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Andrés Valdés

www.diarioinformacion.com

Martes, 27 de marzo del 2012

Lengua, inglés y prostitución


Los catedráticos Manuel Alvar y Félix Rodríguez muestran en la universidad la influencia de las prostitutas y de la lengua de Shakespeare en palabras y falsos anglicismos que se usan en el idioma


El español actual debe parte de su riqueza a dos fuentes insospechadas: el llamado 'oficio más antiguo' y el idioma de la Gran Bretaña. Manuel Alvar, miembro de la Real Academia Española y el catedrático de la UA Félix Rodríguez analizaron en la Universidad de Alicante las aportaciones de ambos universos al léxico castellano.

El español ha tomado prestado muchas palabras y expresiones de uso cotidiano de dos fuentes tan diversas como son el mundo de la prostitución y el idioma anglosajón. La UA ha acogido días atrás las jornadas Neologismos, falsos anglicismos y léxico especializado en las XIV Jornadas de Estudios de Lingüística en homenaje a Covarrubias en la UA, en las queel catedrático de Lengua de la Complutense y miembro de la RAE Manuel Alvar Ezquerra y el catedrático de Filología inglesa de la UA Félix Rodríguez referenciaron muchos ejemplos de esta influencia en sus conferencias.

Meretriz, celestina, carcavera, barbacanera, cabra, mula o loba son algunos términos que se usaban en el siglo XVII español para decir prostituta y en, muchos casos, especificar «cómo prestaba sus servicios», como explicó el académico Alvar. El catedrático ha recogido estas muestras «fundamentalmente de los diccionarios de Antonio de Nebrija y Sebastián de Covarrubias», así como en algunos glosarios de español «franceses y también alguno inglés». De ahí salió el material para su ponencia Para la historia del léxico marginal: los nombres de las prostitutas en el Siglo de Oro.

Porque en este orden social en el que «eran los Reyes Católicos quienes cobraban los impuestos de los burdeles», el ejercicio de la prostitución y del lenocinio estaba tan extendido que las rameras de más edad «acababan trabajando de alcahuetas o celestinas» mientras que las prostitutas más jóvenes y en ejercicio tenían «nombres distintos según su lugar de trabajo». Así, Alvar distingue entre las barbacaneras, que esperaban a los soldados debajo de los torreones de las murallas, las carcaveras, que consolaban a los viudos en las fosas de los cementerios e incluso la meretrix, prostituta «casi honesta» o de «alto standing»", que tenía «sólo dos o tres clientes de buen nivel».

«Era un oficio muy regulado: se llamaban mujeres públicas porque algunas ejercían de pueblo en pueblo buscando en los establecimientos a sus clientes, siempre después de haber pagado una tasa a la administración pública, es decir, al municipio», explica Alvar.

En el homenaje a Covarrubias, autor en 1611 de uno de los primeros diccionarios del español, el Tesoro de la Lengua Castellana o Española, el catedrático Félix Rodrígez, lexicógrafo del Diccionario del Sexo y el Erotismo, aportó por su parte ejemplos de «palabras que parecen tomadas del inglés» y que sin embargo no se usan en la lengua de Shakespeare.

Es el sorprendente y conocido caso de autoestop, una forma de viajar que en inglés se dice hitchhike, ejemplo que Rodríguez compara con el del audífono o sonotone, que «en inglés es hearing aid».

«Cuando la pelota toca la red en tenis se dice let, pero nos ha sonado lógico que sea net, red, por lo que lo decimos así». Sustituir su fonética no es la única manera de crear «falsos anglicismos», apunta Rodríguez. Uno de los mecanismos habituales para construirlos es el de abreviar incluso más que los ingleses y decir clériman en vez de clergyman suit para el traje de los curas, pádel en lugar de paddle-tenis o córner en vez de corner kick. Rodríguez define este sistema como «seudoanglicismos semánticos».

También existen falsos anglicismos relacionados del mundo de la prostitución, como night club, que «para ellos es más un cabaret de espectáculos, mientras que nosotros lo hemos convertido en un fino y sofisticado burdel».

Rodríguez ve también «formaciones híbridas como by the face (por la cara) o por si las flies (por si las moscas), e incluso invenciones sin base inglesa como qué heavy o montar un show.

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