Noticias del español

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| Vladimir Flórez
www.eldiario.com.co, Colombia
Jueves, 15 de juulio del 2010

MÁS ALLÁ DEL IDIOMA

Hace años, cuando visité España por primera vez, me sentí muy emocionado al llegar a un país del primer mundo en el cual podría expresarme sin tener que pensar demasiado en la gramática o la pronunciación para hacerme entender; donde podría dar rienda suelta a mi curiosidad periodística sin temor a quedarme a mitad de camino en las explicaciones.


Me parecía increíble llegar a otro país donde se hablaba el mismo idioma que yo he usado desde que aprendí mis primeras vocales y donde podría pelear tranquilamente con un taxista sin temor a que se hiciera el desentendido (como hacen los choferes paquistaníes o haitianos en Nueva York).

Pero el aterrizaje (no del avión en el aeropuerto de Barajas, sino el mío en la cotidianidad callejera de Madrid) fue mucho más aparatoso de lo que yo esperaba y la realidad que me encontré fue muy diferente de la que había imaginado.

Por fortuna, siempre he tratado de evitar esa manía tan colombiana de pedir que me regalen la cuenta y doy gracias a la vida por haber eliminado de mi léxico ese abuso verbal, porque en España a uno no le regalan nada: la cuenta la traen o la dan, y punto. Sin embargo, eso evita apenas uno de los fiascos, porque por lo demás todo pueden ser malentendidos.

Cuando un colombiano quiere almorzar, los españoles en realidad están pensando en comer, y cuando nosotros pretendemos comer ellos ya se están preparando para la cena. A la hora de tomar tinto, nosotros pensamos en café, pero ellos se están refiriendo a una bebida un poco más fuerte, motivo por el cual es de pésima presentación pedir un tinto con el desayuno.

Bueno, el manejo del doble sentido es un tema aparte, sobre lo cual no entraré en detalles. Sólo diré que vale la pena estar atentos porque, por ejemplo, si entre nosotros correrse es una actividad rutinaria que se practica sobre todo en los medios públicos de transporte con cualquier desconocido, en España es una cuestión muy íntima, de la cual sólo se habla con alguien de mucha confianza.

Mientras en Colombia las hostias a uno se las dan solamente los curas en las iglesias, en España una hostia se la puede dar cualquiera por la calle.

Pero, pese a la cacareada herencia hispana, y más allá de los matices del idioma, hay otras cosas que nos diferencian profundamente de los ibéricos. Por ejemplo, después de ver cómo España se volcó a las calles el lunes pasado para agasajar a la selección vencedora en Sudáfrica 2010, y que en la fiesta sólo hubo tres muertos (uno ahogado, uno que cayó desde un balcón y otro en una pelea), recordé que en Colombia, tras el 5-0 sobre Argentina en 1993, el jolgorio dejó más de 50 víctimas fatales; y eso que no estábamos festejando un campeonato mundial. ¿Será que los españoles no saben celebrar?

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