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| Agencia Efe

«Lo terrible es que los índices de lectura sean tan pobres», dice Iwasaki

El escritor peruano afincado en Sevilla Fernando Iwasaki, ganador del Premio Don Quijote de Periodismo por su ensayo La mancha extraterritorial, publicado en El Mercurio de Chile, ha dicho que «lo terrible es que los índices de lectura sean tan pobres en los países que hablan la lengua de Cervantes».

En entrevista con Efe, Iwasaki ha lamentado igualmente que en los países en que se habla «la lengua de Borges, Vallejo, García Márquez, Neruda o Darío los presupuestos culturales sean ridículos y los espacios dedicados a la cultura en los medios de comunicación testimoniales, pues nuestra lengua sí que es una referencia mundial en arte, música y literatura».

«Nuestra importancia como lengua de arte y cultura es inversamente proporcional a lo que representamos en materia de ciencia y conocimiento», ha añadido.

Según Iwasaki, «prueba de nuestro atraso en el dominio científico y tecnológico son las numerosas voces de origen anglosajón que hemos adaptado al castellano, como wifi, vídeo, web o internet».

«En cambio, los hispanismos que nosotros hemos aportado a otras lenguas son ‘siesta’, ‘mosquito’, ‘guerrilla’ y ‘cucaracha’; ni siquiera el sustantivo ‘patata’ viene del español, porque los colonizadores confundieron la ‘batata’ dulce centroamericana con la ‘papa’ andina, y como ‘batata’ las arrebujaron en nuestros diccionarios hasta el siglo XIX», ha señalado.

«Fueron los ingleses quienes hallaron la diferencia entre ‘potato’ y ‘sweet potato’, y de hecho Shakespeare utilizó el sustantivo ‘potato’ hasta en dos de sus obras; por lo tanto, ‘patata’ es uno de los anglicismos más antiguos del español peninsular, porque en América Latina nunca dejamos de llamar al pan pan y a la papa papa».

Sobre su ensayo premiado ha explicado que se le ocurrió «mientras escuchaba en Alcalá de Henares el discurso que Elena Poniatovska pronunció cuando recibió el Premio Cervantes 2013; escuchaba su bella dicción mexicana y al mismo tiempo pensaba en sus enrevesados orígenes europeos».

«Se me antojó un milagro que alguien como Elena Poniatovska —que podía haber sido escritora en inglés, polaco, francés o italiano— hubiera escogido precisamente el español como lengua literaria; La mancha extraterritorial comenzó siendo el título de un pie de foto en el ABC y terminó convertido en un ensayo publicado por el diario chileno El Mercurio.

«Siempre me ha parecido que no hemos valorado en la misma medida a los autores extraterritoriales que escribieron en inglés o francés, que a los escritores extraterritoriales que eligieron nuestro idioma», ha añadido.

«Conrad, Nabokov y Koestler escribieron en inglés, así como Beckett, Ionesco y Cioran lo hicieron en francés; pienso en Max Aub, Alejo Carpentier y Alejandro Rossi, pero también en los autores que nacieron en países hispanohablantes porque sus familias emigraron desde Asia o Europa, como José Watanabe, Ernesto Sábato, Juan Gelman o Alejandra Pizarnik», ha señalado sobre el sentido de su ensayo.

«Actualmente escriben en castellano un grupo de escritores que sería un lujo en cualquier tradición literaria, como la rumana Ioana Gruia, el chino Siu Kam Wen, el húngaro Kalman Barsy, el checo Mirko Lauer o la japonesa-alemana-norteamericana Anna Kazumi Stahl, pero el más extraordinario es el italiano Fabio Morabito, cuyas novelas, cuentos y ensayos recomiendo encarecidamente», ha enumerado.

Y La mancha extraterritorial, ha añadido con humor, «seguirá creciendo gracias a esos estupendos escritores en español que vuelven locos a los bibliotecarios coreanos porque se apellidan Neuman, Halfon, Nettel, Yushimito, Schweblin, Guelfenbein, Prochazka, Luiselli, Fontaine, Volpi o Roncagliolo».

Iwasaki, con su apellido japonés, se ha puesto como ejemplo: «Siento que comparto este premio con todos los hispanohablantes que hemos llegado al español gracias a los trajines de nuestras familias; el fenómeno de la migración es nuevo en España, pero en América Latina comenzó hace más de un siglo y esa es una parte de La mancha extraterritorial de la que hablo en mi ensayo».

Sobre la influencia del idioma español en el mundo ha señalado que «no debería ser un desdoro admitir que el español no es una lengua de ciencia o conocimiento; todo lo contrario; lo ideal sería que fuera un estímulo para que en nuestros países se fomente la investigación y se invierta mucho más en la enseñanza básica y universitaria».

«La neurociencia existe gracias a Ramón y Cajal, pero actualmente la lengua en la que más se trabaja e investiga en neurociencia no es el español», ha añadido Iwasaki, quien además de autor de novelas y relatos es columnista habitual en la prensa.

«Tampoco hay que rasgarse las vestiduras si el español no es el idioma de la alta diplomacia o las grandes finanzas; sería fantástico que noruegos y vietnamitas se comunicaran entre sí en español para hacer negocios o firmar tratados, pero lo cierto es que lo hacen en inglés y no pasa nada», ha dicho.

«De hecho, muchos hispanohablantes ya nos expresamos en inglés con personas de otras lenguas que no conocen la nuestra y menos mal que existe esa posibilidad», ha concluido.

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