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| Magí Camps
lavanguardia.es, España
Lunes, 22 de noviembre del 2010

LETRA PEQUEÑA: ÓLEO DE ACEITUNA

El aceite está presente en los tres reinos clásicos de la naturaleza: el animal, el vegetal y el mineral. Así tenemos aceite de ballena, de foca o de bacalao; aceite de oliva, de soja o de colza; y el aceite de piedra (el petróleo) o de hulla... Así pues, el aceite en general es tres veces rey, el tres coronas. Pero el rey de verdad, el rey de la cocina, es el aceite de oliva.


En inglés se llama olive oil, con permiso de Olive Oyl, la eterna novia de Popeye (Olivia en español). En otra gran lengua germánica, el alemán, también es Olivenöl, tomando las palabras del latín. En francés es huile d"olive, en vasco oliba olioa, en italiano olio di oliva, en catalán oli d"oliva… En todos los casos, dos voces latinas que vienen, a su vez, del griego.

El castellano, en cambio, como es tan sandunguero, podría haberlo llamado óleo de oliva –tomando las dos palabras del latín– o aceite de aceituna –tomando las dos del árabe, que a su vez venían del arameo–. En cualquier caso, lo que es evidente es que aceite y aceituna van de la mano y que todos los demás aceites han sido nombrados después, tomando prestado de la aceituna el nombre con que es conocido su néctar. Al final, antes de que el óleo acabara en ojo (Coromines apunta esta teoría), el castellano acuñó una expresión mixta, que toma el aceite del árabe y la oliva del latín. Y de paso evita la aliteración.

El líquido graso nacido del olivo es rey de la cocina y soberano de la dieta mediterránea. Esas verduras y legumbres, ese más pescado que carne, esa fruta, ese vino y ese aceite de oliva que todo lo convierte en oro, que hace milenios que combinamos por estos andurriales, resulta que son mejor que cualquier medicina. Por ello la Unesco ha decidido proteger esa dieta declarándola patrimonio cultural inmaterial (que no intangible, como ya advirtió a su debido tiempo la Fundéu) de la humanidad.

Las tierras que circundan el mar de los romanos, aquel Mare Nostrum, son las mismas que las de este mar en medio de tierras, el Mediterráneo. Al finalizar el diluvio, Noé soltó una paloma que regresó con una rama de olivo en el pico. El propio Noé, patriarca judío, cristiano y musulmán que es reconocido como el fundador de la viticultura y el primer ebrio famoso de la historia, bien podría ser nombrado patrón de la dieta mediterránea.

No ha descubierto el Mediterráneo, precisamente, la Unesco. Pero no está nada mal que una dieta tan rica sea, además, tan sana. En un armonioso maridaje lingüístico, el castellano une las dos grandes culturas que baña este mar: la árabe y la latina; el aceite y la oliva.

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