Noticias del español

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| Francisco Bejarano
Diario de Jerez, Andalucía (España)
Martes, 23 de septiembre de 2008

LENGUA DE CAMUFLAJE

Álex Grijelmo, en su Defensa apasionada del idioma español, pone unos ejemplos del lenguaje políticamente correcto, invento norteamericano que ha tenido mucho éxito en España, tomados a su vez del Diccionario de lo políticamente correcto, de Henry Beard y Christopher Cerf. He aquí algunos: «gordo» (persona de diferente tamaño), «proaborto» (proelección), «calvicie» (desventaja capilar), «dentadura postiza» (dentadura alternativa), «recuperación de asignaturas» (preparación adicional).


Todo empezó cuando las innumerables minorías de Estados Unidos protestaron y pelearon para desterrar del lenguaje coloquial y público locuciones hirientes para ellos («sucio negro», «perro judío», «indio salvaje» y otras muchas frases hechas, corrientes todavía en privado), pero no la supresión de las palabras «negro», «judío», «indio» y un sinfín de ellas cuando tratan de describir y no de agraviar.

Mientras las reclamaciones venían de las minorías agraviadas y se dirigían a la mayoría dominante norteamericana, era justo aceptarlas; pero cuando la cultura más poderosa (blanca, anglosajona y protestante) se apoderó de la idea para su conveniencia política, la amplió y saco de quicio, lo que en un principio era de justicia se convirtió en un monstruoso galimatías que no ha terminado aún de formarse. El poder dominante tomó para sí unas reclamaciones en su contra y se la devolvió a las minorías centuplicadas. No hay defecto físico, carencia, raza, enfermedad o rasgo personal (ser bajo, gordo, calvo, tuerto, manco, torpe o viejo) que se pueda usar como burla o agravio sin una nueva descripción, con lo cual se dejan las cosas como estaban: cuando una cultura dominante impone algo desde arriba, aunque nacido contra ella, es porque le beneficia, en este caso mantener las injusticias no nombrándolas.

Lo que en inglés es más ridículo que malo, en español resulta un gran embrollo por la complicación de sus reglas y de su morfología. Huelga ya repetir que el empleo del masculino y el femenino juntos en los discursos políticos para que las mujeres no se sientan excluidas es incorrecto, erróneo, feo, fatigoso, pobre e inculto. Se ha dicho de todas las maneras, de viva voz y por escrito, por escritores de talento y lingüistas eminentes sin que haya servido de mucho. Y esto, que no se sale de la pura fealdad, no es lo más grave, lo peor es el distanciamiento entre el lenguaje administrativo y de los foros políticos y el de los votantes, la niebla que se extienden entre ellos. La claridad no aprovecha a la clase política porque los votantes se enteran de sus intenciones. Vayan dos ejemplos tomados de Grijelmo: «unidad de módulo educacional» (alumno), «unidad elemental de atención sanitaria» (paciente, enfermo), verdaderos artefactos lingüísticos para mantener a los débiles en la inopia.

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