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El Tiempo, Colombia
Lunes, 11 de mayo del 2009

LENGUAJE NO SEXISTA: ¿MODA O EVOLUCIÓN?

En estos días está de moda la preocupación por evitar el lenguaje «machista» o «sexista» que utiliza el masculino para incluir los dos géneros. Algunos consideran parte del ascenso de la mujer la repetición constante de expresiones como «niños y niñas», «ciudadanos y ciudadanas», el uso del símbolo @ para denotar simultáneamente el masculino y el femenino (por ejemplo, niñ@s o [email protected]) y el empleo cada vez más frecuente de palabras inventadas para referirse a cargos o profesiones desempeñados por el sexo bello.


¿Está justificada la preocupación? ¿Es sexista el lenguaje tradicional?

Lo primero que hay que anotar es que en español los nombres masculinos plurales —mientras no se diga lo contrario— incluyen ambos géneros. Así, al decir «niños» estamos incluyendo tanto a los niños de sexo masculino como a las niñas. Solamente tendríamos que decir «niños y niñas» en caso de que quisiéramos hacer expreso hincapié en que también nos estamos refiriendo a las niñas. Repetir continuamente «niños y niñas» cuando es claro que se habla de todos los niños es sencillamente absurdo y ridículo. Lo mismo pasa con «ciudadanos y ciudadanas», «argentinos y argentinas» y muchos otros ejemplos, y con el uso del símbolo de la arroba.

En español, lo más común es que las palabras que terminan en «o» son masculinas y las que terminan en «a» son femeninas. Es lo más común, pero de ninguna manera constituye la única posibilidad. En muchos casos, nombres y adjetivos pueden ser comunes para los dos géneros y pueden terminar tanto en «a» como en «o» o incluso en «e» o en una consonante.

Por ejemplo, la terminación -ista casi siempre es común para ambos géneros. Si digo dentista, budista o tenista, me puedo estar refiriendo tanto a hombres como a mujeres, y hasta ahora a nadie se le ha ocurrido decir «dentisto», «budisto» ni «tenisto» para dejar en claro que se refiere a personas del sexo masculino. No obstante, «modista» puede ser el o la, pero es más común «la modista» y «el modisto».

Otro caso es el de las palabras terminadas en -nte. Estas palabras por lo general son comunes para ambos géneros, pero en algunos casos la tendencia «no sexista» es cambiar la «e» final por «a» para designar a personas del sexo femenino. Presidenta, dependienta, clienta, gerenta, tenienta y varios más ya están admitidos por la Academia, pero *estudianta, *combatienta, *delincuenta y muchos otros siguen siendo considerados incorrectos (de ahí el asterisco).

Los nombres terminados en consonante, tradicionalmente comunes en cuanto a género, también han sufrido la presión de agregar una «a» al final para designar individuos del sexo femenino. Así, algunos han considerado que no era suficiente decir «la juez», por lo que han optado por decir «la jueza». En este momento hay quienes consideran —como la filóloga española Eulalia Lledó— indispensable decir «cancillera». La primera de estas palabras ya ha entrado al DRAE; la segunda es apenas una propuesta con visos de cuasiexigencia. Sin embargo, tampoco es obligación decir «la jueza». Si usted quiere, puede decir «la juez», y todo el mundo va a entender a qué se refiere. También puede decir «los jueces» para incluir ambos sexos, sin necesidad de «aclarar» diciendo «los jueces y las juezas».

Aunque hay mayoría muy grande de enfermeras, también existen enfermeros. Los graduados de esa profesión prefieren autodenominarse «profesionales de Enfermería» en lugar del más simple «enfermeros». No he escuchado que dijeran «enfermeras y enfermeros» y menos, «enfermeros y enfermeras».

Hoy lo más común es decir «la médica» y «la ingeniera», pero en la tierra de los «meros machos» se oye con frecuencia «la médico» y «la ingeniero»… y curiosamente son las mujeres las que más recurren a esta fórmula un tanto forzada.

En nuestro medio, el último invento es «las detectivas», pero tal vez sea sólo una denominación jocosa que trata de llamar la atención para aumentar el «rating» de la telenovela recién estrenada «Las detectivas y el Víctor».

En fin, el idioma evoluciona. Algunos, y especialmente las mujeres feministas y ciertos políticos y funcionarios de organismos internacionales, tratan de forzar agresivamente un lenguaje que haga más visible a la mujer como protagonista. ¿Es necesaria esta actitud? ¿En el futuro habrá un movimiento de «liberación masculina» que pretenda lograr la igualdad de los sexos exigiendo que sus miembros sean llamados activistos, compatriotos, periodistos, juezos o detectivos? Hasta ahora la única profecía conocida es que los hombres ¡tendrán que subirse a los árboles para escapar al asedio femenino!

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