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| Susana Gaviña
abc.es, España
Lunes, 28 de abril del 2008

«LOS NOVELISTAS TRATAMOS LA LENGUA CON MÁS ATREVIMIENTO»

Javier Marías se toma con cierta naturalidad su ingreso en la Real Academia Española para ocupar el sillón R, vacante tras el fallecimiento de Fernando Lázaro Carreter: «Más que un buen o mal trago, la sensación que tengo, en todo caso, es como de prueba, y una vez pasada la ceremonía, con su solemnidad, me pondré a ver el funcionamiento de la Academia. Es algo que me interesa mucho», explica a ABC en conversación telefónica.


También es cierto que la institución no le resulta del todo ajena al autor de Corazón tan blanco o Mañana en la batalla piensa en mí, pues su padre, Julián Marías, perteneció a ella durante cuatro décadas. «Pero yo era muy joven, tenía 13 o 14 años cuando ingresó y él no comentaba muchas cosas en casa sobre el funcionamiento, sólo cuando se llevaba algún berrinche si no salía elegidio alguien a quien admiraba».

Ha titulado su discurso de ingreso «La dificultad de contar», ¿a qué se refiere?

-Habla sobre la imposibilidad de contar lo sucedido. Lo último que se puede contar cabalmente, sin contradiccion, es aquello que no ha sucedido. En cambio contar los hechos, contar la historia es prácticamente imposible.

En él hace un encedido elogio a Lázaro Carreter, director de la Academia en dos ocasiones y responsable de su modernización…

-Ése fue sólo uno de sus méritos. La sacó de una especie de sesteo, la dotó de más medios…. Aparte, su obra escrita, docente y periodística, sus artículos, ha sido importantísima, consiguiendo con textos como El dardo en la palabra una verdadera proeza, que un público muy amplio se interesara por algo que en principio parecía árido, la lengua.

¿Qué puede aportar un novelista a la Academia?

-Tenemos la ventaja de que tratamos la lengua con menos reverencia que los lingüistas, no quiere decir esto que incurramos en barbarismos, procuramos no hacerlo, pero tenemos una idea de la lengua diferente, la tratamos con más atrevimiento, y al mismo tiempo podemos enriquecerla bastante. Tenemos suficiente capacidad de inventiva para la creación de palabras que no suelen estar mucho en el habla. Y por eso está muy bien que haya creadores en la institución, poetas, dramaturgos…

En su discurso se muestra muy pesimista sobre el uso cotidiano del lenguaje en nuestros días, una decadencia que ya denunció Ortega y Gasset, que llegó a decir que la lengua era «un chiste».

-La lengua que se habla en general en España, y en los medios de comunicación, que tienen una gran responsabilidad, más que un chiste es un verdadero desastre. Antiguamente las personas, independientemente de su nivel cultural, hablaban con bastante propiedad y con posesión de la lengua. La gente tenía el dominio de ella, con mayor o menor léxico. Ahora tengo la sensación de que sucede a la inversa y que la lengua es como un magma en el que los hablantes flotan, y probablemente están a punto de ahogarse. Y eso me parece muy grave.

¿Cómo se la puede salvar?

-Tiene mal arreglo. Desde mi papel como traductor de lengua inglesa, estoy harto de ver películas subtituladas en las que no sólo me encuentro con malas traducciones, que las hay a montones tanto en las películas como en los libros, sino que me encuentro con diálogos que originalmente dicen «estás de broma» y se traduce «estás de coña», o «no me fastidies», sin connotación grosera, por «no me jodas». Eso es un afeamiento, y da la impresión de que hay que hablar así. Eso, además de los latiguillos espantosos de la prensa, o, sin ir más lejos, la declaraciones realizadas hace unos días por una ministra que decía que «asumía su cargo en primera persona», algo que parece que se ha puesto de moda. En primera persona sólo se puede contar. Que una ministra diga esto es algo que resulta llamativo. Desde la gente que debería usar un lenguaje correcto, a la gente normal, se habla muy mal, y muchas veces la causa es un exceso de pomposidad.

Seguidor del Madrid, se va a perder su posible coronación como campeón de liga…

-Casi estoy por desear que no la gane el domingo porque la Academia está muy cerca de la Cibeles, y después del acto hay un pequeño cocktail y sería un problema. Espero que la gané la próxima semana. (Se ríe).

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