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eltiempo.com, Colombia
Martes, 20 de mayo del 2009

LOS «DUROS» TAMBIÉN SE EQUIVOCAN

A mi modo de ver, José Obdulio Gaviria puede considerarse una revelación periodística por la calidad de sus columnas en El Tiempo, que se distinguen por la buena redacción y sobre todo por la riqueza del vocabulario que emplea. Y es que en casi todos sus escritos aparece alguna palabra desconocida para la mayoría de los lectores —mayoría en que me incluyo—, pero de gran expresividad de excelente castellano.


Entre las palabras que recuerdo haber aprendido leyendo a José Obdulio están regüeldo, ríspido (la semana pasada) y ambón (en su artículo de hoy). Para los que no las conocen, pueden averiguar en el Diccionario de la lengua española qué significan eructo (él la usó en sentido figurado), 'áspero, violento o intratable' y 'púlpito o atril', respectivamente.

No obstante la gran erudición léxica de nuestro personaje, en su artículo de hoy se le escaparon dos errores de ortografía, uno de ellos más grave que el otro. Y curiosamente, ambos errores aparecieron en la misma frase: «Y, él, ¡déle para adelante!: nada de gimoteos, nada de vocesitas abemoladas». Aparte de la palabra abemoladas, que seguramente muchos tendrán que mirar qué significa en el diccionario, a más de uno le habrán llamado las palabras déle y vocesitas.

Hasta 1999, déle, compuesto de y le, estaba escrito según las normas de la Academia, pero a partir de esa fecha la Academia resolvió que debía escribirse dele, sin tilde, para ajustarse a las reglas generales de acentuación. Específicamente, según la Regla General # 2 (Ortografía de Petúfar, pág. 20), las palabras de dos o más sílabas que llevan el acento en la penúltima sílaba, si terminan en vocal, no se tildan. Así que dele se escribe sin tilde, tal como pele, bese o teje, por ejemplo. ¡Invito al lector a dar excepciones a esta regla!

El segundo error es más grave. Los diminutivos que terminan en -cito y -cita —o más exactamente, en los sonidos /sito/ y /sita/ según la pronunciación seseante— (entre otros) se escriben con c. Esta es una regla que forma parte de lo que Álex Grijelmo llama «el genio del idioma». Solamente se exceptúan los diminutivos de las palabras que tienen s en la raíz: mesita, camisita, japonesito, Inesita, Diosito, etc. Sin embargo, también hay excepciones a las excepciones. Las palabras que terminan en -se o se forman con se antes de agregar la terminación del diminutivo sí terminan en -cito, -cita: frasecita, Diosecito, etc. (Petúfar, pág. 84). El diminutivo de voz es, por tanto, vocecita. Obsérvese que aquí entra también la regla de que la z se convierte en c antes de e (Petúfar, pág. 79).

Otros periodistas y escritores tampoco son infalibles. Recuerdo algunas pifias: idiosincracia, persecusión, tánto y *se los manifesté… digo «los milagros», pero me abstengo de mencionar los santos.

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