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| Agencia EFE

Lingüistas critican falta de receptividad de la RAE a cambiar su diccionario

Varias de las lingüistas que han participado esta tarde en el seminario Mujer y lenguaje en el periodismo en español han criticado la falta de receptividad de la Real Academia para modificar su diccionario en cuestiones de género.

En esta mesa redonda han participado las catedráticas de Lengua Española Esther Forgás, de la Universidad Rovira i Virgili; Violeta Demonte, de la Universidad Autónoma de Madrid, y Margarita Literas, de la Universidad de Valladolid; la profesora de Lengua de la Universidad de Málaga Susana Guerrero; la gramática Marina Fernández; y la lingüista venezolana María Joséfina Tejera.

Forgas, una de las expertas que realizó un trabajo sobre los criterios de género para revisar en 2003 el diccionario de la RAE, ha recordado que de 397 sugerencias fueron admitidas 69 y ha rechazado «la falacia que se repite desde la RAE» de que queremos quitar palabras.

«La Academia es muy poco cuidadosa con estas cosas, nosotras hacemos estas sugerencias para hacerles un favor, para que no hagan las cosas mal, no para meterle el dedo en el ojo a Víctor García de la Concha», ha dicho, en alusión al director de la RAE.

Ha acusado a esta institución de «tener mucho descuido con el ámbito femenino» ya que «algunos académicos creen que son cosas sin importancia» y «claro, es así, como sólo afecta al 52 por ciento de la población», ha ironizado.

Ha ofrecido un detallado resumen de las cuestiones «sexistas» que existen en el diccionario de la Academia, entre ellas la existencia de palabras para las que sólo se admite el masculino (soldador), el dar un significado sólo masculino a algunas profesiones (banquero), utilizar palabras desusadas referidas a la mujer (miga, por escuela de niñas), o palabras ofensivas con la mujer (malparida).

Susana Guerrero ha incidido en que «entre las lingüistas y la Academia hay un diálogo de besugos, serios problemas de entendimiento y sería bueno para todos que se solucionara».

Ha recordado que «la RAE se opuso a utilizar la denominación violencia de género» y «eso demuestra que son reticentes a la hora de feminizar palabras», algo en lo que ha avanzado más el Diccionario panhispánico de dudas, ha dicho.

Violeta Demonte, por su parte, se ha mostrado partidaria de un equilibrio entre «lo que la sociedad demanda y lo que la lengua permite» aunque sí que cree que sea necesario «adecuar el lenguaje a la realidad, con libertad para la reforma y así hacer visibles a las mujeres».

Sobre las reglas gramaticales ha recordado que «todo lo que se ha dicho que era invariable, ha variado». Además hay recursos para marcar la diferencia entre géneros «con el artículo y con el uso coordinado de las dos palabras» pero en ese último caso «hay que ser prudentes, porque la regla gramatical del español es la concordancia de género en masculino, es así».

Marina Fernández ha defendido que «se nombre en sustantivo y en femenino» aunque «no hay que obligar a quien le suenen mal palabras como jueza».

«Las mujeres queremos vernos reflejadas en el lenguaje, pero libres y sin necesidad de estar permanentemente con el hacha de guerra», ha dicho.

Margarita Literas ha incidido en que «la cuestión central que hay debatir en este caso es el tipo de sustantivos que designan a los grupos de personas» y «las vacilaciones actuales son el reflejo de la expansión de nombres personales en los que, en algunos casos, pesan siglos de ninguna tradición gramatical».

María Josefina Tejera, por último, ha expuesto su experiencia para realizar un diccionario en Venezuela y ha subrayado que «un diccionario debe ser para todos, ni especialmente masculino ni femenino».

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