Noticias del español

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| Manuel González López
La Región, Galicia, España
Miércoles 8 de abril de 2009

MANUAL DE ESTILO DEL PARLAMENTO EUROPEO

Era lo que faltaba, aunque ese Manual está todavía en estudio. Es de esperar que, en su día, sea aprobado después de las elecciones para diputados del Parlamento Europeo, que, en realidad, ya están a la vuelta de la esquina. Además, la cosa no tiene una determinada urgencia. Estamos, como estuvimos hasta ahora, debidamente cubiertos sobre el particular, pues la lengua que hablamos sigue contribuyendo a definir quienes somos.


Los numerosos idiomas que hablan los 500 millones de ciudadanos y ciudadanas de la Unión Europea (UE) se distribuyen por todo el continente formando un vasto mosaico. La UE reconoce este derecho a la identidad, como no podía ser de otra manera, y promueve activamente nuestra libertad para hablar y escribir en nuestra propia lengua, mientras continúa persiguiendo su objetivo de lograr una integración más estrecha entre sus estados miembros. Ambos propósitos son complementarios, personificando el lema de la Unión: 'Unidos en la diversidad'.

Sea como fuere, la UE va más allá, animando a sus ciudadanos y ciudadanas a que aprendan lenguas. Cuantas más mejor. Lo que redunda positivamente para las personas. La movilidad del mercado laboral ayuda a crear nuevos empleos, máxime en este tiempo de grave crisis económica, y estimula el crecimiento. Por otra parte, el conocimiento de otras lenguas también promueve los contactos interculturales, la comprensión mutua y la comunicación directa entre las personas en una Unión cada vez más amplia y diversa.

Con el fin de armonizar, dentro de lo posible, el lenguaje sexista del Parlamento Europeo, este se propone aprobar un manual de estilo de acuerdo con el criterio del Grupo de Alto Nivel sobre Igualdad de Género y Diversidad de la Eurocámara, que se propone acabar, de una vez por todas, con usos, normas gramaticales y cortesías seculares e imponer la corrección política como corresponde. Coinciden los expertos de ese Grupo, con criterio cuestionable, que el lenguaje sexista tiende a implicar que uno de los sexos es superior al otro. Y así, recomienda, en sus orientaciones especificas para el idioma español, que en vez de usarse la expresión 'los gallegos', que aparentemente excluye a 'las gallegas', se emplee la más ecuménica de 'el pueblo gallego'. No está, desde luego, nada mal.

También sostienen los especialistas, avalados por el secretario general del Parlamento, Harald Romer, que el uso del masculino genérico puede producir ambigüedades y confusiones que suelen dar lugar a una falta de visibilidad de las mujeres, de ahí que 'los abogados' deba ser desplazado por perífrasis como 'a las personas que ejercen abogacía'. Los expertos buscan donde haga falta para evitar la palabra 'hombre' como referencia al conjunto del género humano y proponen sustituirlo por expresiones no excluyentes del sexo femenino como 'las personas', 'la gente', 'los seres humanos' o 'la especie humana'. Debe evitarse hablar del hombre medio en beneficio de 'las personas corrientes'. Y quien dice 'niño'. Nada de los derechos del niño, hay que hablar de los derechos de la infancia.

A más, al aludir a profesiones o cargos que hagan referencia a un sexo o se perciban como excluyentes del otro se debe optar por el universalismo. Las azafatas y los pilotos se convierten en 'el personal de vuelo', del mismo modo que las mujeres de la limpieza derivan en 'el personal de la limpieza'. En las fórmulas de tratamiento se elimina la distinción entre 'señora' —entendida como mujer casada, viuda o divorciada— y 'señorita', por sexista frente al 'señor' que no atiende a estado civil, y se encarece el término 'señora'.

También el colegio de abogados, por ejemplo, podría titularse Colegio Oficial de la Abogacía. Y no, como se ha pretendido hace ya tiempo, que se titulase colegio de abogados y abogadas. Pues eso.

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