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| Héctor Pavón (Clarín.es, Argentina)

María Teresa Cabré: «Las nuevas terminologías aparecen en la medida en que crece el conocimiento»

María Teresa Cabré Castellví, una reconocida filóloga y terminóloga catalana, vino a Buenos Aires a inaugurar XII Simposio de RITerm 2010 cuyo lema es: «La terminología: puente ineludible de una sólida mediación cultural».

En esta entrevista explica la importancia de la terminología, una disciplina que explora los nuevos términos que generan todas las áreas de producción de conocimiento y que, entre otras consecuencias, fortalece el corazón de las lenguas, especialmente de aquellas que sufren el embate del inglés.

¿Cuál es el campo más rico en la producción de terminología en la actualidad?

– En todos los campos científicos y tecnológicos se produce muchísima terminología. Es decir, todas aquellas ciencias que tienen gran capacidad de innovación, las más innovadoras, como las tecnologías, las nanotecnologías, la ecología, el medio ambiente, etcétera. Por lo tanto, la terminología es algo que se produce constante y permanentemente. En la medida que va creciendo el conocimiento, siempre aparece nueva terminología, no se utiliza la terminología antigua, porque si no, no crecería el conocimiento. En la medida en que dentro de un ámbito del saber se van produciendo nuevas ideas, nuevos contextos, aparecen términos que sirven para denominar estas nuevas ideas. Muchas veces, aparecen términos que no parecen términos. Es decir, o que son palabras del léxico común y se les da una nueva acepción semántica; o bien lo que se hace es dar un rodeo, una explicación o una descripción porque aquel concepto nuevo todavía no tiene nombre.

En la conferencia inaugural usted hizo referencia a un proceso clave del lenguaje de nuestros días llamado «implantación terminológica». ¿A qué se refiere con esta categoría?

– La implantación terminológica es el paso de un término propuesto hacia el uso común. En principio, son las palabras que han elaborado el traductor y terminólogo de una empresa, por ejemplo, para que los demás traductores las utilicen. Y ellos esperan que efectivamente las utilicen. Esto no siempre es obvio, a veces no las utilizan. Los estudios de implantación sirven para medir de qué manera o en qué grado las propuestas que se han hecho han pasado realmente al uso efectivo por parte de la comunidad para la que estaba destinada.

¿Qué actitud debe tener un terminólogo frente a la vida, tanto laboral como social?

– Un terminólogo, en principio, tiene que llevar siempre las antenas puestas, alertas. El terminólogo recoge los términos nuevos; por tanto, debe estar muy atento a la producción del conocimiento. Se especializan en ámbitos del saber; en conjuntos como, por ejemplo, ciencias de la salud, ciencias de la educación. Por sobre todas las cosas debe estar alerta ante el progreso del conocimiento, porque allí se expresan los especialistas en la materia, los investigadores y tal, donde ellos deben rastrear los términos nuevos. Pero por ejemplo, si por parte del especialista no hay una capacidad inmediata y espontánea de redacción ante la vagancia de préstamos de otra lengua, es el terminólogo él que recoge estos usos y hace una propuesta.

¿Cómo se ha vinculado al terreno de la terminología?

– Como profesora universitaria, era especialista en léxico y en morfología, y en un momento determinado en Cataluña, con la ley de normalización lingüística, en el inicio de la democracia, se aprobó el estatuto de autonomías y se creó una Dirección General de Política Lingüística. La Directora General de Política Lingüística tenía muy claro que si el catalán debía ser una lengua normal, debía servir para todo. Y este servir para todo abarcaba los ámbitos de las ciencias y las tecnologías. Y entonces, a partir de aquí, era obvio que para poder utilizar el catalán en estos ámbitos, el catalán debía disponer de su propia terminología. ¿Qué pasaba? Que el catalán había sido durante muchos años una lengua de comunicación coloquial, familiar, privada, pero no una lengua de comunicación formal, y en la administración, y en las universidades, por tanto en muchos casos, había que crear la terminología propia de estos ámbitos, o adaptarla. Porque oralmente el catalán se había seguido practicando también para todas las ciencias, pero una cosa es practicarla oralmente y otra cosa es practicarla en forma escrita, porque es allí donde se fijan los términos. Y por tanto, la labor terminológica que había que hacer en ese momento era empezar a rastrear cuáles eran los términos que en el discurso oral utilizaban los especialistas, o en sus comunicaciones más informales, para ver si se podían elaborar recursos terminológicos para los distintos ámbitos del saber, con la finalidad de que por ejemplo, en las universidades se pudiera dar clase de cualquier materia en catalán sin que los profesores echaran en falta una terminología propia del catalán y tuvieran que echar mano del préstamo. Y así, la Academia de la Lengua Catalana y el gobierno de Cataluña decidieron crear un centro de terminología oficial, y allí ingresé. Es decir, propusieron que yo creara este centro, lo organizara, lo dirigiera, y eso hice durante cuatro años, y cuando ya estuvo organizado, regresé de nuevo a la universidad.

¿Y hasta ese momento, entonces, cualquier referencia terminológica era del español? Es decir, se tomaban préstamos del español…

– No, porque la terminología catalana no necesariamente pasaba por el español, a veces venía directamente del inglés. Lo que no existía era una organización institucional que se cuidara de la terminología catalana. No existe todavía para el español… Existe para todas las lenguas autonómicas de España. Hay un centro de terminología para el catalán, para el vasco y para el gallego. Parece mentira pero no existe la posibilidad de llevar adelante, por el momento, un proyecto para el español.

¿Qué otros idiomas o países tienen una tradición fuerte de terminología? Podemos hablar del francés, del italiano…

– Vamos a hacer una distinción. Una cosa es una tradición fuerte de terminología. Tienen una tradición fuerte de terminología todos los países que producen conocimiento. ¿Dónde se innova en tecnología básicamente? Por tanto, en qué lengua aparecen los términos y se genera una producción fuerte de terminología. En inglés, en alemán, algo, etcétera. De una manera espontánea, por decirlo de alguna manera, también en aquellos países que tienen lenguas en situación de minoría, por ejemplo, en Québec en relación con el francés. ¿Por qué? Porque en el conjunto de Canadá, la gran mayoría de los hablantes son anglófonos, pero en la provincia de Québec, hay una mayoría francófona. Entonces, como la Constitución canadiense declara que es bilingüe, que el Estado de Canadá es bilingüe, y todo hay que producirlo o se puede producir en francés y en inglés y cualquier ciudadano puede expresarse en una de las dos lenguas, los francófonos de Québec se han preocupado desde siempre en producir recursos para el francés porque el inglés, como ya estaba acogido por la producción de conocimientos de Estados Unidos, ya poseía terminología. Ellos debieron organizarse para esto. En Francia, en el momento en que se han dado cuenta de que el francés ya no era la lengua internacional poderosa que había sido en un momento determinado, a través de la diplomacia por ejemplo, se han empezado a preocupar por la creación de términos en francés porque si no, se encontraban que sus científicos, como bebían del conocimiento producido en lengua inglesa, iban incorporando los términos al uso.

En América latina parecería haber una existencia escasa de terminología: se toman muchos “préstamos” del inglés. Y entonces se hace evidente el matiz político que debería respaldar a la lingüística…

– Efectivamente. Es que detrás de la utilización de la lengua, o detrás de los usos que hacen de la lengua todas las instituciones, todos los organismos, existe una política lingüística. Esta política puede no ser explícita. A veces, incluso, puede ser inconciente por parte de los mandatarios o los propios organismos, pero la política lingüística existe, porque si por ejemplo vamos a imaginar que tú eres un ciudadano y ves en televisión que tus dirigentes políticos, cuando dan sus conferencias las dan en inglés y tienen un intérprete al lado —vamos a imaginar que lo pasa al español, pero ellos han elegido el inglés como lengua de sus conferencias— la tendencia del hablante es a imitar lo que hace el dirigente. Y por tanto, hablarán en inglés. De la misma manera que si nosotros —vamos a imaginar— consideramos que es de buen gusto el comportamiento de la burguesía, tendremos interés en adoptar las formas de la burguesía y no otro grupo de referencia. Por ejemplo, hoy, en la educación de los chicos y las chicas hay una especie de caos, porque se han perdido los puntos de referencia, ya no se sabe cuál es el grupo a imitar. Y eso pasa también en la utilización de las lenguas.

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