Noticias del español

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| Eusebio Val (Washington)
La Vanguardia, 23/01/06

MAESTROS QUE HACEN LAS AMÉRICAS

La demanda de castellano en Estados Unidos atrae a centenares de profesores españoles. La mayoría de los docentes están satisfechos de la experiencia y dicen que hay más medios, pero el nivel académico es bajo.


El idioma castellano abre interesantes horizontes profesionales a los maestros españoles inquietos y con espíritu de aventura. Disponen de una buena oportunidad para hacer las Américas en versión moderna. La extraordinaria demanda de profesores nativos de español y el fuerte crecimiento demográfico convierten a Estados Unidos en un mercado en expansión para los enseñantes de la lengua de Cervantes.

En la última convocatoria del Ministerio de Educación se ofertaron más de 500 plazas en escuelas públicas de EE. UU. pero también en la provincia canadiense de Alberta. Reciben un salario bruto anual que oscila entre los 30.000 y los 70.000 dólares, según zona y titulación.

Los profesores entrevistados por La Vanguardia coincidieron en estimar positiva y enriquecedora su experiencia, aunque saben de compañeros que abandonaron al no superar el choque de filosofías educativas y el cambio de estilo de vida. Todos aseguran que trabajan muchas más horas en EE. UU., asumen más responsabilidades administrativas y soportan mayor presión de unos padres bastante exigentes. Una queja común es lo mucho que se madruga y el no tener tiempo ni posibilidad para comer a mediodía. En el apartado positivo, destacan el alarde de medios tecnológicos y un sueldo que puede ser el doble que en España.

La catalana Montse Gutiérrez Rey, casada y con un hijo de 17 años, está encantada en Houston (Texas). «Yo llegué con mis maletas –recuerda. Dejé mi casa en España con los muebles. Llevo aquí cinco años y medio y tengo otra casa. Eso no lo hubiera hecho allí ni de casualidad».

La apreciación unánime es que el nivel académico es bajo. «El sistema de España es superior al de aquí –dice Montse, que trabaja en una high school (secundaria). Son macroescuelas donde hay desde formación profesional hasta alumnos avanzados. El más torpe y el más brillante se gradúan el mismo año, pero con asignaturas distintas».

Sin ninguna connotación racista, dice que «los alumnos asiáticos y los de India son las joyas. El peor de todos es el afroamericano». Respecto a la disciplina, asegura que «tienes que ir con un fuet; si no, te comen».

La asturiana Adriana Rodríguez Seoane, de 29 años, desde hace dos años da clases de primaria en Arlington (Virginia). «Aquí lo que se quiere es que los niños participen. La memorización no se valora tanto. Importa que el niño me diga por qué, cómo, cuándo. Se les motiva un montón. Los que son un poco tímidos o que no tienen mucha seguridad en sí mismos por lo menos son un poco más felices. Se quiere que el aprendizaje sea divertido, que sea un juego. Y eso es más trabajo para el profesor».

Alicia Fuentes, que lleva siete años en una middle school (escuela intermedia) de Bethesda (Maryland), subraya la presión que hay para que los niños aprueben. «Si suspende alguien, es culpa del profesor –comenta. El nivel acaba siendo muy bajo. Enseñamos para que pasen». «Lo que ocurre es que los niños salen muy motivados para aprender una cosa, que es lo que pasa aquí. El que es ingeniero sabe mucho de ingeniería, pero no le preguntes en qué año fue la I Guerra Mundial. Lo bueno es que saben hablaren público, investigar por internet, trabajar en grupo y tienen habilidad de negociación».

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