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| Amando de Miguel
libertaddigital.com, España
Lunes, 2 de marzo del 2009

MÁS ALLÁ DE LOS DICCIONARIOS

En España es raro que cese (voluntariamente) una persona, por lo que su sentido auténtico apenas se emplea. Lo que produce risa es lo de «poner el cargo a la disposición del superior», del que puede destituirlo.


José Miguel Estebaranz (Fuenlabrada, Madrid) me plantea tres dudas que resuelvo como Dios me da a entender. No sé qué dirán los gramáticos:

Diferencia entre probable y posible. Entiendo que ambos adjetivos se refieren a algo que puede suceder. Pero lo probable es una posibilidad más cercana o precisa, idealmente la que se puede establecer con algún criterio estadístico. Las dos formas se deben referir al futuro.

¿Qué es mejor «lograron llevarse un botín» o «se lograron llevar un botín»? Me suena mejor la primera.

¿Qué es mejor todo Madrid o toda Madrid? Los nombres geográficos son caprichosamente masculinos o femeninos. Por eso decimos todo Chile o toda España, todo Madrid o toda la Alpujarra.

Miguel Merchán Palacios vuelve sobre la confusión entre cesar y otros verbos parecidos. A ver si queda claro para siempre:

Cesar (intransitivo): 'dejar voluntariamente de desempeñar un puesto o cargo. Equivale a dimitir'.

Destituir (transitivo): 'separar a alguien de un puesto o cargo por la autoridad superior'.

El problema está en que, como lo de destituir queda feo, se sustituye por cesar como transitivo, que parece más suave. Por otra parte, en España es raro que cese (voluntariamente) una persona, por lo que su sentido auténtico apenas se emplea. Lo que produce risa es lo de «poner el cargo a la disposición del superior», del que puede destituirlo. Igualmente ridículo es el «no aceptar la dimisión por parte del superior».

Javier Vicuña Ruiz anda molesto con el exceso de siglas en los medios. Por ejemplo, PIB, en lugar de producto interior bruto. Estoy de acuerdo sobre el exceso de siglas, pero algunas están ya establecidas. Por ejemplo, decimos «hacer el inri» y no «hacer el Jesucristo Nazareno Rey de los Judíos». No sé si con el PIB (leído peibé o pib) empieza a suceder lo mismo. Hay un excelente Diccionario de abreviaturas, siglas y acrónimos de Miguel Murcia Grau con miles de entradas. En inglés lo de las siglas y acrónimos es ya una enfermedad.

Sobre la distinción entre oír y escuchar, Arsenio Arribas (Valladolid) me dice que «en el programa de radio que hace Pepa Fernández los fines de semana en Radio Nacional siempre se dirige a los oyentes como queridos escuchantes». Me parece muy bien. Doña Pepa no quiere que oigan su programa sino que lo escuchen.

Jesús Sáiz y Luca de Tena se queja de que ha hecho una consulta por internet a La Casa del Libro sobre un libro que está agotado. La prestigiosa librería le contesta «gracias por su alarma». Don Jesús se maravilla de ese nuevo uso de alarma para indicar consulta. Demonios de los comerciales.

David Barace López me señala que defino enervar como 'templar los nervios' cuando el DRAE dice 'debilitar, quitar las fuerzas'. Me he explicado mal. Quería decir que enervar es uno de esos verbos que ha alterado totalmente su significación. Tradicionalmente, desde hace siglos, quería decir 'debilitar o quitar fuerza' a alguien o a algo, por ejemplo a los nervios. Pero hoy significa también lo contrario: 'irritar o poner nervioso'.

Este segundo significado (hoy el usual) lo trae el Diccionario de Seco pero no el DRAE. A veces es que estos académicos me enervan.

Cintia Jaime Kreidler (Basilea, Suiza) anda a vueltas con la frase ser lego en la materia. Es muy fácil. El lego es el individuo profeso en una orden religiosa que no ha recibido el sacramento del orden. De ahí se deduce que lego es tanto como ignorante, indocto, no versado en el conocimiento técnico de una disciplina. La palabra lego no tiene nada que ver con legere (= leer); se deriva del griego laikós (= popular, profano, no sagrado).

Hernán Osorno Giraldo (Medellín, Colombia) quiere saber cómo se llama, con una palabra, el padre del tatarabuelo. En un crucigrama ha visto que «chozno es el hijo del tatarabuelo». Lo mejor es comprobarlo en orden descendente. Partimos de un adulto que tiene un hijo. La sucesión se establece así:

Padre tiene un hijo que se llama hijo

Hijo tiene un hijo que se llama nieto

Nieto tiene un hijo que se llama biznieto

Biznieto tiene un hijo que se llama tataranieto

Tataranieto tiene un hijo que se llama cuadrinieto

Cuadrinieto tiene un hijo que se llama chuznieto o chozno

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