Noticias del español

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| Efraín Osorio
La Patria, Colombia
Martes, 4 de noviembre del 2008

LOS NIÑOS, MANDAR A, INTERSECCIÓN, PARALÍMPICO

Aquella manera de expresarse —'los niños y las niñas', 'los (las) niños (as)', l@s niñ@s— (…) es un lenguaje farragoso, traicionero, nocivo e inútil. Y una solemne majadería.


Sería para mí irresistible. Un bocado de cardenal. Su titular, «Los niños cuentan», no tiene nada de reprochable. Pero sí el texto: en la columna de la izquierda, el redactor se refiere siempre a 'los niños y niñas': «…es una excelente noticia para los niños y niñas colombianas…»; «…a las ingentes necesidades de las niñas y niños de Colombia»; «…de la situación que viven los niños y niñas de sus jurisdicciones».

Pero, cansado tal vez de la estupidez de su redacción, en la columna de la derecha el mismo autor habla sólo, castizamente, de 'los niños', como en el titular y en las siguientes oraciones: «… dice mucho del grado de desatención a que las políticas para niños y adolescentes están sometidas»; «Que los programas para los niños entren en las agendas de los gobernantes…»; «Apelar a la austeridad para golpear los derechos de los niños es inaceptable como criterio de asignación»; «Los niños, sus padres, las escuelas…». Aquella manera de expresarse por escrito —'los niños y las niñas', los (las) niños (as), l@s niñ@s—, llamada por quienes la siguen «lenguaje incluyente», es 'farragosa, traicionera, nociva e inútil'.

'Farragosa', porque la inclusión del respectivo término femenino —'los amigos y las amigas', por ejemplo— hace que la prosa se vuelva recargada, confusa y pesada. 'Traicionera', puesto que es una trampa en la que se cae con mucha facilidad e inadvertidamente, como le sucedió al editorialista, quien olvidó, no sólo perseverar en tan absurdo modo de redactar, sino escribir 'los colombianos y las colombianas' en esta frase: «… muy desconocido para la inmensa mayoría de los colombianos». 'Nociva', ya que convierte una prosa literaria en un modelo de cómo no se debe escribir. E 'inútil', porque es redundante: cuando decimos 'los niños colombianos' nos referimos también a 'las niñas de este país'. Esto lo he comentado antes. Hoy añado que ese «lenguaje incluyente» no es otra cosa que una solemne majadería.

Gustavo Petro, además de su chanfaina como senador de la República, tiene ahora la de guachimán, como lo informó LA PATRIA: «El senador Gustavo Petro dijo que el presidente lo mandó a vigilar» (Primera página, Lea Hoy, X-22-08). ¿Por qué, entonces, la indignación de don Gustavo? Porque no hay tal chanfaina, se trata de un error de redacción. Lo que veladamente quiso decir el señor Petro, sin argumentos contundentes, fue que el Presidente le ordenó a alguien que se le 'pusiera a la pata', vale decir, que le siguiera los pasos, que lo vigilara. Es decir, 'lo mandó vigilar'. ¿Sí ve, señor director, los estragos que causa una preposición de más?

Cada ocho días, todos los domingos, un vehículo del excelente transporte urbano de Manizales me deja debajo de una inmensa valla de Infimanizales, a la entrada de la Enea; y, cuando estoy esperando el ómnibus que me traerá de regreso al pueblo, quedo exactamente enfrente de la misma valla. Sin embargo, durante todo ese tiempo no vi el inmenso gazapo que hay en el texto, tan grande como la misma valla. Tuvo que enviarme la fotografía el señor José Gonzalo Hoyos Salazar. Vi, entonces, en letras mayúsculas, este zafiro: «CONSTRUCCIÓN INTERCEPCIÓN VIAL. VARIANTE SUR PANAMERICANA». 'Intercepción', sinónimo de 'interceptación', es, como lo define el Diccionario, «acción y efecto de interceptar», que en su tercera acepción significa 'Interrumpir una vía de comunicación', lo que, por supuesto, no es el fin de la obra que en ese lugar está ya prácticamente terminada. ¡Gracias! ¿Se tratará, entonces, de una INTERSECCIÓN, que, en geometría, es «el encuentro de dos líneas, dos superficies o dos sólidos que recíprocamente se cortan y que es, respectivamente, un punto, una línea y una superficie»? La respuesta nos la puede dar el doctor Fernando Montoya Salazar.

Al mismo señor Hoyos Salazar lo molesta la palabreja que está de moda por estos días, 'paralímpico', porque, según él, el prefijo 'para' no puede eliminar la 'o' del segundo elemento del vocablo. Y tiene razón, porque la elisión de la 'o' mutila la palabra principal, como en la conocidísima y disparatada 'teletón'. Este adjetivo proviene del inglés paralympics (Competencias deportivas que se celebran cada cuatro años, en las que compiten sólo personas discapacitadas). Según el Diccionario panhispánico de dudas, este vocablo es un acrónimo de 'para' -por 'parapléjico'- y 'lympic' -por (o)lympic). «Estos juegos —dice la fuente consultada— se llaman 'juegos paralímpicos' o 'paralimpíadas'. (…). Éstas son las denominaciones más extendidas en el uso y las más acordes con la etimología; se desaconsejan, por ello, las variantes 'para(o)límpico' y 'para(o)limpíada', creadas a posteriori a partir del prefijo de origen griego 'para-' ('junto a'), usado a menudo en la creación de voces nuevas con el significado de 'semejante a' lo designado por la palabra base». 'Paramilitar', por ejemplo.

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