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Marta Ortiz Ginestal 

20 Minutos.es

¿LENGUA SUCIA O CON LUSTRE?


· Los académicos Soledad Puértolas y Gregorio Salvador nos abren las puertas de la Real Academia Española.



· Debaten y opinan sobre una cuestión que lleva siglos presente entre los expertos: el futuro de nuestra lengua.


 

La voz de la escritora Soledad Puértolas suena risueña, jovial, feliz. Hay quien dice que la cara es el espejo del alma, pero lo cierto es que en esta zaragozana de 65 años no es el rostro, sino la voz, la que desvela un carácter que ha dado unos años de ventaja al devenir físico de la edad, más propenso, quizás, a fortalecer el temperamento. Con el agradable temple que la caracteriza, accede gustosamente a que la entrevistemos como miembro de la Real Academia Española, a pesar de que ella «no se considera una experta lingüista, sino solo una escritora que fue invitada a formar parte de una gran institución» hace algo más de un año. 

Desde entonces comparte ocupación, entre otros, con el lingüista Gregorio Salvador Caja, el hombre de pelo cano que posa una mano sobre su hombro en la imagen. Él, que gusta definirse como «académico profesional y especialista de la lengua», ingresó en la RAE mucho antes que ella, en 1987, aunque ni ser hombre ni los años de antigüedad presuponen mayor reconocimiento dentro de la Academia.

Ambos forman parte de una institución que desde 1713 ha querido albergar el saber y la experiencia, por un lado, de lingüistas expertos, pero, por otro, de científicos y creadores, quienes para Soledad son los que realmente «experimentan con la lengua, los que están a la vanguardia de ella y la tratan, quizás, con menos reverencia y más naturalidad».

Ni siquiera esta heterogeneidad de miembros siembra la disputa en los plenos. Es entonces cuando los 46 académicos de número —o al menos la mayoría de ellos— se reúnen para debatir cuestiones que atañen a nuestra lengua, aquella que se forjó española y poco a poco se convirtió también en americana. «Generalmente en la Academia no hay grandes desacuerdos», afirma Gregorio Salvador.

No obstante, cuando se debate en torno a la entrada o no de un vocablo en el diccionario, Soledad Puértolas confiesa que se invierten todas las horas que hagan falta hasta que todos están de acuerdo. «A veces llegamos a emplear una tarde entera en la discusión de un único vocablo. ¡Se producen verdaderas pasiones en torno a ciertas palabras!».

Álvaro Pombo, Premio Nadal, Premio Planeta y también miembro de la Academia, escribió en su Twitter: «La RAE tiene un carácter notarial: da fe de la existencia de un uso lingüístico, con un lógico y prudente retraso». Retraso que su colega Gregorio Salvador achaca a la propia metodología de la aceptación de neologismos: «Hay que demostrar que las palabras nuevas se utilizan habitualmente durante seis o siete años, y que escritores de prestigio las escriben en sus obras».

 

Préstamos lingüísticos

 

Quizás debido a ese periodo de transición,  muchos echan de menos la presencia de ciertos términos en el diccionario, aunque entre los académicos hay opiniones variadas. «¡El diccionario contempla demasiados extranjerismos! Hay demasiadas incursiones en la lengua», exclama Salvador, que a sus 84 años de edad y después de 25 en la Academia ha visto pasar ante sus ojos una larga lista de variaciones en un diccionario que cada vez contempla más préstamos lingüísticos, procedentes, sobre todo, del mundo tecnológico e informático.

Soledad Puértolas, en cambio, busca la equidad en la aceptación de neologismos: «No hay que pasarse, pero yo busco un equilibrio». Ella misma, que ha propuesto una nueva acepción para la palabra 'tunear' («tunear lo dice todo, significa adaptar algo»), se confiesa bastante permisiva con la propia ortografía: «No pasa nada por tener una falta de ortografía. Hay que tener unas reglas, eso es lógico, pero uno puede tener una gramática impecable y sin embargo tener alguna falta de ortografía, que está mucho más en la superficie».

Salvador Caja, por el contrario, se muestra más férreo y reconoce que la juventud está «muy ayuna en conocimientos ortográficos y de expresión», algo que sin duda repercutirá en su futuro.

 

Limpia, fija y da esplendor

 

Así reza el eslogan de una academia que en 2013 cumplirá 300 años y que en el S. XVIII pensó que con el español «ocurriría como con el latín en Europa, que se disgregaría en diferentes lenguas», cuenta Gregorio Salvador. Ahora el lema es solo una fidelidad histórica, porque es difícil distinguir lo que ensucia de lo que le da lustre a la lengua, ya que la Academia no trata de limpiar, sino de «mantener la unidad lingüística de todos los hispanohablantes», continúa.

Y es que esta homogeneidad puede verse amenazada por el otro gran gigante de la lengua, el inglés, cuya frontera geográfica con el español ha desembocado en la creciente potencia del spanglish. «El spanglish no es nada más que lo que hablan los hispanohablantes emigrados a EE. UU. que aún no saben inglés, o viceversa», afirma tajante el lingüista granadino. Soledad Puértolas, por su parte, prefiere mantenerse al margen: «No sé cuál sería la opinión de la Academia con respecto al spanglish; qué va a decir, pues que crezca de forma natural».

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