Noticias del español

| |

| Xavier Pericay
Diario ABC, Madrid
Sábado, 1 de julio del 2006

LENGUAS VEHICULARES

Esto del diccionario es un vicio. Y si el diccionario es catalán, figúrense. Hace un par de días andaba yo buscando ya no recuerdo qué palabra cuando, sin saber muy bien cómo ni por qué, me encontré enfrentado a la entrada vehicular. Vaya por delante que esta palabra nunca me ha gustado. Ni como verbo, ni como adjetivo. La asocio inevitablemente a esa jerga propia de funcionarios y políticos que los medios reproducen con tanto ahínco. Pero, en fin, así son las cosas del azar.


El caso es que en la entrada correspondiente al adjetivo estaba la expresión «llengua vehicular». No sé ustedes, pero yo por «llengua vehicular» había entendido siempre la lengua en que se vehicula alguna cosa. Así, en la enseñanza pública catalana, el catalán sería la lengua vehicular, porque en catalán y no en otra lengua se vehicula la enseñanza. Es decir, se hacen las clases, se imprimen las convocatorias y se desarrollan, por supuesto, las fiestas y festejos. Pues no. He aquí que una «llengua vehicular», según el diccionario de Enciclopèdia Catalana, que es el que yo consultaba, y según el del Institut d´Estudis Catalans, que no hace más que reproducir -en la entrada llengua– la misma definición, es una «llengua de comunicació entre parlants de llengües maternes diferents».

Sorpresa. Y no porque el catalán no cumpla esta función allí donde es considerado «llengua vehicular», sino por lo que yo tenía entendido y el diccionario desmiente, y porque, ya puestos, la definición nada dice de la naturaleza de la lengua que ha de asegurar esta comunicación entre hablantes de lenguas maternas diferentes. Tampoco en francés, que es de donde proviene la expresión, está la cosa nada clara, aunque algo más sin duda que en catalán, pues en los diccionarios se indica que los hablantes que precisan comunicarse pertenecen a pueblos o etnias distintas, por lo que muy probablemente establecerán la comunicación en una lengua que no es ni la de unos ni la de otros. Los diccionarios ingleses ignoran la expresión y se conforman con la de «lingua franca». Y lo mismo hacen los españoles. Sólo que en ambos casos la naturaleza de la lengua de comunicación es inequívoca -eso es, inequívocamente distinta de la naturaleza de las lenguas que los hablantes deseosos de comunicarse tienen como propias-. Así, el diccionario de la Real Academia ofrece la siguiente definición de «lengua franca»: «La que es mezcla de dos o más, y con la cual se entienden los naturales de pueblos distintos».

No crean, en catalán también existe la expresión «llengua franca». Y viene de antiguo. Pompeu Fabra ya la recogió en su diccionario allá por 1932, y sigue presente en el que el Institut editó en 1995 con carácter normativo. Y la definición, mantenida sin variación ninguna de un diccionario a otro, es una copia de la de la Real Academia. Pero no sirve. Cuando menos desde que tenemos autonomía y nuevas realidades que designar. Quienes así lo entendieron fueron los responsables del diccionario de Enciclopèdia Catalana, en cuya primera edición de 1982 ya no consta «llengua franca» y sí en cambio, y por primera vez, «llengua vehicular». ¿Casualidad? En absoluto. Reparen en la fecha. Comienzos de los años ochenta. Autonomía recién estrenada. Remoción en el sistema de enseñanza, donde el catalán empieza a ocupar espacios cada vez más sustantivos. ¿Podía afirmarse entonces, a pleno sol, que el catalán era la lengua de la enseñanza? No, aunque este fuera el objetivo; la fórmula era demasiado rotunda. Había que buscar algo más suave, más difuso. ¿Lengua franca? Sonaba a viejo. Y, encima, la realidad no encajaba, pues una lengua franca es una mezcla de dos o más y en la lengua de la escuela catalana no había lugar para mezclas. ¿Entonces? Pues lengua vehicular, claro, dando por hecho que la lengua que serviría para que los hablantes de dos lenguas maternas diferentes se entendieran entre sí no sería ninguna mezcla, ni una tercera lengua en discordia, sino una de las dos lenguas maternas, elevada por decreto al rango de lengua única de la enseñanza.

De lo que se deduce, por cierto, que en Cataluña no existe otra lengua vehicular que el castellano. Al menos, allí donde hay libertad. Lástima que no estemos a tiempo de introducirlo en el nuevo Estatuto.

¡Hola!

¿Has buscado tu consulta?

Si no la encuentras, rellena nuestro formulario: