Noticias del español

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| E. Rivera
ABC.es, España
Domingo, 2 de diciembre del 2007

LOS MIL USOS DE «CHINGAR» Y 62 FORMAS DE APOYAR LA CABEZA

«Si no hablamos correctamente nos va a llevar la chingada», advirtió el periodista Carlos Loret de Mola a los asistentes, y recordó que la Fundéu no para de «chingar» con el tema del buen uso de la lengua.


El periodista Alex Grijelmo, vicepresidente de la Fundéu, narró una misma historia de cuatro maneras distintas y metió en apuros a los jóvenes «chingones» mexicanos, que se las vieron y se las desearon para comprender el «cheli» y se rieron sin pausa con el «burocrañol», el lenguaje universal de los funcionarios. El secretario de la Academia Mexicana de la Lengua, Gonzalo Celorio, agradeció a la Real Academia Española que haya incorporado «españolismo» (giro o modo de hablar propio o privativo de la lengua española) en su Diccionario, lo que a juicio suyo es un gesto «como el retorno de las carabelas». El colombiano Daniel Samper reveló una curiosa máxima que suele aplicar en todo lo que respecta al uso del español: «Creo que el lenguaje es lo mismo que el amor, no pido pureza sino higiene», y el mexicano Juan Villoro les agradeció a los taxistas y peluqueros su perpetua vocación y sus habilidades para renovar el lenguaje que usan más de 400 millones de hispanoparlantes.

Por otro lado, la nueva editorial independiente mexicana Tumbona ha rescatado del olvido el tratado del científico y escritor alemán Georg Christoph Lichtenberg (1742-1799), y reunido en un pequeño libro las 62 maneras de apoyar la cabeza que tiene el ser humano. «Para nosotros es algo semejante al Kamasutra pero en el plano de la melancolía», explicó el editor Luigi Amara durante la presentación junto al incombustible Villoro y Antonio Ortuño. Cada postura ha sido ilustrada con caricaturas de Luis Blackaller de algún escritor o artista famoso que practica o practicó cierta posición: Octavio Paz aparece en la de «la autocomplacencia», con los dedos tocándose levemente el mentón y el codo apoyado en una mesa, y Jorge Luis Borges, en «la impaciente», con la mano haciendo de soporte bajo la barbilla y tapando ligera o completamente la boca.

También quedan definidas con todo detalle: «La meditabunda, con el pulgar de la mano derecha colocado en la sien derecha, el índice en la frente y los demás dedos recogidos sobre el ojo, como una especie de sombrilla», se detalla. Villoro tradujo hace años los aforismos del autor alemán sobre las diversas formas de apoyar la cabeza que ahora desarrolla en forma de texto Antonio Virreynas: «De las partes del cuerpo la cabeza es una de las más pesadas, la que más se tambalea sobre su eje, la que más padece por estar situada en la cima de todo y ser lo que todos sabemos que es: asiento de pesares y complicaciones», señala.

La obra original del Lichtenberg nunca se publicó. Quedó recogida en uno de sus «libros de deshecho» o, según el autor, «libros del alma» de este físico alemán que los consideraba demasiado personales para que vieran la luz. Tumbona, que nace con vocación de combinar a la vez ensayos visuales y literarios, ha ampliado el elenco de posturas hasta más de un centenar añadiendo a la obra original algunas legendarias como la de «El pensador», de Rodin.

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