Noticias del español

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| Francisco Moyano
latribunademarbella.com, España
Jueves, 21 de enero del 2010

LO QUE DECIMOS

Queda muy claro que una catástrofe natural (caso de un terremoto devastador) no admite ninguno de los significados del adjetivo humanitaria.


Las lenguas no permanecen estancadas. Son unos singulares «organismos» vivos que evolucionan arrinconando palabras, rescatando otras e incluso inventando vocablos. También surgen las modas y no es infrecuente la incorrección sin más y la ignorancia sobre los términos o expresiones correctas. La Real Academia Española sigue teniendo una tarea ardua y necesaria para velar por el mantenimiento del español como idioma lo menos contaminado posible. Voy a comentar algunas expresiones que resultan frecuentes y que, en mi opinión, pueden ser mejoradas e incluso rectificadas.

Desgraciadamente, desde hace más de una semana, la actualidad se concentra en la catástrofe (pertinaz y repetitiva) de Haití, un país hasta hace unos cuantos días totalmente olvidado. Como siempre que ocurre un suceso de tanta gravedad, con miles de pérdidas de vidas humanas y otros muchos miles de damnificados, en los medios de comunicación comienza a hablarse de catástrofe humanitaria. Jamás una catástrofe podrá ser humanitaria por razones obvias; humanitario es un adjetivo que posee tres acepciones que recoge el Diccionario de la RAE: 'que mira o se refiere al bien del género humano'; 'benigno, caritativo, benéfico'; 'que tiene como finalidad aliviar los efectos que causan la guerra u otras calamidades en las personas que las padecen'. Queda muy claro que una catástrofe natural (caso de un terremoto devastador) no admite ninguno de los significados del adjetivo humanitaria. Habría que hablar de una catástrofe para la Humanidad; sin embargo la reacción de los diferentes países y de muchas organizaciones no gubernamentales y la misma ciudadanía que colabora con aportaciones económicas, sí puede ser calificada como ayuda humanitaria.

Otra expresión que, desde hace unos cuantos años, se escucha sobre todo en boca de políticos pero también en muchos otros sectores sociales es la de poner en valor. En Teoría de la Lengua se habla de neologismos o extranjerismos superfluos. Con la expresión poner en valor nos encontramos evidentemente ante un galicismo innecesario: sería la traducción de mise en valeur. Quizás se trate de una moda pasajera y se vuelva a hablar de valorar o revalorizar un lugar, una actividad, un bien patrimonial, etc. Posiblemente sería elegante utilizar el verbo aquilatar que en uno de sus significados es 'examinar y apreciar debidamente el mérito de alguien o el mérito o verdad de algo'. No podemos permitirnos utilizar expresiones que no hacen falta porque hay otras, ajustadas ortodoxamente al idioma español y que, de esta forma, quedarán marginadas.

Un tercer ejemplo: cada vez se utiliza más el término regidor o regidora para referirse al alcalde o a la alcaldesa de un pueblo o ciudad. No es un vocablo incorrecto pero no cumple la función de caracterizar el grado exacto de gobierno que ejerce puesto que un regidor puede ser alcalde o cualquiera otro de los concejales que forman una corporación; algo así como el término edil. No sé hasta que punto estas reflexiones de carácter lingüístico es algo que interese a los ciudadanos, colectivo que, en boca de políticos, han pasado a constituirse en el conjunto de los ciudadanos, precisamente cuando la teoría de conjuntos lleva años desterrada de la enseñanza de las matemáticas.

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