Noticias del español

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| Magí Camps
lavanguardia.es, España
Sábado, 5 de junio del 2010

LOS PERIODISTAS ¿SON MAESTROS DE LA LENGUA?

El seminario de la Fundéu-BBVA en San Millán alerta sobre el empobrecimiento del lenguaje en los medios de comunicación.


En literatura se denomina protagonista ausente. Belén Esteban protagonizó, sin comerlo ni beberlo, una de las sesiones de más enjundia de las jornadas «Los periodistas, ¿maestros del español?». Organizadas por la Fundación San Millán y la Fundéu-BBVA, periodistas y lingüistas debatieron sobre la responsabilidad de los periodistas como modelos en el uso de la lengua.

Muchos lectores de La Vanguardia se enorgullecen de haber aprendido a leer con este diario. A leer les enseñaron en la escuela, claro; a lo que se refieren es a comprender y disfrutar de la lectura. Tienen, pues, los periodistas una alta responsabilidad y, sin pretenderlo, se han convertido en la referencia lingüística para la mayor parte de la sociedad. En este sentido, el presidente de La Rioja, Pedro Sanz, apuntó que «los escritores más respetados se guían por lo que oyen en los medios de comunicación».

Manuel Vicent inaugura las jornadas

En la lección inaugural de las jornadas emilianenses, Manuel Vicent destacó que «el verbo será el rey, analógico o virtual, si nace del pensamiento». Para el escritor valenciano, «el periodismo está en el centro de la batalla de la información y la voluntad de estilo». En los tiempos actuales, «la noticia se ha convertido en una mercancía más». «La sobreinformación es la forma más moderna de estar desinformado», por ello —concluyó Vicent— «habrá que luchar para sentirse bien informado, para sentirse vivo».

La princesa de Asturias inauguró el martes el seminario conminando a los periodistas a reflexionar sobre su responsabilidad en el uso de la lengua. «La claridad en el lenguaje garantiza la claridad en la información», porque «el periodista que cuida las palabras será cuidadoso con la información», afirmó doña Letizia. El director de la Real Academia Española, Víctor García de la Concha, definió el encuentro de San Millán de la Cogolla como «un seminario bifronte, entre periodismo y literatura».

El presidente de Efe, Álex Grijelmo, refirió que «es imposible respetar a los demás si no conocemos y respetamos las palabras que utilizamos». Y Ángel Cano, consejero delegado del BBVA, señaló las tres tendencias que, a su modo de ver, descuidan o perjudican el uso del idioma: «la era virtual, la globalización y la vulgarización del lenguaje en algunos medios, como la televisión».

Los siete pecados capitales del periodismo

Isaías Lafuente, de la cadena Ser, rememorando el catecismo, refirió los siete pecados capitales de los periodistas, añadiendo un octavo: la ignorancia. Y aún peor, «la doble ignorancia: ignorar que somos ignorantes». El pecado de la envidia consiste en copiar algo que nos parece genial y repetirlo sin analizarlo. «Hace seis décadas que el portero 'está bajo los palos', cuando en realidad está bajo un solo palo o bien 'entre los palos'».

El pecado de gula consiste en «comernos los signos de puntuación, emplear un mismo verbo donde antes empleábamos diez (son los verbos comodín, como realizar, apostar, comentar…) y devorar los artículos ('en Moncloa' en lugar de 'en la Moncloa')». La avaricia es el pecado «contrario al anterior, consistente en acumular palabras innecesarias», creando redundancias y pleonasmos: Hacienda pública, planes de futuro…

Para Lafuente, la lujuria es «coquetear con palabras de otras lenguas» y la soberbia es «creernos infalibles, maestros de la palabra». Aún la pereza: asumir el lenguaje de ETA y hacerlo propio sin cuestionarlo ('acciones' en lugar de 'atentados', 'lucha armada' en lugar de 'guerra'), y otros eufemismos como 'daños colaterales', 'ingeniería financiera' o 'copago sanitario', que en realidad es un 'sobrepago', porque la sanidad pública también la pagamos los ciudadanos con nuestros impuestos.

Y el séptimo, la ira, que es «lo que provocamos en nuestros lectores cada vez que destrozamos nuestro lenguaje».

Lectores de baja intensidad

El periodista y académico colombiano Daniel Samper jugó con el título de las jornadas añadiendo interrogantes y comillas a lo de «maestros del español», y en las sucesivas mesas redondas, los participantes coincidieron en la necesidad perentoria de que el periodista tenga un buen conocimiento de la lengua y haga un buen uso de ella. Jorge Fernández, de La Nación de Buenos Aires, denunció el dominio de los lenguajes audiovisuales, que crea lectores de baja intensidad: «Algunos quieren ser periodistas y ni siquiera leen periódicos». Pero Mario Tascón, especialista en los medios de ámbito digital, defendió la democratización de las publicaciones gracias a la red, que define la nueva triangulación de la información: periodistas-máquinas-usuarios.

El periodista y ensayista José Javier Muñoz puso el énfasis en la cada vez más frecuente confusión entre información, opinión y propaganda, por los intereses económicos y políticos de los grupos de comunicación. Y todo ello desembocó en la mesa redonda estrella, la que debatió sobre la prensa rosa. Allí fue Belén Esteban quien, sin haber pisado San Millán de la Cogolla, se arrogó el protagonismo.

Belén Esteban se cuela en San Millán

La periodista María Eugenia Yagüe se mostró pesimista porque aunque «la prensa del corazón ha de ser igual que cualquier tipo de información», en las tertulias del corazón se llega a «atentar contra los pilares del Estado» al cuestionar la justicia con juicios paralelos e ignorando la presunción de inocencia. Yagüe consideró la clase política «de poca categoría», reflejo de la «ignorancia absoluta» del país. Y lo peor es que, en tiempos de crisis, las audiencias mandan y «se impone el todo vale».

Otro problema es «la participación de iletrados» en la mayoría de los programas de telerrealidad, añadió la columnista Beatriz Cortázar, quien afirmó que «antes los logros precedían a la fama y ahora esta llega sólo apareciendo en los medios». Con ello, «la palabra llega a las grandes superficies, con ofertas y descuentos». Ahí reside el desprestigio de la lengua en los medios, porque «que no haya gritos u ordinariez resulta más laborioso».

Para combatir esta «vulgarización democrática de la comunicación» sólo vale «la persuasión y la educación», en palabras de Josep Playà, periodista de La Vanguardia. Se da la paradoja de que vivimos en una sociedad donde «no hay papeles para todos pero sí altavoces para todos», consideró Playà. En palabras de Ester Brenes, de la Universidad de Sevilla, se trata de la «descortesía mediático-lúdica».

Para Maria Ganzabal, de la Universidad del País Vasco, la prensa del corazón «de alta gama» es tan correcta y necesaria como el resto de la prensa, pero tiene un defecto que debería superar: el enfoque de género. Según Ganzabal, en entrevistas y reportajes se repiten y se consolidan los estereotipos sexistas y se presenta a la mujer a través del prisma de la relación con su marido.

Los hablantes crean las palabras

Ante la afirmación de que «tenemos los programas de televisión que nos merecemos», uno no puede dejar de pensar en que «la princesa del pueblo» de los británicos fue lady Di, mientras que la de los españoles es Belén Esteban. En la tercera mesa, Esteban se fue a descansar y los periodistas reflexionaron sobre los neologismos, que viajan de los hablantes hacia el diccionario, «de abajo para arriba y no al revés», en palabras de Teresa Cabré, de la UPF, quien señaló que la entrada de neologismos explícitos (mouse) o camuflados (ratón) constatan el pobre vigor interno del español.

Susana Guerrero, de la Universidad de Málaga, radiografió el sufijo —azo, que resulta muy productivo para los periodistas, tanto en sentido positivo (golazo, partidazo, porterazo), como negativo (decretazo, tijeretazo). Justamente el tijeretazo es el tercer estadio que ha registrado la prensa económica en las tres últimas semanas, según ha observado Josefa Gómez de Enterría, de la Universidad de Alcalá: los periodistas empezaron informando del ajuste, siguió el recorte y se acabó con el tijeretazo.

Humberto Hernández, de la Universidad de La Laguna, consideró de gran valor los espacios de difusión lingüística que existen en numerosos medios. Por su parte, el siempre didáctico Leonardo Gómez Torrego explicó que en la elaboración de la normativa académica «se ha pasado del criterio de autoridad» (si lo empleaba Cervantes o Quevedo, por ejemplo) «al criterio de uso general o extendido», para lo que se emplea la prensa escrita. Pero no hay que olvidar que «la prensa escrita es el dinosaurio del periodismo», en palabras de Joaquín Müller, director de la Fundéu.

La prensa escrita es, pues, la élite del periodismo y, como tal, no sólo debe hacer un buen uso del lenguaje, sino que se ha convertido en su deber en las sociedades cultas. Cometido que resumió Humberto Castelló, de El Nuevo Herald de Miami, con estas palabras: «La credibilidad y el prestigio de los periódicos es inseparable de la calidad y el respeto por la lengua».

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