Noticias del español

|

| Jacobo Zabludovsky
vanguardia.com.mx, México
Lunes, 27 de julio del 2009

LENGUA

Del 2 al 5 de marzo la ciudad de Valparaíso, Chile, será una especie de capital mundial de nuestro idioma.


La Real Academia Española y el Instituto Cervantes organizan un Congreso Internacional de la Lengua Española, como parte de los festejos del Bicentenario de las Repúblicas americanas. Serán presidentes de Honor el rey Juan Carlos y la presidenta de Chile. La RAE, la Asociación de Academias de la Lengua Española y el IC, me invitaron y acepté participar en el panel titulado «Migraciones y medios de comunicación». Los otros ejes temáticos de la reunión llamada «América en la lengua española», a la que acudiremos 200 ponentes, serán «América y nuestro idioma»; «Lengua española: política, economía y sociedad»; «Lengua y educación» y «Lengua y comunicación».

Habrá mesas redondas, recepción de ponencias, sesiones plenarias y estudios simultáneos.

Los cuatro congresos anteriores son memorables por distintos motivos: 1997 en Zacatecas; 2001 en Valladolid; 2004 en Rosario y 2007 en Cartagena de Indias. Asistí a los dos primeros.

El de Zacatecas comenzó para mí al abordar el avión en el que viajé por casualidad con Gabriel García Márquez. Íbamos a lo mismo. Desde el despegue en la Ciudad de México Gabriel me reveló su ponencia, que habría de convertirse en la central del congreso y de la que aún se habla. Era una propuesta para modificar la ortografía y hacer más fácil escribir y hablar el español. Algunos la consideraron un sacrilegio. Otros una broma. Se acordó, sin embargo, que era digna de estudio. No en balde el autor es uno de los escritores que mejor han dominado su principal herramienta de trabajo: el idioma español. Un maestro daba cátedra y todos escuchábamos con respeto la lección que en ese congreso quedó para la historia.

Como quedó el de Valladolid, pero no por el ingenio de un ponente sino por la ignorancia de un orador, tan distante de Borges que ignoraba que Borges no se llamaba Borgues, sino Borges. Cuando lo escuché en ese teatro creí que mis vecinos de palco voltearían a ver mi vergüenza. En un acto de misericordia, que se agradece, unos fingieron sordera y, otros, desconcierto. Algunas sutilezas definen a un personaje o a un gobierno. Una g suave en un escenario de esa dimensión fue un presagio ineludible. Los mexicanos todavía no nos reponemos.

Un increíble y olvidado antecedente de estos congresos tuvo lugar en la Universidad de Salamanca cuando Televisa organizó en 1980, con motivo del décimo aniversario de mi noticiero 24 Horas, un encuentro sobre la «Unidad y variedad de la lengua española». Durante tres días y tres noches, del lunes 8 al miércoles 10 de septiembre, en las aulas y patios de Fray Luis de León, Antonio de Nebrija y don Miguel de Unamuno, se reunieron escritores, filólogos e investigadores como Dámaso Alonso, presidente de la RAE; Pedro Amat, rector magnífico de la Universidad de Salamanca; Juan Rulfo, Juan José Arreola, Miguel Delibes, Fernando Lázaro Carreter, Luis María Ansón, Silvio Zavala, José Luis Martínez, Hugo Latorre Cabal, Francisco Monterde, Gonzalo Torrente Ballester, Andrés Henestrosa, Torcuato Luca de Tena, Francisco Umbral, Álvaro Mutis, entre otros. Ningún noticiero de televisión en el mundo ha celebrado su cumpleaños con una fiesta así.

Víctor García de la Concha, entonces profesor en Salamanca y hoy director de la RAE, fue moderador de mi ponencia titulada: «El idioma español como vínculo de unión». Entre los participantes tuve a Camilo José Cela. Con ambos establecí aquellos días una estrecha amistad. La de Víctor sigue hasta hoy. La de Cela, firme y tempestuosa como su carácter, terminó con su muerte. Expuse mi tema en el Aula de la Columna, entre muros donde aún resuena el eco de frases como «Decíamos ayer», o: «Podráis vencer pero no convencer». Las oí emocionado y las recuerdo junto a las de Camilo y Víctor, en una mezcla de épocas, fruto de la misma magia que hizo posible una reunión como ésa.

Nunca he recibido recompensa más plena por un trabajo profesional. ¡Qué regalo de cumpleaños! Pronto se cumplirán 30, pocos para que el tiempo venza al recuerdo. Llevaré a Valparaíso las enseñanzas de aquel otoño.

Antes, para refrescar lo aprendido, buscaré en la nostalgia los caminos del Lazarillo de Tormes o del licenciado Vidriera, viejos compañeros a quienes conocí en Salamanca mucho antes de cruzar por primera vez el puente romano donde el caminante se detiene, según me detengo ahora, para ver la Torre del Gallo de la Catedral Vieja como silueta en el paisaje y entraremos a El Candil y pediré corderillo asado y un vaso de vino para brindar con mis amigos.

Algunas sutilezas definen a un personaje o a un gobierno. Una g suave en un escenario de esa dimensión fue un presagio ineludible.

¡Hola!

¿Has buscado tu consulta?

Si no la encuentras, rellena nuestro formulario: