Noticias del español

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| Ana Bolado Sánchez
El Diario Montañes, Cantabria (España)
Martes, 24 de junio del 2008

LO GUAY MOLA MAZO, TÍO, PERO NO ME RAYES MÁS

Quizá haya lectoras o lectores de este diario que no comprendan totalmente la expresión que da título a este escrito, pero un sector importante lo hará con toda facilidad. Igualmente comprenderán si les pides su 'e-mail' para ponerte en contacto o si prefieren que les envíes un 'sms' a su móvil. Todo depende de si su edad es la de jugar con la 'PlayStation', 'chatear', usar el 'Messenge" o la de tener una amiga 'stripper' o usar cremas 'anti-age'.


Nuestro idioma no se encuentra aislado en el mundo, como si de una tribu en alguna selva intrincada se tratara; es un sistema de comunicación no sólo verbal, sino gestual. El idioma es cambiante, vivo, con influencias de los demás (muy especialmente del inglés) y en constante evolución. Es una herramienta para el entendimiento entre los seres humanos y si consigue que nos entendamos, vale.

Tiene sus normas (gramática, sintaxis ) que deberíamos atender para una mejor comunicación pero, como hemos visto al principio, una cosa es escribir una resolución para un Congreso Internacional de Otorrinolaringología y otra, muy distinta, escuchar lo que dicen un grupo de jóvenes a la entrada de un Instituto de Enseñanza Secundaria en cualquier lugar de nuestro país. Nuestro idioma es riquísimo y sus constantes variaciones y aportaciones unas veces nos da la sensación de que lo empobrecen y otras, por el contrario, nos parece enriquecido por ellas.

La Real Academia Española se ocupa desde comienzos del siglo XVIII, reinando Felipe V, de «fijar las voces y vocablos de la lengua castellana en su mayor propiedad, elegancia y pureza», manteniendo desde entonces en su emblema la leyenda: «Limpia, fija y da esplendor».

Pero para cuando la Academia quiere realizar esas tareas ya las palabras han ido y venido en cartas de amor, reuniones de vecindad, celebraciones familiares, congresos sindicales, visitas al centro de salud, etc., y recogen nuestros pensamientos, los de toda la sociedad (una sociedad, por cierto, machista y patriarcal, como todas las conocidas) sin que nadie se rasgue las vestiduras por su mayor o menor pureza. Como decíamos antes, vale si nos entendemos.

Sin embargo, este aparente consenso se desmorona en cuanto se cuestiona que el masculino plural nombre también al femenino y lo contenga. Basta que la señora ministra de Igualdad, doña Bibiana Aído, recuerde en su comparecencia que el Congreso es de los Diputados y Diputadas o se permita la entrañable licencia de decir: «miembros y miembras» para que periodistas, tertulianos y tertulianas, exministros, políticos, políticas, filólogos y filólogas, académicos de la RAE (e incluso una académica de las tres únicas mujeres que lo son de un total de 42), se dediquen durante toda una semana a criticar la expresión como si hubiera sido la única incorrección lingüística que los más de 44 millones de habitantes de este país hayamos utilizado en estos días.

¿Por qué la señora ministra ha hecho este guiño, utilizando la expresión inexistente hasta ahora de «miembra»? ¿Porque no sabe hablar? Cuando la señora Presidenta de la Comunidad de Madrid, doña Esperanza Aguirre, se llama a sí misma «lideresa» en su partido ¿es que no sabe hablar, es que es de origen latinoamericano o es que quiere dejar claro que ella es igualmente líder que otros?

Es cierto que nuestro diccionario del castellano hoy no contempla la expresión «miembra» pero, hasta hace no mucho, alcaldesa figuraba en él como mujer del alcalde. Ya vemos, pues, la Academia y su Diccionario no se caracterizan por la inmediatez en la inclusión de nuevos términos. Arquitecta, abogada, médica, albañila, capitana, gerenta, ingeniera, abadesa, jueza, procuradora podemos ir al Diccionario de la Lengua Española a ver si están, pero lo seguro es que SON. Y conviene nombrarlas, visibilizarlas y que sirvan de modelo para las niñas y jóvenes que así sabrán que si quieren, pueden.

Si términos de dudoso buen gusto, de menor uso y necesidad, están recogidos en nuestra norma, ¿por qué no van a estarlo los que nombran a las mujeres en situaciones o profesiones antes prohibidas para ellas? De acuerdo, en Arabia Saudí no hay camioneras, así que el término puede estar en desuso o ser inexistente en su lengua, pero aquí si las hay. ¿Qué guay! (Y qué cursi suena este término ¿no les parece?). Es cierto que nuestro diccionario del castellano hoy no contempla la expresión 'miembra' pero, hasta hace no hace mucho, alcaldesa figuraba en él como la mujer del alcalde.

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