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| Agencia Efe

Los monasterios de Suso y Yuso cumplen el 4 de diciembre una década como Patrimonio de la Humanidad

Los monasterios riojanos de Suso y Yuso cumplen el próximo 4 de diciembre diez años desde que fueron declarados por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad, por su riqueza arquitectónica y su importancia para la historia de España y de la lengua castellana.

El 4 de diciembre de 1997, la XXI Convención del Patrimonio Mundial de la UNESCO avaló la candidatura de los monasterios riojanos a figurar como Patrimonio de la Humanidad, junto a Las Médulas, en León, y el modernismo catalán.

Ya entonces, Yuso y Suso eran un importante centro turístico en La Rioja, además de un foco cultural, tanto en el ámbito filológico —aquí se celebró el milenario de la lengua española en 1977— como en el patrimonial.

Pero su declaración como Patrimonio de la Humanidad impulsó a ambos monasterios en todos los ámbitos de forma que diez años después estos atraen a más de 150.000 personas al año, acogen actos y congresos de relevancia internacional y son sede del principal centro español de investigación sobre la lengua española.

Así que, en pleno siglo XXI, Suso y Yuso se mantienen como un centro de peregrinación —aunque ahora son turistas de todo el mundo los que acuden a él— y también de investigación, ya que la copia de códices que se realizaba en su «scriptorium» en la Edad Media continúa ahora con el estudio de la lengua española.

El monasterio de Suso comenzó a construirse en el siglo VI, en torno a las cuevas en las que vivió san Millán, primer patrón de Castilla.

En este monasterio, donde se conservan las tumbas de los siete Infantes de Lara y de varias reinas de Navarra, puede conocerse a través de sus elementos arquitectónicos la historia medieval española, desde el periodo visigodo al románico.

Además posee dos piezas de valor incalculable, el cenotafio de San Millán, que lo representa con ropas sacerdotales visigóticas, y frente a él, un altar cristiano excavado en piedra.

En el monasterio estaba instalado un retablo medieval sobre la vida de San Millán y otras escenas religiosas —como una representación de la Epifanía sin el Rey negro—, del que hoy puede verse una copia, ya que el original está en el Museo de La Rioja.

La importancia de este monasterio es, en gran medida, simbólica, para la historia del español, ya que en él se creó en el siglo XI el «códice 60», que contiene las Glosas Emilianenses, las primeras palabras conocidas escritas en lengua romance —castellano antiguo—.

Son simples anotaciones hechas por un monje anónimo, probablemente un novicio, en el margen del libro, para «explicar» lo que él estaba copiando, dado que aunque debía escribir en latín el romance era ya la lengua común del pueblo.

En otras páginas del mismo códice, que hoy está en la Real Academia de la Historia, aparecen glosas en vascuence, que son los textos escritos en Euskera más antiguos que se conservan.

Dos siglos después de la escritura del Códice 60 se produjo otro de los «hitos» históricos de estos monasterios de la mano de Gonzalo de Berceo, el primer poeta conocido en lengua romance, con su primera obra, La vida de San Millán.

Este clérigo poeta tuvo el cargo de «notario eventual» de Yuso —el segundo de los monasterios, situado en el fondo del valle— levantado en el siglo XI y habitado desde entonces primero por benedictinos y ahora agustinos recoletos.

Por sus magnitudes el monasterio de Yuso fue conocido como «El Escorial de La Rioja» y destaca por la sucesión de estilos arquitectónicos en sus estancias, y por su biblioteca, repleta de incunables y códices medievales.

Cuenta, además, con una arqueta medieval en la que se guardan los restos de San Millán con la mayor parte de los marfiles originales de su decoración y reproducciones de otros que están repartidos por museos de Europa y Estados Unidos

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