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| Prensa Libre  Guatemala)

María del Rosario Molina celebra con una antología los 15 años de su columna «Horrores Idiomáticos»

Ella es la columnista más leída de esta sección. A la fecha lleva 773 artículos publicados, desde 1993. Recién publicó un libro que contiene 500 de ellos.

María del Rosario Molina: «Me he gozado cada artículo escrito»

«Durante estos 15 años he disfrutado cada uno de mis artículos, muchas veces me han sorprendido riéndome yo sola por la picardía de algo que escribí. El gozo de escribir nadie me lo quita», dice María del Rosario Molina, quien presentará su libro el lunes 18.

¿Cómo se enamoró del idioma?

Viene de mi papá, mi abuelo, mi abuelo por parte de mi madre, mis tíos, todos eran miembros de la Academia de la lengua. Siempre oí hablar bien, desde muy pequeña leí libros de buenos autores. Me gustaba escribir poesía, cuentos y ahora que ya está en prensa mi novela.

¿Cuándo y cómo surgió su columna Horrores idiomáticos?

Nació en 1993 cuando leí «deleznable», que en ese tiempo no se usaba por «canallesco», y tenía otras acepciones, así que decidí escribir una notita para María del Carmen Pellecer, que entonces dirigía la sección de Cultura (Prensa Libre, Guatemala), y me la publicó inmediatamente. Luego, a ella y a Dina García se les ocurrió que escribiera una nota semanal comentando horrores en la prensa o de localismos. Ahora ya son 15 años. Al principio sólo era gramática, pero después incluí cosas curiosas, o de autores literarios.

Su columna es una de las más leídas dentro de la sección cultural ¿Cómo se siente de ello?

Una inmensa satisfacción de saber que a la gente le interesa lo que escribo, les gusta y por eso la leen.

¿Recuerda alguna anécdota?

Muchas veces me escriben enojados conmigo diciéndome que estoy equivocada, pero lo más simpático que ha ocurrido fue haberme encontrado en Europa, en una calle de París, a un señor que me detuvo y me dijo: «Usted es María del Rosario Molina de la columna “Horrores idiomáticos”»; eso fue para mí el súmmum de la felicidad: obviamente era un guatemalteco que residía en Francia. Me escriben de todas partes: Estados Unidos, Europa y Sudamérica.

¿Cuánto le tomó revisar sus columnas antes de publicar el libro?

Fue un arduo trabajo porque Gerardo Guinea me ayudó a compaginar y enumerar el libro, pero luego yo revisé todas las columnas, iniciamos a trabajar a principios de octubre (2007) y me entregaron el libro en enero. Yo ya había revisado los artículos pero la computadora se robó en algún momento algunas parrafitos, y no me di cuenta porque la percha de papel era grandísima. Por eso hay unas fes de errata de uno u otro piojito por allí.

¿Cómo se siente que un libro sobre el idioma tenga esas fe de errata?

Me sentí más aliviada de ponerlas que si no lo hubiera hecho porque entonces sí hubiera parecido un error mío. La computadora muchas veces es mi mayor amigo pero también mi mayor enemiga. La revisión fue un trabajo difícil que hice yo sola, no se lo confié a nadie, pero se escaparon algunas cositas.

¿Cuando tiene alguna duda gramatical a quien recurre?

A nadie, la resuelvo yo solita con mis libros. Recibí estudios formales de gramática con Orlando Falla Lacayo, después con Don Salvador Aguado Andreut y desde luego con mi padre. Cuando yo empecé a escribir mi papá ya había muerto, así que no tenía a quien recurrir y me aboqué por mi cuenta a los libros.

La presentación

Horrores idiomáticos y algo más… será entregado el lunes 18, a las 18 horas, en el Club Industrial, Edificio de la Cámara de Industria, ruta 6, 9-21 zona 4. Los comentarios estarán a cargo de Francisco Pérez de Antón y Mario Roberto Morales. Entrada libre.

El libro estará a la venta días posteriores a la presentación en diversas librerías del país.

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