas.

Sin embargo, cuando les escribo en la pizarra nombres de personas o de lugares a los que no pongo la tilde y que para ellos son desconocidos, los leen tal como están escritos: nombran BENTEJUI (con acento en la segunda «E»), no BENTEJUÍ; SANLUCAR (acento sonoro en la última A), en vez de SANLÚCAR; o confunden al personaje literario PARIS con la capital francesa (PARÍS). (El mismo yerro acaba de tener el buscador Google, de Internet.)

Tal ocurre con la diéresis. Casi todos distinguen fonéticamente entre cigüeña y guerra, por ejemplo. Pero si escribimos con mayúsculas AGUIMES, pronuncian correctamente la voz (AGÜIMES) porque conocen el municipio, o les suena. Pero leen SIGUENZA (la ciudad del doncel), topónimo al que intencionadamente le quité la diéresis (SIGÜENZA).

Lo que sorprende, lo que llama la atención, es que en todos estos casos la ortografía de la lengua española es muy clara y sin posibilidades de caos, tal como se recoge en las normas de simplificación de la misma y que obedecen estas a una modernización en el estilo según la RAE y las otras veintiuna de países castellanohablantes.

Y de la misma manera que la Ortografía de la Lengua Española, 1999, reserva para casos muy concretos la acentuación gráfica de los pronombres demostrativos o de la forma «solo» (para evitar específicas ambigüedades) y matiza que después de signos de interrogación o admiración no se escribe nunca el punto, también es contundente en la acentuación de letras mayúsculas.

Por eso, por la contundencia —apartado 4.10.—, las Academias insisten en que las mayúsculas llevan tilde «si les corresponde según las reglas». Aquellas de la Lengua Española, pues, nunca han establecido normas en sentido contrario, por más que en algunas aulas se insista en que la colocación de la tilde o acento gráfico en las mayúsculas depende del capricho de quien escribe. Rotundamente, no.

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