Noticias del español

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| Luz Nereida Pérez
Claridad (San Juan, Puerto Rico)
jueves, 31 de agosto de 2006

LENGUAJE BANCARIO

La banca y las finanzas, al igual que la contabilidad, representan aspectos esenciales, abarcadores e influyentes en el mundo de hoy. En nuestro poco original país se imita y se repiten conceptos básicamente estadounidenses tanto en cuanto a ofertas, como a servicios, productos y hasta en la burda traducción literal de conceptos. De ahí que en la expresión oral y escrita de los empleados bancarios encontremos aquí, allá y acullá calcos del inglés y usos incorrectos de nuestra lengua española. El mimetismo irreflexivo nos ha llevado no sólo a estos problemas de índole lingüística, sino también al ofrecimiento de productos o servicios que en nada se adaptan a nuestro estilo de vida, a nuestra verdadera realidad económica o a nuestra particular idiosincrasia.


En los mencionados campos, tan adheridos al mundo del dinero, es de uso frecuente, por ejemplo, el verbo reversar. Muy revelador, por cierto, de que quien lo usa no ha realizado el elemental acto de buscar el vocablo en algún diccionario de la lengua española. Entonces —y para su sorpresa— se enteraría de que reversar o revesar aplican al acto de vomitar o repetir la comida. Por lo que cabe preguntarse: ¿Por qué se vomitan los empleados de los bancos sobre el dinero de sus clientes? ¿Por qué se comen el dinero para luego tan mal digerirlo? Si siguen reversando en las cuentas de los clientes, ¿llegarán al extremo de deshidratarse?

Muy cerca de estas voces, en el diccionario, encontraremos el verbo revertir codificado como «volver una cosa al estado o condición que tuvo antes» y, en el Derecho, este verbo alude al volver una cosa «a la propiedad que tuvo antes, o pasar a un nuevo dueño». Claro, que no porque sea la voz aplicable al concepto financiero, vamos a utilizarla con los clientes porque éstos no tienen que conocer este tecnicismo. Al cliente se le habla en palabras sencillas y comprensibles sobre un ajuste en su cuenta o de lo que realmente implicó dicho ajuste: una retención o una devolución de dinero.

De igual modo, se alecciona a los gerentes bancarios de los modos que emplearán para atraer «prospectos» para el banco, sin darse cuenta de que los prospectos ya están en el banco y pueden verse en los mostradores y en las mesas de las salas de espera de la sucursal. Allí están los prospectos sobre préstamos hipotecarios, sobre alquiler de autos, préstamos personales, tarjetas de crédito, etc. El sustantivo masculino prospecto proviene del latín prospicere (mirar, examinar) y aplica al «papel o folleto que acompaña a ciertos productos, especialmente los farmacéuticos, en el que se explica su composición, utilidad, modo de empleo, etc.» También se define como «exposición o anuncio breve que se hace al público sobre una obra, un escrito, un espectáculo, una mercancía, etc.». De donde se deduce que lo que se busca para la institución financiera no son prospectos, sino clientes potenciales o tal vez futuros o probables clientes.

De igual modo, y por traducción literal del inglés, es de uso común en el campo financiero el aludir a las cuentas atrasadas, morosas o en demora como «cuentas delincuentes». Ello sin percatarse de que existen en español las expresiones sencillas y comprensibles para aludir a ello —como las antes citadas—, ya que en nuestra lengua materna, lo delincuente es lo que está fuera de la ley. ¿Y qué tal les parece el concepto «originación del préstamo»? ¿Conoce usted la «originación» de sus problemas? ¿Cuántas teorías conoce sobre la «originación» del mundo? ¿No se tratará de la sencilla palabra origen? ¿No será, pues, el origen del préstamo, la etapa preliminar o inicial del mismo o alguna otra expresión que denomine con claridad, sencillez y corrección a qué momento en el proceso de obtener un préstamo se refieren?

¿Qué tal si «aperturamos» una cuenta? ¿No será acaso abrirla o hacer apertura de ella? El nuevo Diccionario panhispánico de dudas señala que:

A partir del sustantivo apertura se ha formado el verbo aperturar, que ha empezado a utilizarse en los últimos años como equivalente de abrir. Es especialmente frecuente en el lenguaje bancario, donde se ha puesto de moda la expresión «aperturar una cuenta», en lugar de «abrir una cuenta». Su uso no está justificado y debe evitarse.

Y ni qué decir del archifamoso y tan comentado —en éste y otros espacios lingüísticos— y/o. Tanto que insistió el lingüista español Fernando Lázaro Carreter en la incorrección de su uso en su espacio periodístico El dardo en la palabra. Cuánto nos aleccionó sobre el hecho de que el español no hace coordinación de coordinadores, mientras que el inglés sí lo hace. Cuánto ridiculizó su uso para así curar del mal a quienes irreflexivamente lo emplean. ¿Y la banca? Muy bien, gracias. Ni se enteran de ello. Sencillamente trate de hablar empleando el dichoso y/o y verá lo ridículo que es. ¿Irá a llover y/o a diluviar? ¿Quieres bacalaítos y/o alcapurrias? ¿Le apetece comer flan y/o bizcocho? ¿Quiere vender y/o donar el objeto? ¿Quiere seguir leyendo y/o pasa a la próxima página?

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