Noticias del español

| | | |

| Juan Morales Agüero
www.cubaperiodistas.cu, Cuba
Martes, 22 de Junio de 2010

LOS SIETE PECADOS CAPITALES DEL PERIODISMO

La conquista de la excelencia en el ejercicio periodístico no solo es tema recurrente en las redacciones de los medios informativos. También exhibe su añoranza en cuanto evento profesional se celebra en el mundo. Es un apremio que no puede concederse respiro. Por fortuna, la irrupción de las nuevas tecnologías amenaza con barrer cuanto convencionalismo halle a su paso.


Recientemente la Fundación San Millán y la Fundación del Español Urgente convocaron a periodistas y lingüistas para debatir la responsabilidad de la prensa en el uso correcto de la lengua. Entre los aportes del foro, me interesó el de Isaías Lafuente, reportero de la cadena española Ser, quien, rememorando el catecismo, se inventó los siete pecados capitales del periodismo. Son:

La envidia: Consiste en incorporar a nuestro discurso ideas ajenas que, por su factura u originalidad, nos parecen geniales. Esto se consuma a partir del autoconvencimiento de que «a mí también se me había ocurrido, aunque nunca se me ocurrido publicarlo». Se recomienda no caer en semejante tentación.

La gula: Consiste en «comernos» signos de puntuación y «devorar» artículos. En la prensa escrita mundial se encuentra uno con párrafos de una sola oración, como si sus autores hubieran proscrito los puntos y seguido e, incluso, las comas. Se obvian artículos, como en el caso de Habana por La Habana.

La avaricia: Consiste en acumular palabras innecesarias. Es uno de los grandes males del periodismo contemporáneo. Este «pecado» crea vicios del lenguaje como las redundancias y los pleonasmos. Así, leemos planes futuros, como si los planes no tuvieran en el futuro su momento de realización.

La lujuria: El coqueteo y el flirt incontrolables con términos procedentes de otros idiomas constituyen una debilidad casi carnal del ejercicio contemporáneo del periodismo. En una lengua tan exuberante y variada como el español, no hay necesidad de incurrir a ultranza en este censurable «pecado».

La soberbia: No existe peligro superior en la profesión que creerse infalible. Quien por tal se tenga verá siempre pender sobre su testa la Espada de Damocles, porque, ante la duda sobre un dato, no preguntará ni precisará, y ahí mismo sobrevendrá el error, que, en el periodismo, se hace público.

La pereza: Repetir ideas y conceptos sin la más mínima originalidad y elaborar titulares aburridos y sin capacidad de sugerencia. Incurre en este «pecado» todo aquel que tome asiento ante la pantalla de una computadora a escribir perogrulladas, sin intentar primero hacer algo estilísticamente diferente.

La ira: Es la que suele provocar, inexorablemente, en los lectores los textos periodísticos escritos con mediocridad y las agresiones a las normas básicas de nuestro idioma. A ellos no se les puede pasar gato por liebre. Son capaces de detectar nuestras insuficiencias y de condenarnos luego al ostracismo.

Lafuente agrega a su singular lista de transgresiones un octavo «pecado»: La ignorancia. Es, a todas luces, un lastre a la hora de conferirle hondura a las ideas. Y otro peor: La doble ignorancia, cuando ignoramos que somos ignorantes, y entonces pensamos que somos el centro mismo del universo.

Me gustó la creación de Lafuente. Toca zonas álgidas del ejercicio profesional. Los defectos que arrastra el periodismo contemporáneo son, en buena medida, subjetivos. Su solución depende del compromiso que seamos capaces de contraer.

Y de tener en cuenta, en primerísimo lugar, a quienes nos leen. Porque, como dijo el gran periodista argentino Tomás Eloy Blanco, «… si los lectores no encuentran todos los días, en los periódicos que leen, una crónica, una sola crónica, que los hipnotice tanto como para que lleguen tarde a sus trabajos o como para que se les queme el pan en la tostadora del desayuno, entonces no tendremos por qué echarles la culpa a la televisión o a Internet de los eventuales fracasos, sino a nuestra propia falta de fe en su inteligencia».

¡Hola!

¿Has buscado tu consulta?

Si no la encuentras, rellena nuestro formulario: