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| Rocío Heredia
lavozdigital.es, España
Viernes, 29 de febrero del 2008

LOS PROFESORES UNIVERSITARIOS DETECTAN UN PEOR USO DE LA ORTOGRAFÍA EN LOS ÚLTIMOS AÑOS

Los docentes aseguran que la influencia de internet y el escaso interés por la lectura han deteriorado la capacidad de expresión de los alumnos.


La generalización en el uso de internet y de los mensajes de teléfono ha popularizado un tipo de lenguaje marcado por las limitaciones de tiempo y espacio, y en el que la economía juega un papel fundamental. Cuando se dispone sólo de cien caracteres para explicar una idea se tiende a eliminar todo lo que sobra. Desaparecen las -h, las -s e incluso algunas vocales, y lo que pudiera parecer un texto críptico resulta perfectamente comprensible para los usuarios habituales de sms, messenger y chat.

Las consecuencias de esa desvirtuación, en principio inofensiva del lenguaje, ya se están apreciando en la Universidad de Cádiz (UCA), donde el número de faltas de ortografía que cometen los estudiantes ha aumentado considerablemente en los últimos diez años. Según los profesores, no existen distinciones entre los alumnos de Humanidades y los de carreras de Ciencias o técnicas. El problema es el mismo en todas las titulaciones.

Lo habitual es que las faltas aparezcan en exámenes o ejercicios de clase, donde el alumno escribe contrarreloj soportando la presión de los nervios, y a menudo se olvida de la expresión para centrarse en el contenido. La confusión de -b y -v, de -c y -z, la supresión de la -h y el uso incorrecto de los signos de puntuación son algunos de los errores que aparecen con mayor frecuencia.

En los trabajos de casa los alumnos procuran esmerarse más, utilizan las herramientas de corrección ortográfica que ofrecen muchos programas informáticos, y es más difícil que cometan fallos.

«Hoy en día se lee mucho menos y lo poco que se lee viene de internet, son lecturas de poco calado y sin pretensiones literarias. Además, los mensajes de móviles, los chats y el correo electrónico se escriben con descuido total en la redacción y eso se refleja en clase, tanto en los exámenes como en los trabajos», expone Javier de Cos, profesor de Lengua Española en la Facultad de Filología.

Mayor tolerancia

La tolerancia con que se tratan en Primaria, Secundaria y Bachillerato las faltas de ortografía es otra de las razones que los docentes aducen para explicar este fenómeno. Según indica Javier Pérez, director del departamento de Matemáticas de la UCA, «el rigor con que se miran los fallos ortográficos ha disminuido» en las enseñanzas básicas y «eso influye en que los alumnos presenten deficiencias clamorosas».

Pablo Tornero, profesor que el pasado cuatrimestre impartió la asignatura de Lengua en el segundo ciclo de Publicidad y Relaciones Públicas está de acuerdo con que éste «es un problema que se origina en la enseñanza media y cuando llegan a la Universidad los niños no están acostumbrados a leer ni escribir».

De hecho, el último informe Pisa, que analiza la educación en España y otros países de la OCDE, señala que Andalucía es la única comunidad del país que está por debajo de la media en asignaturas clave como Matemáticas, Ciencias y Lengua.

Sin embargo, los profesores insisten en que «no hay que llevarse las manos a la cabeza» porque, pese a haberse extendido, aún no es un problema generalizado. Donde se ha apreciado una evolución más negativa ha sido en la redacción, porque la mayoría de los universitarios tienen problemas para formar periodos complejos a partir de oraciones subordinadas, según subraya De Cos, quien asegura que esta circunstancia afecta a alumnos de todos los cursos y de carreras de Letras, a los que se les presupone un mayor conocimiento del lenguaje.

Origen en Secundaria

«En Secundaria no se trabaja la Lengua como antes, por el cambio en la legislación, y se le ha restado importancia a la memorización. Antes se hacían dictados y ya no. Es una rémora con la que va cargando el alumno el resto de su vida», según De Cos.

Derivado de la falta de lectura surge el problema de la comprensión escrita. Según este profesor, muchos de los alumnos que suspenden un examen ni siquiera entienden los enunciados de las preguntas.

Los profesionales coinciden en que la Universidad no es el lugar para aprender a escribir pero carecen de un criterio uniforme de corrección, de modo que cada uno establece en su clase dónde está el límite de lo aceptable, y lo único que pueden hacer es recomendar a sus alumnos que lean libros y periódicos y que presten mayor atención a la escritura. «Lo ideal sería que viniesen con la formación adecuada —concluye De Cos—, pero no es así y se hace lo que se puede».

Tampoco ayuda el hecho de que muchos de los exámenes que se realizan en la Universidad sean tipo test, según reconoció Pablo Tornero. «Yo me he dedicado a hacer que escriban, a ponerles dificultades para que tengan que pensar qué es lo que escriben y cómo lo escriben, ese tipo de tareas», indicó este docente, quien destacó la importancia de la Lengua en todas las titulaciones pero especialmente en una carrera como Publicidad y Relaciones Públicas, donde los alumnos «van a trabajar muchas veces con textos y necesitan dominar el lenguaje».

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