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| Efraín Osorio
La Patria (Colombia)
Martes, 28 de abril del 2009

LENGUAJE COLOQUIAL, ADJETIVOS SUSTANTIVADOS, AUN-AÚN, MILES DE

De estas construcciones galicanas, la más común es 'es por eso que', una muestra de la cual nos obsequió otro editorial del Periódico de Casa, dos días después.


Hace ya unos cuantos almanaques le escuché a un muchacho la siguiente queja: «Tengo una gripa ni la macha»; y a un octogenario, proclamar: «Vamos es p’a viejos». Me gustaron las frases, por lo expresivas y, además, por su folclorismo. Como ellas, son muchas las expresiones populares, adecuadas para las conversaciones de café, para las 'tenidas' anisadas, para todos aquellos coloquios informales y para los relatos costumbristas. Pero son locuciones que quedan «como mosca en leche» cuando se usan en los coloquios formales o en los escritos cultos, como deben ser, verbigracia, los editoriales. Por esto, me parecieron desubicadas y cacofónicas estas oraciones de dos editoriales consecutivos de LA PATRIA: «Con ellos es que hay que trabajar» (IV-19-09); y «En ese mismo orden es que a las vías se les da el tratamiento que requieren» (IV-20-09). Sin volver sobre el omnipresente e imposible de desarraigar 'que galicado' («el 'que' contrapuesto mediante el verbo 'ser' a adverbios y complementos»), en la primera frase sobra el giro 'es que' («con ellos hay que trabajar»), o debe construirse de la siguiente manera: «Es con ellos con quienes (los que) hay que trabajar». En la segunda, sobra también el disonante 'es que' («En ese mismo orden, a las vías se les da…») o, como se trata de un complemento, la construcción podría hacerse así: «Es en ese mismo orden en el que a las vías se les da…». De estas construcciones galicanas, la más común es 'es por eso que', una muestra de la cual nos obsequió otro editorial del Periódico de Casa, dos días después: «Es por eso que reclamamos responsabilidad compartida» (IV-22-09). Como en las anteriores muestras, la frase se puede construir de dos maneras, o con el circunloquio «es por eso por lo que (o 'por lo cual')» o, llanamente, «por eso reclamamos responsabilidad compartida». Y responsabilidad en la redacción.

Luego de una corta ausencia, regresó a las páginas de LA PATRIA el doctor Jorge Raad Aljure, y, con él, 'el humano', palabra con la que se refiere al 'rey de la creación', al 'ser humano', a saber, al 'hombre', término este último que, muy a pesar de las feministas a ultranza y de los borregos que las siguen, incluye a la mujer. Alguna vez le conté once veces en el mismo artículo el latiguillo aquel. En su columna del martes, 21 de abril, echó mano de él cinco veces. Comienza su artículo con esta oración: «Desde tiempos inmemoriales, el humano ha agredido al humano…». Y más adelante: «…pero la imaginación cruel del humano…»; «…lo que significa el respeto por el humano…». Y, finalmente, esta amatista: «…a nombre de nadie (…) un humano tiene derecho a infringir daño a su semejante». Paso por alto el uso de 'infringir' (violar una ley) por 'infligir' (causar daño), porque esto seguramente no fue otra cosa que un lapsus cálami o, mejor, machinae; y la expresión 'a nombre de' que, en este caso, debe ser 'en nombre de' («El paquete llegó 'a nombre de'…», es construcción diferente). El término 'humano', como parte de la oración, es un adjetivo calificativo, que debe ir siempre acompañado del nombre respectivo, por ejemplo, 'el ser humano', 'la condición humana', 'el género humano', 'el respeto humano', etc. No obstante, como todos los adjetivos, éste también se puede sustantivar, que es, al fin de cuentas, lo que hace el redactor. Pero, para bien de la literatura y beneplácito de los lectores, no se debe abusar de esta figura retórica. Bueno es culantro, pero no tanto, señor.

En el mismo artículo encontré las siguientes frases: «…reconociendo que esa medida les otorga garantías a los enemigos de esa Nación, y que aún así no se aplique»; «Aún sin el remedio, en nombre de nadie (…) un humano tiene derecho…»; «…las coberturas y la calidad (…) en educación aún están distantes de lo ideal». Ya sabemos, doctor, que el adverbio 'aun-aún' tiene dos significados diferentes, que se conocen por la tilde. En las oraciones citadas, hay dos que no la llevan. ¿Cuáles? Le doy una pista: Cuando 'aun' se puede reemplazar por 'hasta', no lleva tilde; cuando se puede cambiar por 'todavía', sí la lleva. ¡Facilito!

Cuando algunos adjetivos numerales se sustantivan, como 'ciento' y 'mil', siguen las normas a que están sujetos los sustantivos, por ejemplo, la necesidad de una preposición cuando hay un complemento presente. La columna del padre Efraín Castaño, venero fecundo de mis apuntaciones, trae esta frase, tanto en la entradilla como en el texto: «Los poetas se han encargado de describir con belleza los miles perfiles de la tierra, los regalos que brinda al hombre como fecundo platón de maravillas» (LA PATRIA, IV-22-09). En esta oración se necesita la preposición 'de': «…miles DE perfiles…», como cuando decimos «un montón DE escombros», con lo cual se le quita la determinación a una cantidad numérica. Como adjetivo numeral, 'mil' es invariable: «Mil perfiles», ésta, sí, cantidad determinada. Elemental.

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