Noticias del español

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| Alí Medina Machado
Diario El Tiempo (Venezuela)
Jueves, 23 de agosto del 2007

LOS ACCIDENTES ¿GRAVES O LEVES?

Por lo que comienza diciendo Martínez Amador, pareciera que el asunto es de gravedad, aunque con la simplificación que hace la gramática parecieran más bien ser una cuestión de rutina a la que nos acostumbramos con facilidad, pues, hablar de masculino y femenino; y de singular y plural, no es una cosa del otro mundo cuando de conocerle estas interioridades a las palabras se trata.


Así, nos cansan nuestros maestros y profesores con ese repetitivo de que hombre es sustantivo masculino singular y de que altas es adjetivo femenino plural, lo mismo pasa con el verbo, al que le desvestimos el modo, el tiempo, el número y hasta la persona sin que nos metamos en los aposentos de la voz, que es el otro accidente que se le conoce. Nadie tiene tantos accidentes como el verbo; hasta cinco suma, sin que por eso se sienta amilanado ni pierda su mayúscula importancia como palabra gramatical.

La palabra accidente, que es de lo que nos proponemos hablar, es vieja de verdad. Arranca de una remota forma: ad cado, que luego se volvió accido, aunque no ácido, hasta que el latín la vigenció como accidens… Es activo y es participio, o lo que es lo mismo, es un participio activo, de los que se sustantivaron ha mucho. Del «latín filosófico» cuentan que viene. Vaya usted a saber. Lo que no es inherente a la sustancia (la sustancia antes era el sustantivo, por lo que de allí arranca). Es la no pertinencia, lo que rompe como una incongruencia, ya que desata el orden de la permanencia. Claro, como está cambiando constantemente, hace que las formas de las palabras cambien… De modificaciones se trata entonces la cuestión, «de modificaciones que sufren el nombre, el adjetivo y ciertos pronombres para expresar su género y número, y también el verbo para denotar sus modos, tiempos, voces, número y personas» (MA, 38…) ¡Ah! Pero aquí se nos cuela otro accidente que le asigna la Academia al verbo, el que trata de la voz verbal que hallamos activa o pasiva según la necesidad expresiva.

Porque las palabras tienen ese contorno, esa parte de afuera que se va rotando según se use lo masculino o lo femenino, lo singular o lo plural. Y hasta el moribundo neutro se inmiscuye en estos particulares y le confiere sus raros matices a la palabra o a ésta dentro de la frase; que si lo uno o lo otro; que si esto o aquello.

Modernamente, sin embargo, al verbo se le ha ido suavizando esta gruesa carga de accidentes. Por caso, la voz, se toma más bien como una construcción sintáctica o de índole verbal antes de ser considerada propiamente un accidente. Al mismo tiempo que algunos proponen la inclusión del accidente caso, a pesar de que este accidente es tan latino, otros lo ven como un arcaísmo o un desuso, si se considera que el castellano es un idioma preposicional. De todas maneras, el caso tiene una vigencia que se concreta en la categoría de pronombre declinable, como se ve con su uso:

Yo – me – mí – conmigo… – tú – te – ti – contigo… – él – se – si consigo…

Y algunos van más allá, porque no sólo se conforman con que los accidentes morfológicos se sustancien en esa alteración de formar desinenciales o morfemas gramaticales como se les conoce, sino que los prefijos (eso dicen ellos, yo sólo repito) que se anteponen a la palabra para cambiarla, lo mismo que los sufijos que se le añaden al final con la misma finalidad de cambio, deben incluirse como accidentes gramaticales, lo que nos parece un asunto grave que complica lo que normalmente se sabe al respecto, y profundiza el tema hacia otras direcciones que lo extienden.

Los accidentes gramaticales no significan que las pobres palabras sufran lesiones de gravedad ni mucho menos, o que quedan lisiadas o maltrechas por las heridas sufridas. Nada de eso. Si sufren vuelcos y ven alterado su organismo, pero, por más transmutaciones que vemos en sus caparazones, las palabras quedan igualitas y algunas se ponen como más interesantes cuando cambian de género o de número.

Sin hacer profundizaciones, sino nadando en la superficie, los accidentes, sean graves o leves, según el grado de alteración que sufre la palabra, es un asunto gramatical que sólo compete al nombre y al adjetivo, a verbo y al pronombre personal, y a otras formas que se metamorfosean en cualquier categoría, como el mismo infinitivo verbal, o el participio o el adverbio, los que a veces se salen de sus casillas normales para incursionar en otros campos que no son usualmente los suyos.

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