Noticias del español

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| J. Ors
La Razón, Madrid
Lunes, 19 de junio del 2006

«LOS INMIGRANTES DEBERÍAN RECIBIR CURSOS DE ESPAÑOL QUE NO EXISTEN»

José Manuel Blecua, filólogo y miembro electo de la Real Academia Española.


El próximo 25 de junio leerá el discurso de ingreso en la RAE, centrado en el primer diccionario que redactó la Academia.


José Manuel Blecua no permite que el pesimismo y el desaliento calen en sus reflexiones. Catedrático de Lengua Española en la Universidad Autónoma de Barcelona, responsable, junto a Juan Alcina, de una Gramática española de clara reputación y gran éxito, y humanista comprometido con su época, Blecua rehuye de discursos apasionados que nublan el sentido común y cargan las respuestas de vehemencia. Le preocupa la educación, el fomento de la lectura y la enseñanza de las lenguas. Pero desde unas coordenadas apartadas de debates o polémicas. Internet, la inmigración y el bilingüismo son aspectos que le interensan y que no elude en la conversación. Ahora está ultimando los detalles y pormenores que conlleva la impresión. Correcciones de galeradas, postreras puntualizaciones, cabos sueltos que no terminan de atarse. Ha tardado un año en escribir el discurso que el próximo día 25 de junio leerá en la Real Academia Española. Será un acto solemne, presidido por un retrato de Cervantes en el que, seguro, reparará en algún momento, ahora que el año «Quijote», que ayudó a coordinar, ha pasado. Ocupará el sillón «h» minúscula, que dejó vacante el fallecimiento de Emilio Lorenzo. Y las palabras que dirigirá a este auditorio se centrarán en el primer diccionario que publicó la RAE en el siglo XVIII. Un análisis sobre las trabas y problemas que tuvieron que afrontar los académicos cuando acometieron una tarea que todavía hoy sigue renovándose. Pero esto sólo es el pretexto para abordar problemas de más hondo calado.

Terminaron los fastos y celebraciones de la publicación de la primera parte de El Quijote. ¿Y ahora?

—Ahora hay que fomentar la lectura. Pero eso exige una base teórica y unos profesores que enseñen a leer. Para formentarla se necesita paz en las casas, que no siempre la hay, y también se debe asumir una rivalidad que antes no existía, como la televisión. Los niños aprenden un montón de léxico a través de los medios audiovisuales, eso está claro. Pero ahora existe una presencia muy fuerte de este medio. Los coches llevan DVD y los más pequeños pueden ponerse películas en su habitación. La sociedad ha cambiado, pero es necesario un esfuerzo para que el libro se constituya en vehículo de conocimiento. Es necesario para afrontar los problemas actuales, como la libertad y el respeto mutuo. Y eso sólo lo da los libros.

Comenta la irrupción de nuevos medios. ¿Cuál es su opinión de Internet? Algunos han dicho que es perjudicial.

—(Risas) Lo mismo dijeron de las novelas de caballería. Lo peligroso es que los jóvenes vean tres horas diarias de televisión. Mientras están ahí no hacen otra cosa, y hay que reconocer que no todo lo que se ve ahí es educativo. Pero Internet es distinto. Gracias a las grandes bibliotecas digitales europeas se va a poder acceder a cientos de obras, y esto era imprescindible. Permite también acceder a los medios de comunicación, tanto orales como escritos, y unos conocimientos que resultaban imprescindibles, como los archivos. Pero hay que tener en cuenta que sólo es una herramienta y hay que saber emplearla.

¿Y su repercusión en la lectura?

—Hay un renacimiento de la escritura frente a la oralidad desde que el teléfono se utiliza para escribir en vez de para hablar. Al enviar un mensaje o un correo, la persona se está enfrentando a la temible página en blanco. En el siglo XVI y XVII, escribir cartas era algo frecuente y se aprendía a redactarlas. A lo mejor será necesario retomar esa enseñanza. En cuanto a las abreviaturas en SMS y todo eso que se ha señalado en realidad no altera el idioma.

¿Cuáles son para usted los principales obstáculos para que se difunda la lectura?

—El problema fundamental, a la hora de extender este hábito entre la gente, radica en la enseñanza, que, en estos momentos, no está acompañada de los medios suficientes. Cuando era privada era otra cosa, pero, al ampliarse la educación, existen nuevos problemas. En la vida española ha operado un cambio radical en este aspecto y se ha ampliado el espectro de la enseñanza. La formación tiene que afrontar ahora, por ejemplo, la desestructuración de la familia, la llegada de inmigrantes y otros aspectos que inciden en la educación. Habrá que volver a una enseñanza práctica y seria que se esfuerce en la lectura y la escritura. Si no lo hacemos resultará peligroso. La sociedad debe tener en cuenta que la lengua es un beneficio para todos, es un negocio para todo el conjunto. No es algo solamente para profesores. No es sólo una cuestión de los políticos. Hay que ser muy serios en este tema y afrontar todos los problemas que plantea.

Ha mencionado la inmigración en España. ¿Cómo influye en el idioma la llegada de personas que hablan otras lenguas?

—En el caso de los hispanohablantes aumentan el léxico y, a lo mejor, con los años, introducen alguna variedad fonética. El problema está en los inmigrantes chinos, árabes, coreanos… personas con una lengua materna distinta y que aquí están perdidos. Con ellos es distinto. Necesitan ayuda, y requieren unos cursos y una enseñanza que no existe. En España falta una formación de español para extranjeros. Ése es el problema. No es adecuada la que existe en la actualidad. Nos faltan esos estudios. Hay que tener en cuenta que para los inmigrantes una lengua nueva es difícil. Necesitan que se les enseñen las palabras frecuentes, cómo afrontar un formulario administrativo y otros puntos. Hay que conseguir que estas personas se integren en una lengua, y en la sociedad, claro.

¿Qué opina de la política lingüística que se está aplicando?

—Las políticas lingüísticas en España son muy complejas. Desde luego no se puede decir que esto está bien o esto está mal. En Cataluña, donde vivo desde hace tiempo, no existe problema con el bilingüismo. El castellano y el catalán se adecuan muy bien, conviven juntas. Hay seis millones de personas y no existen problemas, salvo en desafortunadas excepciones.

Hay políticos e intelectuales que no piensan como usted.

—Hay que pensar que un político siempre busca lo mejor para la sociedad. No debe haber motivo para pensar lo contrario. El catalán poseía una posición muy débil. Por eso se introdujo en la enseñanza. Uno, hoy en día, va a cualquier quiosco y casi todos los periódicos que se venden están en castellano. Con las televisiones por satélite ocurre lo mismo y en los diales de la radio también sucede eso. Un ejemplo: la gente no está acostumbrada a leer los diarios en catalán. Por todo esto la enseñanza se convirtió en una manera de crear una lengua culta. El catalán era un idioma, sobre todo, hablado, pero no escrito. Pero esto no debe ser obstáculo, por supuesto, para que las personas dominen las dos lenguas perfectamente: tanto el catalán como el castellano. Hay que manejar las dos. En España y en Europa deberíamos acostumbrarnos a la coexistencia de lenguas diferentes. Cuando uno viaja a países de América, como México, descubre que en regiones muy pequeñas conviven varias lenguas. Por ejemplo las 25 consideradas mayas, con sus cinco dialectos diferentes. Y eso no genera ningún problema entre ellos. Eso es lo que debería ocurrir. Las lenguas jamás tienen problemas de convivencia. Lo tienen los hablantes. Pero parece que esta postura en el viejo continente es mucho más difícil.

¿Cree que las campañas de lectura son efectivas o, por el contrario, considera que no son lo suficientemente persuasivas para incitar a leer libros?

—Llegar a los niños no es tan fácil como parece. Hay millones de alumnos y es imposible que alcance a todos. Desde luego hay que seguir intentándolo, pero, de momento, hasta ahora, sus efectos son positivos, como demuestran esas décimas que van subiendo poco a poco en los índices de lectura. Además, si alguien viaja en el metro podrá ver que hay mucha gente leyendo diarios o que sostiene algún libro. A pesar de eso se necesita más dinero y más gente. De momento se ha despertado cierto interés por los libros. Por ejemplo, las conferencias del escritor Alberto Manguel, un autor que estudia en sus trabajos el tema de los libros y la lectura, están siempre llenas. Los escritores españoles, además, es fácil que puedan vender hoy en día cerca de 200.000 ejemplares. Eso antes era impensable.

¿Qué le parece la literatura actual?

—Es muy buena y apasionante. Tanto en los mayores como en los jóvenes escritores, quienes se están enfrentado en la actualidad a géneros que no son para nada fáciles, como, en los periódicos, esas columnas pequeñas en las que hay que glosar una idea. Los novelistas jóvenes poseen, además, una formación técnica muy superior a la anterior generación. Se nota que se han formado en el conocimiento de la lengua. Y la poesía de ahora es excelente. La literatura española está atravesando un momento muy bueno. La prueba es que casi todos los hispanistas del mundo la siguen y eso es importante, porque muestra que tiene una repercusión internacional.

«El resultado de relegar las humanidades será una sociedad descabezada». Los intelectuales han denunciado los riesgos de relegar las humanidades

—Las humanidades han sido uno de los factores que ha logrado unir a Europa. Y, por supuesto, este es un punto clave. Lo increíble es que la sociedad no es consciente de la situación y los medios de comunicación no están incidiendo lo suficiente. Estamos ante un problema que se debe acometer con realismo. Este abandono que padecen no podemos ocultarla por mucho tiempo, porque afectará a una crisis de crecimiento. Hay que intentar resolverlo de una manera inmediata.

¿Cuáles pueden ser las consecuencias?

—El resultado será una sociedad europea descabezada desde el aspecto intelectual. Y eso no es algo que se pague a largo tiempo. Tendrá su repercusión en un plazo muy corto. Hay que tener una actitud positiva para fomentar el conocimiento y extender la lectura a los libros y a los periódicos y enseñar a entrar en el mundo de la información. Eso es una labor de los profesores. El alumno tiene que aprender a pensar y enfrentarse al futuro y necesita, para ello, de las herramientas para adueñarse del conocimiento. Sobre todo en el mundo actual en que constantemente se exigen nuevos conocimientos en el ámbito profesional. Dentro de poco, veremos universidades multilingües, en que los alumnos podrán matricularse casi desde cualquier lado, y en un plazo muy breve. Y para esto se requieren unos conocimientos.

¿Cómo ve la situación del castellano en el mundo?

—No corre el riesgo de una fragmentación, como sucedió en el imperio romano y como se ha podido pensar en algunas ocasiones. Los medios de comunicación y la escritura fomentan la cohesión y estabilizan el idioma a nivel internacional. Que una persona que reside en Barcelona, o en otra ciudad cualquiera, pueda consultar las páginas de un diario mexicano y entenderlo a la perfección, es una prueba clara de lo que digo. Todo se limita a unos cuantos préstamos de léxico.

Una pasión familiar

La pasión por la filología no era una vocación alimentada por el tiempo y las lecturas, sino una herencia. José Manuel Blecua (Zaragoza, 1939) nació en el seno de una familia donde el esfuerzo y la disciplina que conlleva estudiar lengua y literatura se vivía, desde luego, de una manera diferente. Su padre, José Manuel Blecua Teijeiro, era un verdadero maestro de filológos. Y él desarrolló muy pronto una sensibilidad especial por las letras y el idioma. En su carrera ha impartido clases en Estados Unidos, México, y ha sido uno de los organizadores de los estudios de Filología Hispánica en la Universidad Autónoma de Barcelona, donde es catedrático desde hace años. Se ha especializado en lexicografía y ha abordado trabajos sobre la historia de las ideas lingüísticas y la aplicación de las tecnologías emergentes en el estudio de la lengua española. Este mes leerá su discurso de ingreso en la Real Academia Española donde ya trabaja con ilusión. «Me estoy encarganado de una parte de la gramática de la Academia que se acabará para el año que viene. En concreto del apartado de fonética y fonología, un aspecto que jamás se ha considerado en la gramática tradicional». También ha dirigido el Diccionario general de sinónimos y antónimos. Y entre sus libros publicados destacan La poesía del siglo XV, Qué es hablar, Literatura española, Manual de crítica textual, Las obras de Juan Sánchez Burgillos y La transmisión textual del Conde Lucanor, entre otros trabajos enfocados a la enseñanza de la literatura.

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