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Agencia Efe

Jueves, 29 de septiembre del 2011

Los informadores sobre conflictos, entre los eufemismos y la realidad crítica


Los informadores que cubren conflictos bélicos se desenvuelven entre los eufemismos, para endulzar lo que ven y ser políticamente correctos, y tener que describir la realidad de forma crítica, algo de lo que los medios se alejan cada vez más.


Esta es la principal conclusión de la segunda jornada del VI Seminario Internacional de Lengua y Periodismo, «El periodismo y el lenguaje políticamente correcto», que se celebra en la sede del Centro Internacional de Investigación de la Lengua Española, en San Millán de la Cogolla, a unos 400 kilómetros al norte de Madrid.

El encuentro, organizado por la Fundéu BBVA y la Fundación San Millán se ha centrado hoy en el tratamiento de la información sobre conflictos bélicos, terrorismo, inmigración o grupos étnicos.

Periodistas y lingüistas han aludido a la tendencia en los medios de comunicación de «edulcorar» la realidad, presentarla sin que incomode o distorsionarla, para servir a intereses empresariales o políticos.

Una de las voces más críticas ha sido la de la periodista Rosa María Calaf, quien ha lamentado que los periodistas, cada vez más, «no sirvan a lo que realmente es el periodismo».

Por ello, ha pedido a sus compañeros que no se limiten a repetir ideas dadas o leer comunicados, busquen el léxico adecuado y dejen la «tendencia al espectáculo».

El periodista de La Vanguardia Plácid García-Planas, corresponsal de guerra desde hace dos décadas, ha admitido que si la realidad de un conflicto se describe tal y como es, «se puede parecer insensible», pero abogó por relatarlo con «las palabras adecuadas».

En su opinión, los medios de comunicación españoles tienen una característica propia al informar sobre guerras. «Caemos demasiado en el patetismo, recurrimos a muecas de dolor vacías, como los pasos de Semana Santa», explicó.

Y, frente a esa tendencia, defendió «usar la intensidad real del lenguaje, tener respeto y evitar la dureza innecesaria».

Rafael Jorba, escritor y periodista, también lamentó «el culto a la emoción» de la información actual y ha pedido a los periodistas que traten de «nadar contra corriente». «Es por lo que nos pagan», dijo.

Jorba cree que «hay valores que no pueden depender del estado de ánimo de la sociedad, como el rechazo al racismo o el respeto a la dignidad y la intimidad».

El filólogo Luis Carlos Díaz ha recordado una amplia lista de eufemismos que usan los medios de comunicación, como «mayor en lugar de viejo, obeso en vez de gordo, club de citas en vez de prostíbulo, subsahariano por negro y hasta técnico en eliminación de residuos en lugar de basurero».

El «riesgo» de esa forma de hablar y escribir, ha dicho, está en el uso de «eufemismos corrosivos» que «alteran el significado real de las cosas», como «bombas limpias, hombre fuerte en vez de dictador o operación humanitaria en lugar de guerra».

Y ha opinado que el periodista los usa para «no molestar a las fuentes, a los jefes o por lavarse la cara ante ambos».

También en el seminario se ha analizado el tratamiento en los medios de diferentes grupos étnicos y minorías, y la conclusión ha sido muy parecida: hay una gran presencia de giros para no usar las expresiones más correctas, por si molestan a alguien.

El abogado norteamericano Nelson Castillo se ha referido a la corriente «antiinmigrantes» que existe en su país y se ha mostrado «muy pesimista», porque «el medio en el que se desenvuelve ese pensamiento, es el que controla la información».

También ha pedido mayor implicación de los medios para «romper con la retórica y reconocer todo lo que los inmigrantes han aportado a los Estados Unidos».

La periodista estadounidense Verónica Villafañe ha recordado que la gran mayoría de los editores de EE. UU. son blancos, y esto «dificulta una cobertura ética, fidedigna y sin estereotipos», señaló.

Como ejemplo concreto de su exposición se ha referido a la «gran polémica» generada por una noticia en la que se explicaba como un niño negro había cogido un arma «para matar a alguien, no para proteger sus derechos, como hubiera hecho un blanco». 

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