Noticias del español

| | | | |

| A. Astorga
ABC, Madrid (España)
Lunes, 2 de junio del 2008

«LOS JÓVENES DESPRECIAN LA RIQUEZA VERBAL»

José María Merino abre Las puertas de lo posible (Páginas de Espuma) al relato futurista, a la fantasía gótica, a la concencia humana, a la cibernética, a la sátira, de aquí a 500 años.


Como dice al principio el profesor Souto, que hace el prólogo, en los tiempos venideros el lenguaje se empobecerá, «y ya lo estamos viendo cómo se va empobreciendo progresivamente», lamenta Merino.

Cuando él vino a estudiar a Madrid en los años 60 el lenguaje de la calle era rico, divertido, lleno de matices, «y el lenguaje ordinario se ha empobrecido muchísimo. Ahora con los móviles la gente va a acabar con un código de 25 palabras y le van a faltar la mitad de las vocales. Acabaremos hablando kiff, kaff, kloff, etc… Un lenguaje como de máquina —denuncia—.

En Japón hay unas novelas de usar y tirar que duran tres o cuatro páginas, y que luego se eliminan del móvil. Los jóvenes, muchas veces, desprecian la riqueza verbal». ¿Las palabras son seres vivos? «Estoy totalmente convencido —responde Merino—. Tenemos la idea de que las palabras son algo evanescente, que no existen. Las palabras son cosas materiales, tienen forma, peso, miden, saben, huelen, y luego están vivas. Viven, mueren y se reproducen. Y ese universo vivo está surgiendo continuamente, y desapareciendo. El lenguaje es un ecosistema. Hay que procurar no perder palabras. Se deben incorporar los neologismos necesarios si son útiles y cumplen una misión. La Real Academia Española (RA) lo que hace es permitir que esté vivo el jardín de las lenguas. Y allí habrá de todo: flores hermosas, maleza, pero quien utiliza y crea lenguaje es la sociedad».

Para José María Merino la Academia lo que «no puede ser es un guardia de la porra que diga: «No, esta palabra se suprime porque no nos gusta». La sociedad debe tomar conciencia e ir depurando su lenguaje y vocabulario. Pero no es la Academia ni el Diccionario quien crea o destruye las palabras». Prefiere Merino los arcaismos al lenguaje idiotizante porque «los hay estupendos, y a veces un lenguaje castizo tiene palabra preciosas. Hay que mantener vivas en el Diccionario palabras que pueden revivir. Ejemplo: «machiembrar» se usó en el mundo tecnológico, pero «amachambrar» —el que agarra una cosa de una manera tremendamente fuerte— recuerdo que se decía mucho de niño: «Lo amachambró y se lo llevó»».

¡Hola!

¿Has buscado tu consulta?

Si no la encuentras, rellena nuestro formulario: