Noticias del español

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| María Luisa García Moreno
Exclusivo, Cuba
Martes, 2 de septiembre del 2008

LENGUA E IDIOSINCRASIA

Buena parte de la sociedad cubana critica la forma en que hablan los jóvenes y juzga la salud de nuestro idioma a partir de ese rasero, lo cual enmascara dos problemáticas: la eterna existencia de una variante juvenil más informal y la diferenciación entre educación e idioma; aunque, evidentemente, la mala educación formal permea todas las formas de expresión de un individuo, incluido el uso del idioma.


La juventud en todos los tiempos se ha caracterizado por una peculiar forma de hablar más informal, que la acompaña desde la secundaria hasta el final de la carrera, con variaciones para cada período. En la medida en que estudiantes de tecnológicos o universidades se van graduando e inician su vida laboral, parte de esas palabras y expresiones van quedando atrás de un modo inconsciente, pues entran en un mundo donde coexisten personas de variadas edades y eso los obliga a expresarse con más formalidad.

No puede olvidarse el contexto en que se hace uso de la lengua; si un joven —o un adulto— muy educado y correcto intentara expresarse entre sus iguales y en situaciones informales de una manera muy formal, haría el ridículo; lo mismo ocurriría con quien en un contexto formal, clase o conferencia, intentara introducir una fraseología excesivamente popular.

Una reciente investigación acerca de la manera en que se expresan los jóvenes estudiantes de la Universidad de La Habana reveló un grupo de vocablos y frases que, aunque se caracterizan en ocasiones por su vulgaridad, ponen de manifiesto la gran imaginación que caracteriza a esas edades.

Veamos algunos ejemplos: fue un chícharo (o un quilo) significa que el ejercicio, actividad o prueba que se intenta caracterizar estaba muy difícil; va a re quiere decir que la persona en cuestión va a revalorizar alguna asignatura; saqué dupa se utiliza en lugar de «estoy suspenso», probablemente por incorrecta realización de dupla, y estamos en el lago de los cisnes implica una analogía entre la figura del cisne y el número dos y se emplea fundamentalmente cuando hay un desaprobado grupal.

Otras, un poco más vulgares por la incorrecta pronunciación, tienen algunas veces mayor permanencia en el tiempo y caracterizan el habla estudiantil desde hace varias generaciones. Es el caso de: bota’o, que significa desconocimiento; fundi’o, que indica agotamiento; escapa’o, que alude a la inteligencia o dominio perfecto de una materia; hazme el do, frase que se emplea para pedir compañía; la jugada está apretá, se refiere a una situación difícil; estás mare’a, refleja distracción. La frase saludo ¿qué bolá’? ha ganado mayor permanencia a través del tiempo y es utilizada por personas de disímiles edades, siempre en un contexto muy coloquial.

En ocasiones, la vulgaridad procede más que de la intención del hablante, de la asociación con el uso que se le da a determinada frase por parte de otros hispanohablantes, así ocurre con nos cogemos, que en nuestros jóvenes se emplea para acordar un encuentro y no con la connotación sexual que le dan, por ejemplo, los españoles.

Otras expresiones evidencian una traslación de sentido, a manera de metáforas muy coloquiales como cuando se usa mortal como sinónimo de genial o muy bueno; echarse, en sustitución de los verbos leer, estudiar, ver, comer en frases como me eché una película (o una pizza); bajando, en vez de irse o eres un pestífero, en vez de «eres un comelón (o un glotón)».

Puede ocurrir que la palabra simplemente no exista, como se aprecia en te cogió el chequetdaun, usada para indicar infortunio, mala suerte, o en dischava’o, empleada con dos acepciones totalmente ajenas una a la otra: para indicar certeza o pérdida de prestigio. Esta palabra resulta muy similar al cubanismo —recogido en el Diccionario de la Real Academia Española— deschabar, que significa «hablar mal de alguien» o «comportarse con desenfado y atrevimiento en determinada situación», acepciones que en nada se acercan a la empleada por los jóvenes.

La lengua es un organismo vivo y es, sobre todo, un reflejo de la idiosincrasia de cada pueblo. Es por eso que, a pesar de que entre 450 y 500 millones de personas hablan el español como primera y segunda lengua, cada nación, región o grupo social tiene su propia variante. No sería lógico que el cubano —alegre y jaranero, pícaro y simpático, imaginativo y vivaz— afectara gravedad en su forma de hablar.

Según el reconocido hispanista Manuel Seco, «La lengua es de la comunidad que la habla, y es lo que esta comunidad acepta lo que de verdad 'existe', y es lo que el uso da por bueno lo único que en definitiva 'es correcto'».

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