Noticias del español

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| Óscar Enrique Ornelas
El Financiero (México)
Jueves, 9 de marzo del 2006

«LOS POLÍTICOS SE HAN GANADO A PULSO EL TROFEO DEL MAL DECIR»

Federico Arana: 1001 puñaladas a la lengua de Cervantes.


Un sinnúmero de figuras públicas deforman todos los días el idioma español. La población recoge los dislates y los transmite de boca en boca. ¿Qué hacer ante el influjo de esta muy efectiva secretaría de educación publica? Federico Arana propone defender el idioma en su nuevo libro intitulado 1001 puñaladas a la lengua de Cervantes (Grijalbo).


Sintoniza usted una estación radiofónica y aparece el omnipresente noticiario. Dice la reportera o reportero: «Enmarcado en el marco de lo que es la gira del presidente Fox en lo que es el río Bravo, el presidente dijo en el marco de lo que es su discurso…» Demasiadas palabras huecas para decir tan poco. ¿Se trata de una obligación contractual que imponen las empresas radiofónicas a sus reporteros con el siniestro propósito de confundir a la población o estamos ante un grave, y tal vez irreversible, deterioro del idioma?

-Yo creo que está bien que la gente atropelle la lengua, pero me parece que ya se están pasando -dice en entrevista Federico Arana, amparado en sus tres décadas de maestro de biología en el CCH-. Prendo la televisión o la radio y es un horror. A lo mejor me fijo mucho en la forma porque el fondo ya es imposible.

A diferencia de algunos académicos, Arana piensa que la lengua no se defiende por sí misma. Hay que parar las puñaladas traperas.

-La palabra «crucial», por ejemplo, es un anglicismo aunque parece que sí encaja dentro de las raíces de la lengua -comenta Arana-. O esa otra por la que me autocritico: «evidencias», en lugar de «pruebas». Estamos tan sometidos a esto, y le entramos tan gozosamente la mayor parte de los mexicanos a la cursilería de agringarnos, que es muy difícil quedar a salvo. No es un afán policiaco el que me guía en mi libro, pero es necesario estar diciendo a cada rato: «Este cuate la regó, esto es así.» En el momento en que te descuidas, prevalece la ley del mínimo esfuerzo. No hay nada tan fácil como decir: «Qué padre está esto» o «qué mala onda eres».

¿Cuál es la peor estación de radio del Valle de México en cuanto a uso del idioma?

-Las peores me las ha recomendado mi editor, Ariel Rosales, pero nunca tuve estómago para escucharlas.

¿Tiene remedio la situación de deterioro del idioma?

-No me hago ilusiones. Me duele muchísimo. Lo digo en serio. La idea de que se pierdan los clásicos del idioma ya es dura. Pero me temo que mis alumnos del Colegio de Ciencias y Humanidades de la UNAM [leer la columna adjunta] ya no son capaces de entender siquiera la «literatura de la onda», a autores como José Agustín.

¿Se debe al «poder destructivo de los medios», según enuncia usted en el primer artículo de su Manifiesto Linguologista que aparece al final del libro?

-Creo que deberían sancionarse todas esas barrabasadas de los medios. La divulgación es muy importante. Por ejemplo, eso que te dicen ahora: «Oiga, de favor», es algo que decía gente de muy bajos estratos sociales. Hoy lo dice todo el mundo. ¿Por qué? Porque lo dicen en la televisión. No creo que los medios hayan inventado nada, pero absorben todo lo malo. Lo mismo pasa con los políticos. Se han ganado a pulso el trofeo del mal decir.

-Fox dice «dinosauro». Nadie se lo toma a mal.

-Dice lo que sea. Y entre más pretenciosos son los políticos, peor hablan. Ahí tienes el caso del derrotado Santiago Creel. ¿De dónde emanó este tipo?

¿Qué sucede en España, país que usted conoce bien, Federico?

-España se está acercando mucho a México. Lo divertido es que allá dicen que en Colombia se habla muy buen español. Incluso he oído a españoles decir lo mismo de México. Yo creo que lo dicen porque les suena un poco a literatura del Siglo de Oro por los arcaísmos. Pero oyes una entrevista que le hacen a un viandante en España y la comparas con la que le hacen a un mexicano, y la diferencia es atroz. El mexicano no se sabe expresar. El argentino, en cambio, que habla un español putrefacto, tiene fluidez al hablar. Posiblemente la cosa va por el lado de la cultura.

-Una locutora de Televisa preguntó a los miembros de un grupo de rock español que cuál «melodía» iban a tocar. El vocero del grupo respondió que ellos trabajaban principalmente con armonías; no usaban melodía. La mujer se quedó con la boca abierta. Simplemente no entendió.

-Hay una diferencia de instrucción. Pero también parece que existe una voluntad de destruir la lengua. Si yo vengo de España y no hablo del «mogollón» y de ser «un hortera», parece que fui a perder el tiempo. Si no adopto los anglicismos, se piensa que soy un paleto. Año con año empeora la manera de hablar de los españoles. Entre la gente leyente y pensante todavía se mantiene una cierta solvencia en el uso de las palabras. El problema radica en esa postura populista según la cual lo que la gente habla es lo que está bien.

-Los nuevos diccionarios de la Real Academia han hecho bastantes concesiones. Víctor García de la Concha, director de la Academia, no tuvo empacho en admitirlo en una entrevista que le hicimos para este diario.

-Yo entiendo a la Real Academia Española. Debe de estar sometida a una presión terrible. Por un lado, al gobierno español le preocupa que al idioma le suceda lo mismo que al portugués. Actualmente los pobres portugueses tienen que traducir sus películas al brasileño. Por otro, los académicos latinoamericanos hacen valer su número. Y está bien que en México se diga «mecate» en lugar de «cordel». Lo que ya no está bien es que cometan salvajadas. Hay unas muy peligrosas, como el uso de palabras que en español significan otra cosa. Un ejemplo es «socializar». Los niños tienen que «socializar». Lo sacaron del inglés socialize. «Versátil», que significaba inconstante, ahora se entiende como polivalente. «Lívido», que originalmente significaba amoratado, ahora se acepta como pálido. El caso más grave es «álgido». Se entiende como un momento «caliente», cuando es lo contrario.

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