Noticias del español

| Álex Grijelmo (El País, España)

Más pequeña que pequeña

La palabra pequeña se queda a veces demasiado grande.

La verdad es que no puede definirse con rigor ese adjetivo, que tiene como antecedente pitinnus en el latín vulgar y que se documentó ya en torno a 1140 (Corominas y Pascual). Porque nuestra idea de lo pequeño y de lo grande varía según cada contexto; de ahí aquel viejo chiste: «Yo opino que lo mejor de la vida está en las cosas pequeñas: un pequeño yate, una pequeña mansión, un pequeño avión…».

Una pequeña mansión mide más metros que un piso grande. Por eso el adjetivo pequeña puede sugerir una dimensión mayor que su antónimo grande si éste se proyecta sobre un objeto de escaso volumen habitual. Del mismo modo subjetivo, lo que se llamaba la pequeña pantalla ha crecido ya tanto en pulgadas y plasmas, y tanto ha decrecido la del cine (antes pantalla grande), que pronto habrá que aplicar aquel viejo sinónimo a éstas y no a aquéllas; y viceversa.

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