Noticias del español

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| Luciana Urbeltz
www.ecosregionales.net, Uruguay
Jueves, 5 de agosto del 2010

¿LENGUAJE INCLUSIVO?

Hemos sido testigos desde hace un tiempo del uso, abuso e intento de legitimación del llamado «lenguaje inclusivo». En ese marco se utilizan y desde algunas instituciones gubernamentales y no gubernamentales se imponen una serie de expresiones que gramaticalmente son al menos discutibles.


En este artículo que intentaré despojar de tecnicismos que pueden aburrir al lector, pretendo hacer llegar algunas ideas que aporten a la reflexión y opinión crítica de cada uno. Es un tema de lengua, y como tal es muy complejo, por lo que no es una tarea sencilla escribir teniendo en cuenta las diferentes posturas. De todos modos me referiré a varios aspectos:

Ya no se discute que la lengua es manifestación y soporte del pensamiento y por extensión de las acciones e ideologías de la humanidad. Atendiendo a esto, considero que es de relevancia preocuparnos por estos temas.

Desde hace unos 60 años, los lingüistas han realizado investigaciones acerca de lo que hacemos con nuestro discurso (además de decir, claro está) Por ejemplo, al decir «Te prometo» estamos diciendo y a la vez prometiendo, estamos haciendo algo.

Un lingüista holandés, Teun Van Dijk , ha realizado numerosas investigaciones en Europa acerca del discurso y el racismo, por ejemplo. Sus investigaciones arrojaron la conclusión de que a través de las expresiones que se utilizaban en medios de prensa, discursos y comunicaciones informales, se discriminaba y se reproducía el racismo en esas sociedades. Con esto queda demostrado que efectivamente, cuando utilizamos la lengua, aún en expresiones que puedan parecer inofensivas podemos estar discriminando, excluyendo o generalizando.

Una expresión altamente prejuiciosa (y en contra de la cual no he sabido de ningún reglamento interno o decreto) es «Ese muchacho es pobre PERO honrado» ¿Se ha detenido a pensar el lector que utilizar esa frase es lo mismo que decir: «Los pobres no son honrados, este sí»?

El motivo de este artículo tiene que ver con el lenguaje y el género. Es también sabido que las mujeres en Uruguay y en el mundo hemos tenido que atravesar por muchísimas vicisitudes, hemos tenido que librar muchas batallas para llegar a donde estamos y lamentablemente, para algunas todavía falta mucho. No son aquí punto de discusión el feminismo, el machismo, la igualdad, los derechos de las mujeres, pero es pertinente aclarar que esos aspectos fueron tenidos en cuenta a la hora de escribir.

A pesar de estas cuestiones brevemente comentadas, es necesario recordar que la lengua es una construcción que está sujeta a determinadas normas que no deberíamos ignorar con tanta liviandad. Recientemente, la Asociación de Academias de la Lengua Española y Real Academia Española han publicado su Nueva gramática de la lengua española . De ahí, se extraen algunos conceptos: Existen sustantivos comunes en cuanto al género, que son los que no cambian de forma para designar a entidades femeninas o masculinas: artista, profesional, testigo, son algunos ejemplos. En estos caso el género estará determinado por el artículo: la artista, el artista.

En este manual se plantean muchos ejemplos de sustantivos comunes, uno de ellos es el de los sustantivos que terminan en consonante: bachiller, corresponsal, fiscal. Se reconoce la existencia de un fenómeno con desigual aceptación que es el de agregar a algunas profesiones desempeñadas por mujeres la terminación -a: edila, jueza, fiscala. Pero solo las reconoce, como un fenómeno que existe en algunos países hispanohablantes: no la legitima. Con el mismo criterio que agregamos –a al final de edil porque es mujer deberíamos decir: «Aquella muchacha no sirve para nada, es una inútila» ¿Estamos dispuestos también a asumir ese tipo de cambios en nuestras expresiones?

En español existe el uso genérico del masculino, es decir, se utiliza el género masculino para designar a toda la especie, sin distinción de sexos: ESTÁN INCLUIDOS los dos sexos: ¿Cómo es posible que se llame «inclusivo» a un lenguaje que separa las mujeres por un lado y los hombres por otro? Y algo más que vale la pena citar: «En el lenguaje político, administrativo y periodístico se percibe una tendencia a construir series coordinadas constituidas por sustantivos de persona que manifiestan los dos géneros: los alumnos y las alumnas (…) El circunloquio es innecesario en estos casos, puesto que el empleo del género [masculino] es suficientemente explícito para abarcar a los individuos de uno y otro sexo».(2.1.3b de la obra citada) Se agrega que la aclaración puede ser pertinente en casos en los que hay posibilidad de ambigüedad.

Conviene recordar aquí otro punto: Es cierto que la mayoría de los sustantivos que terminan en -a son femeninos y la mayoría de los que terminan en –o son masculinos, pero no es siempre así: el día, la mano.

Luego de todo lo expuesto, y teniendo en cuenta que la intención es hacer reflexionar más que opinar, quisiera concluir con algunas interrogantes. Criticamos a nuestros adolescentes cuando escriben: «No kiero ir», les decimos que eso está mal, pero a la vez, ¿nosotros, adultos, estamos intentando imponer expresiones incorrectas? Si asumiéramos que en determinadas circunstancias está bien la mención de los dos géneros, ¿deberíamos extenderla a todas las expresiones y decir, por ejemplo: estudiantes y estudiantas, profesionales y profesionalas?

Y por último: el hecho de aclarar los dos géneros, ¿hará que disminuyan los casos de violencia doméstica, hará que más mujeres tengan la palabra a la hora de decidir en el tema salud sexual y reproductiva?

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