Noticias del español

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| Antonio Astorga
ABC, Madrid (España)
Lunes, 22 de octubre del 2007

«LOS POLÍTICOS HAN COLABORADO INTENSAMENTE EN FALSEAR LA LENGUA»

Los periodistas solemos estar «a la que salta», pero hay un sabio prodigioso que siempre está atento a lo que pueda saltar, y a él nos encomendamos: Gregorio Salvador, vicedirector de la Real Academia Española.


Tras ilustrarnos con Noticias del Reino de Cervantes, quiere Estar a la que salte (Espasa), su amena y nueva obra. Excelso articulista (premio Cavia, González-Ruano, Pemán, Mesonero Romanos), Salvador alerta sobre el juego interesado de políticos —y especies similares— que establecen significados únicos para ciertas palabras, «las sacralizan y, si a mano viene, las convierten en salvoconducto de la estereotipada corrección política». Ejemplo: tolerancia: «¿Cómo no se puede ser intolerante? ¿Cómo no va a ser uno intolerante con el asesinato? ¿Qué tolerancia cero o cáscaras? ¡Intolerancia absoluta!».

Bascas gramaticales

Sostiene Salvador que vivimos en una época de «remilgos lingüísticos», y se refiere a la estúpida incorrección lingüística del «para todos y todas», «los madrileños y las madrileñas», «los vascos y las vascas», matraca «políticamente correcta» que tuvo a don Gregorio sumido en bascas gramaticales. ¿La estupidez siempre resulta dañina, a la corta o la larga? Asiente el sabio: «La estupidez engendra toda una serie de monstruos estúpidos, y hay una tendencia: a partir de esa estupidez se va a la maldad».

¿En qué educación cree el lingüista? «Lo que debe ser fundamentalmente la educación es instrucción —responde, tajante—. Hay que instruir sobre el comportamiento, pero la gente está desesperada, esperando cumplir la edad mínima para retirarse y perder de vista esa jauría de incompetentes, zafios, groseos y violentos con los que no se puede hacer nada. La enseñanza se empezó a deshacer cuando inventaron lo de adelantar la jubilación a los 65 años. Entonces descabezaron la Universidad».

«Estamos formando unas generaciones con escasez de conocimientos, y falta de modales», advierte el notario mayor del Reino lingüístico de Cervantes, que nos ilustra sobre Paces hediondas: «Llevamos no sé cuánto tiempo oyendo hablar de paz, de proceso de paz, dale que te pego, sin que nos quieran dejar en paz, que sería lo deseable. Y como, para empezar, no estábamos en guerra, por lo menos de nuestro lado, uno se pregunta qué hay detrás de tal proyecto, aparte «el ansia infinita de paz» que se proclama y que, enunciada así, solo nos lleva a imaginar, orlada de cipreses, la descansada paz de los cementerios, a la que tan denodadamente ha colaborado, en nuestro tiempo, la otra parte que tiene voz en el proceso». Y concluye que la paz no es darle «igualdad de resultados» al que está agrediendo.

Y encima de esas paces hediondas y de pactos con bandas de malhechores está «lo de la memoria histórica». Se indigna don Gregorio, a quien el comienzo de la incivil y fratricida guerra entre españoles le partió el alma con nueve años: «A los 12 años yo tenía una madurez de adulto, y un gran desprecio a aquellos mayores que habían hecho todo aquello porque me parecía espantoso. La mayor parte de la gente que padeció de una manera más directa la Guerra Civil está en un geriátrico, o en el cementerio desde hace tiempo. Es demencial resucitar esa cuestión». «¿Qué memoria puede haber sin conocimiento? -se pregunta-. Y de paces no parece saberse mucho, empezando por los llamados pacifistas, ya sean de plaza y pancarta o de tertulia y salón».

Si ayer Gregorio Salvador le cerraba las fauces a un depredador «Las palabras —le dijo— se gobiernan a sí mismas, porque las gobiernan quienes las crean y quienes las hablan», hoy no se cansa de denunciar que «los políticos siempre han colaborado intensamente en falsear la lengua». ¿Qué siente cuando ve que el español sigue siendo la única lengua materna que no puede aprenderse en las escuelas de las Autonomías con lengua particular? «Sensación de derrota —confiesa—. Es vergonzoso que no se cumpla la Constitución. El español es la lengua común en la que se han entendido siempre todas las gentes de la Península Ibérica». Y por eso no entiende el afán de los separatismos por «sentirse colonizados», cuando «toda la Península Ibérica ha estado fundamentalmente colonizada por vascos. Tómese una lista y ábrase por cualquier pueblo, siempre hay apellidos vascos. Y ahí están los de Iribarne, Aguirre, Olarte, Ybarra, presidentes autonómicos con apellidos vascos. ¿Quién ha colonizado a quién?»

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