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| Magí Camps (La Vanguardia.com)

Letra Pequeña: No hay palabras

No tener el término preciso se suma a la desgracia; necesitamos las palabras para entender qué ha pasado.

El martes todo el mundo hablaba de accidente. No había palabras para expresar la tristeza, el miedo, el impacto de la noticia, el hecho aterrador, pero todo el mundo hablaba de accidente: un avión se había estrellado en los Alpes. La frase «Catástrofe aérea en los Alpes» se convirtió en el epígrafe de las páginas de La Vanguardia. Quizás tiene aroma de película antigua, pero describe con precisión lo que pasó y enmarca con claridad todas las informaciones que se han conocido desde el martes.

De hecho, a pesar de los nuevos datos que se han ido sabiendo y que han supuesto un cambio de perspectiva de lo que pasó, «Catástrofe aérea en los Alpes» sigue siendo un epígrafe válido. Ahora, sin embargo, ya no podemos hablar de accidente. El jueves, la policía francesa cambió la denominación del lugar: de escenario de un accidente pasó a ser escenario de un crimen. La palabra accidente funcionaba tan bien desde todos los puntos de vista… Incluso el psicológico, porque un accidente es un «suceso eventual o acción de que involuntariamente resulta daño para las personas o las cosas», dice el diccionario. Su carácter imprevisto puede suponer una pequeña descarga en la angustia de familiares y amigos. Pero un crimen inexplicable como el que ha pasado no tiene nombre. Y no tiene nombre en ningún sentido.

No tener la palabra precisa es un añadido a la desgracia. Necesitamos las palabras para entendernos y para entender lo que ha pasado. Es como un diagnóstico médico: cuando nos diagnostican una enfermedad, nos seguimos encontrando igual de mal, pero saber lo que nos pasa nos ayuda a afrontar el dolor. Por ello, en casos como este, son importantes las palabras, las etiquetas.

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