Noticias del español

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| Sara Araújo Castro
elespectador.com, Colombia
Sábado, 24 de marzo del 2007

¿LE PROVOCA EL ESPAÑOL?

Los aportes de los colombianismos al idioma, tema de debate entre académicos y escritores.


Cuando aquí un mesero se acerca y pregunta: «¿Le provoca un tinto?», ofreciendo un café a un grupo de españoles y latinoamericanos, la pregunta resulta insólita porque los presentes responden con otra pregunta: «¿Repudia un vaso de vino tinto?». Igual de insólito resulta cuando uno viaja y pide en el exterior que le «regalen» las cosas, cuando en realidad quiere simplemente que le sirvan. «Esta manera sorprende y resulta en ocasiones ofensiva», afirma Edilberto Cruz, lexicólogo bogotano, miembro de una de las 22 academias que han estado reunidas en la capital antioqueña para presentar la Gramática panhispánica de Medellín.

Estas diferencias en el modo de expresarse, los colombianismos y regionalismos, los problemas del idioma y los temas relacionados, como la literatura y el periodismo, entre otros, se han convertido en protagonistas durante esta semana. La ciudad, volcada a calles, museos y auditorios bajo el lema «Medellín, una ciudad para leer», ha respondido al reto de servir de huésped para dos de los certámenes previos al IV Congreso de la Lengua, que empieza en Cartagena el próximo lunes: la reunión de rectores de universidades convocada por el Instituto Cervantes y las sesiones cerradas de las academias de la lengua. Una verdadera fiesta de la palabra.

En este escenario, que pretendía ser la antesala del IV Congreso de la Lengua en Cartagena, pero que se convirtió en una celebración por cuenta propia, el tema obligado es el español y, con éste, los giros del español colombiano.

«Una lengua es una entelequia, un ente virtual. El español de cada país es un dialecto», afirma el secretario de la Academia Colombiana, Jaime Bernal. Por esto, cada región hace numerosos aportes al idioma, aunque haya una raíz común. En el caso colombiano, para Bernal, el mayor aporte de nuestro país al español está resumido en un libro que nació a mediados de los años 60 y que se ha reeditado en varias ocasiones. La última de ellas estará lista en abril. El Diccionario de colombianismos recoge nuestro aporte al español», concluye Bernal.

Allí aparecen las palabras nuestras, esas que llegaron en tiempos remotos y se fueron transformando en palabras nuevas como berraco, que existe sólo en Colombia porque verraco (palabra original y aún usada) es un cerdo macho, mientras que nuestro significado hace alusión a la valentía o temple. Están también aquellas que nacieron de la creatividad de los pueblos, como juruminga, que en la región de Valledupar significa alboroto, o flequetear, que no es otra cosa que coquetear.

Este esfuerzo es de la Academia, pero yo diría que Colombia es uno de los países con más diccionarios de regionalismos —continúa Bernal—. Cuando estuve en el Caro y Cuervo, editamos el libro de Consuelo Araújo Lexicón de Valle de Upar, un gran esfuerzo que también han hecho otros autores, como el cartagenero Mario Alario di Filippo, autor del Lexicón de colombianismos, o Luis Alberto Acuña, autor del Diccionario de bogotanismos».

Por su parte, el lexicógrafo y también académico Edilberto Cruz, quien expondrá en Cartagena sobre la importancia de la unidad en el lenguaje científico y especializado, considera que «el mejor aporte ha sido de don Rufino José Cuervo. Su libro Las apuntaciones críticas del lenguaje bogotano fue un primer paso para que la Academia modificara buena parte de los vocablos allí registrados. Luego vendría su diccionario, que no terminó». La necesidad de culminar la obra que Cuervo dejó en dos tomos, dio origen al Instituto Caro y Cuervo, cuya primera misión fue redactar los siguientes, labor en la que participó Cruz.

Ya desde otro punto de vista, algunos de los escritores colombianos que participaron en el encuentro «El paseo de la palabra» estuvieron de acuerdo con que en la obra de García Márquez y en el ritmo que se le da al español en Colombia están los principales aportes de nuestro país al idioma. «Gabo aportó dos cosas que no estaban presentes en la literatura en español de nuestro tiempo: el ritmo que se da en el Caribe, puramente poético, y esa voz colectiva que surge porque él habla desde la oralidad, que es la voz de muchos», afirma Mario Mendoza.

Fernando Quiroz agrega que «el ritmo de la obra de García Márquez viene de su profunda relación con la música; no en vano dijo alguna vez que Cien años de soledad es un vallenato de 300 páginas». Y Juan Tafur incluye entre los mejores aportes al español dos obras colombianas: María y La vorágine.

Con estas voces y con una variada programación en Cartagena, Colombia habrá cumplido su misión de alojar lo mejor de nuestro idioma durante diez días.

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