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| El Diario Montañes, España
Domingo, 15 de febrero del 2009

MÁS SOBRE LO MAL QUE SE HABLA

EL DIARIO MONTAÑÉS publica el pasado 4 de febrero un artículo de la profesora Ana Gómez titulado «Sobre la degradación del lenguaje» en el que denuncia la ruina imparable que está sufriendo el idioma español, plagado de inútiles anglicismos y corroído por el desconocimiento del significado de un buen número de palabras que tiene mucha gente, especialmente llamativo en no pocos políticos y medios informativos, sin duda debido en gran parte a los lamentables planes que padecen las enseñanzas primaria y secundaria desde hace casi cuarenta años.


Son ya dos generaciones las que sufren sus consecuencias; hasta tal punto debe de ser malo que alguna universidad ha tenido que organizar cursillos para que sus alumnos aprendan a expresarse bien por escrito. ¡Penoso!

El artículo citado hace una amplia revisión de las frecuentes muestras del deterioro de nuestro idioma, que no son sino demostración de la ignorancia que está alcanzando a sectores cada vez más amplios de la sociedad; seguramente por falta de espacio deja de citar unas cuantas más.

Así, en los últimos tiempos se habla de crecimiento negativo, cuando el crecimiento solo puede ser positivo, pues si no es decrecimiento o disminución; el anglicismo «en tanto tiempo» en lugar de «dentro de tanto tiempo» se ha instalado con carácter definitivo, de modo que ya todo el mundo dice, por ejemplo, «voy a hacer esto en diez minutos». ¿Qué significa eso? ¿Qué tardará diez minutos en hacerlo o que empezará hacerlo cuando pasen diez minutos? También ha hecho fortuna la construcción nada española de la traducción literal del título de un libro muy vendido (creo que también fue película), «Not without my daughter», vertido al español como «No sin mi hija»; lo normal en nuestro idioma es «Sin mi hija, no». Esta corruptela se está extendiendo a todo: no sin mi coche, no con el perro, etc. Y abundan los que no distinguen entre sino y si no.

Hay quienes confunden bimensual con bimestral y bianual con bienal, ignoran que la complicidad es solo colaboración para delinquir o no se han enterado de que el agua, el arma y el área son del género femenino, aunque llevan el artículo masculino para evitar la cacofonía (¿mande?); los géneros, a propósito, ni sufren ni causan violencia, pues son propios de las palabras, no de las personas, si bien ésa es otra, pues ya hasta en las universidades hay estudios de género; se utilizan siempre mal las voces concertación y referente; el uso adecuado de los tiempos verbales parece por completo desconocido para muchos profesionales de la palabra hablada o escrita.

No digamos cuando entra en escena la corrección política, debido a la cual un africano negro es un subsahariano; lo es, en efecto si procede de un país al sur del Sahara, igual que un blanco de la República Sudafricana, pero seguro no se dirá de este que es subsahariano. La denominación políticamente correcta de un marroquí negro ¿será magrebí-suprasahariano? Los estadounidenses oriundos de Libia, Túnez, etc., que son blancos pero de origen tan africano como los nigerianos o senegaleses, ¿son también afroamericanos?

Ahora no se habla de personas, sino de seres humanos, por aquello de no invisibilizar (bonito término, sí, señor) a las mujeres, pero como seres humanos es muy largo se abrevia diciendo nada más humanos, lo que será muy correcto pero sigue excluyendo a las mujeres porque, y perdón por la pedantería, humano viene del latín homo, el hombre, con lo que estamos en las mismas.

Siguiendo con los dislates hijos de la ignorancia, los análisis médicos han pasado a ser analíticas; las operaciones policiales o militares, operativos, y cada soldado o agente de los que intervienen en ellas, un efectivo, pues es habitual leer u oír: «Tomaron parte tantos efectivos». Ya no hay operaciones quirúrgicas, sino cirugías; las enfermedades son patologías; al tiempo atmosférico, cuando no se le confunde con el clima, se le dice climatología o meteorología, con las cursiladas añadidas de mala meteorología o climatología adversa al hablar del mal tiempo. A este paso puede no se tarde en llamar sastrería a una prenda de vestir y farmacologías a los medicamentos. Las poetisas se han convertido en poetas y los modistas en modistos; las cercas de las fincas son cierres perimetrales y los defectos de la estructura de los edificios, patologías constructivas, cosas ambas que suenan de perlas, mientras que el volumen de aquellos es volumetría.

Quien esto escribe está de acuerdo por completo con la profesora Gómez y con todos los que desde hace tiempo claman contra el terrible empobrecimiento del que dicen ser uno de nuestros más importantes valores y que se pretende vender como la segunda lengua de comunicación universal, haciendo de su enseñanza una fuente de riqueza como los países anglófonos con la suya; por desdicha, tales clamores son por completo inútiles; solo sirven de desahogo.

Si la miseria lingüística en que se está quedando el idioma español es lo que se ofrece enseñar, menuda birria se ofrece.

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