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| Federico Romero
Revista española Entrelíneas, n.º 11: 26-29, 2009

LAS VOCES DE LA ELECTRICIDAD Y EL HABLA COMÚN

Si oímos a alguien decir «Me voy de vacaciones, a ver si recargo las pilas», no resulta necesario dar muchas vueltas a recargar las pilas para darnos cuenta de que estamos ante una expresión proveniente del ámbito de la electricidad que ha se asentado en el lenguaje común con un sentido metafórico: 'recuperar las fuerzas o la energía'. Y no es la única que lo ha hecho llevando en su composición la palabra pila: pensemos en poner las pilas a alguien ('impulsarlo o darle energías'), ponerse las pilas ('prepararse y ponerse en acción'), agotársele a uno las pilas ('acabársele las fuerzas'), desconectar o desenchufar las pilas ('dejar de prestar atención') y algunas más.


Por otra parte, la palabra pila es muchísimo más antigua que Alesssandro Volta. En la primera edición del Diccionario de la lengua española, la de 1737, se la define, entre varias otras acepciones, como 'el montón, rima o cúmulo de alguna cosa, como Pila de lana, de tocino, etc.'. De esta acepción proviene el nombre el invento de Volta 'un apilamiento de discos de cobre, zinc y paño o cartón humedecido', al que originalmente pensó denominar «órgano eléctrico artificial», nombre, sin duda, más vistoso. Por cierto, la primera acepción de pila relacionada con la electricidad que figuró en nuestro Diccionario ('Aparato que sirve para desenvolver la electricidad mediante el contacto de cuerpos de distinta naturaleza, como la de Volta y otras más modernas') es de 1869, sesenta y nueve años después de que el físico italiano comunicara a la Royal Society la noticia de su invento. Un término relacionado, batería, que del vocabulario militar había pasado al lenguaje común, apareció en la edición de 1884 con una acepción relacionada con la física ('Reunión de varias pilas que, comunicadas entre sí, producen grande acumulación de electricidad') y hoy se usa popularmente en frases parecidas a las citadas en el caso de pila: «Estoy bajo de forma, tengo que recargar las baterías».

Pila y batería, pues, son voces de uso común que se transforman en términos de especialidad; y esas nuevas acepciones dan origen a nuevos sentidos en la lengua general. Y es que el trasvase de palabras y expresiones entre el habla común y la terminología especializada es constante, hasta tal punto que, como veremos, muchas veces no está claro si una fórmula coloquial proviene de la segunda o de una evolución de la primera.

De la terminología eléctrica al lenguaje cotidiano

El lenguaje de la electricidad no ha dejado en nuestra forma cotidiana de hablar una impronta semejante a la de otras especialidades, como la tauromaquia, la religión, el deporte, la milicia o la náutica, pero ha hecho unas cuantas aportaciones muy expresivas que merece la pena recordar.

Para empezar por lo más remoto, el fenómeno eléctrico que en mayor medida ha impresionado desde siempre a los humanos es el rayo. Tan apabullante manifestación de energía incontrolable y velocidad, su capacidad destructiva, el hecho de que «provenga del cielo» y el carácter imprevisible de su descarga le hacen ocupar un puesto destacado en todas las mitologías, y forzosamente tenían que dejar huella en habla popular. Y, efectivamente, nos encontramos con el rayo, y su cohorte de relámpagos, truenos y centellas en locuciones como rápido como el rayo, raudo como una centella, ser un relámpago o el muy gráfico ir cagando rayos, para ponderar la rapidez o la prisa; dar un trueno o dar el trueno gordo, que se empleó desde finales del siglo XIX con el sentido de 'Decir o hacer algo que cause escándalo o tenga consecuencias desagradables'; ser un trueno, esto es, un 'Joven atolondrado, alborotador y de mala conducta'; caer o sentar como un rayo (muy mal); saber u oler a rayos (muy mal, también); escapar del trueno para dar en el relámpago, que equivale a huir del fuego para dar en las brasas, saltar de la sartén al fuego o a salir de Guatemala para ir a Guatepeor; echar rayos ( y centellas), por 'Manifestar gran ira y enojo'; el poco piadoso deseo ¡que te parta un rayo!, o la acepción de fulminar con el sentido de 'Aniquilar', ya que fulmen significa 'rayo' en latín.

Pero, al fin, rayo, relámpago, trueno y centella tenían su origen en la lengua general. Distinto es el caso de otros conceptos que se acuñaron en el ámbito científico y dieron lugar, luego, a acepciones extracientíficas.

La voz electricidad ('Materia sutilísima, y muy fluida, diversa de los demás fluidos por sus propiedades, y comunicable á todos los cuerpos á unos más que otros: produce varios efectos muy extraños, y uno de los más conocidos es el de atraer, y repeler los cuerpos leves, y la propiedad de los cuerpos que tienen esta materia. Esta voz y sus derivados se ha introducido modernamente') entró en el Diccionario en 1803, acompañada del verbo electrizar, que entonces solo significaba 'Comunicar electricidad a algún cuerpo', pero que en seguida pasó al habla común con el sentido de 'Exaltar, avivar, influenciar el ánimo de alguno'. La primera acepción estimuló la imaginación de los poetas, y, así, Juan Nicasio Gallego escribía en 1807 estos versos de altos e inspirados vuelos: «Si el mal te aqueja, / sueña al menos el bien; que al Dios del Pindo / no plugo en vano electrizar tu frente / con la chispa inmortal que endiosa al vate, / feliz destello de su luz preclara». Poco después, sin embargo, Mesonero Romanos lo emplea con el sentido de ‘exaltar’, un uso ya corriente e incluido en el Diccionario: «sus desganados sonidos no son cosa para electrizar a una generación educada al ruido del tambor y al humo de la pólvora […]».

Suerte parecida corrieron los verbos galvanizar, que acabó significando 'Dar vida momentánea a algo que está en decadencia', 'Reactivar súbitamente cualquier actividad o sentimiento humanos’, y magnetizar, que ha llegado a querer decir 'Hipnotizar' y también 'Atraer, fascinar a alguien'.

Metaforización de elementos técnicos familiares

Los artilugios, fenómenos y elementos relacionados con la electricidad que han dado origen a más expresiones del habla común son aquellos que, como las pilas y las baterías, ya mencionadas, tienen una relación más inmediata con la vida cotidiana de los hablantes.

No es de extrañar que los plomos ?por ejemplo?, que en los tiempos en que las instalaciones eléctricas eran más rudimentarias se fundían con maligna perseverancia, dejando a oscuras al usuario, dieran motivo a la utilización de la frase fundírsele (o saltársele) a uno los plomos para significar que se le había paralizado el cerebro. Con el mismo sentido se ha empleado también le ha saltado el fusible.

Una imagen de la que sacaron mucho partido los historietistas gráficos fue la contenida en la expresión se le ha encendido una bombilla, o se le ha iluminado la bombilla, para indicar que alguien había tenido una buena idea, frase que sigue diciéndose, aunque ya menos. La bombilla se ha usado asimismo como paradigma de calvicie: calvo como una bombilla o el grito ¡bombilla! empleado para escarnecer a los desprovistos de pelo.

Los apagones, muy frecuentes en tiempos no tan lejanos, también han visto utilizado su nombre con otros sentidos. Se usa apagón (en 1927, voz empleada en Cuba y México para aludir a una 'Extinción accidental y repentina de un alumbrado'; hoy, 'Interrupción pasajera del suministro de energía eléctrica') en fórmulas como apagón informativo, es decir, 'Silenciar en los medios de comunicación una noticia importante con intención de censura (indirecta) o por cálculo político'; apagón analógico, nombre que se ha dado al cercano cese de emisiones analógicas de los operadores de radio y televisión; apagón emocional, como se conoce a un síndrome que afecta a ancianos que han perdido las ganas de vivir; apagón informático, que quiere decir 'Fallo en los sistemas informáticos que impide la transmisión de información a través de las redes de Internet o intranet'; apagón, a secas, para referirse al acto de protesta consistente en que un gran número de personas apagan la luz a la vez, etcétera. En algunos de estos casos se trata de un nuevo uso técnico de la palabra, que se ha empleado para traducir la locución inglesa black out.

La expresión alto voltaje se utiliza para aludir a la potencia o el impacto emocional («Kate Perry exhibe su música de alto voltaje en Barcelona»; «Volver a Pavese, una experiencia de alto voltaje emocional») o erótico («La película tenía escenas de alto voltaje»). Con los mismos o parecidos significados aparece asimismo la locución alta tensión, aunque la mayoría de las veces se emplea como juego de palabras entre la alta tensión eléctrica y la elevada tensión anímica, deportiva, política, etcétera, que conlleva una situación.

El cableado eléctrico ha dado origen a la locución cruzársele a uno los cables, que puede significar desde que sufre una confusión momentánea, que se le ha nublado la mente o que se ha irritado hasta que se ha vuelto loco. Por su parte, cortocircuitar vale por 'Obstaculizar o bloquear algo', y con ese significado lo recoge el Diccionario.

¿Y qué pasa con enchufe?

Cuando he hablado a amigos y conocidos sobre palabras trasvasadas del mundo de la electricidad al habla coloquial, una de las que más pronto han aparecido es enchufe, en el sentido de 'Cargo o destino que se obtiene sin méritos, por amistad o por influencia política'.

A todos les parecía evidente que el verbo enchufar y el sustantivo enchufe, con este significado, habían de tener una relación directa con los dispositivos que tenemos en nuestras casas y que empleamos de continuo para conectar las lámparas, el lavaplatos, la televisión y los ordenadores; y, sin embargo, son un ejemplo de términos con un significado nuevo que no está claro de dónde proviene, si de la evolución de la lengua común o de la voz que el mundo de la electricidad tomó de esta e hizo propio.

Enchufar, a mediados del siglo XIX, era «Meter unos cañones dentro de otros, como sucede con los de las estufas, y con los arcaduces de las cañerías», y a finales de ese siglo, «ajustar la boca de un caño en la de otro»; las definiciones de enchufe son paralelas a esta significación de enchufar.

Solo a partir de 1936 el Diccionario académico incluye las acepciones de «Aparato que consta de dos piezas esenciales que se encajan una en otra cuando se quiere establecer una conexión eléctrica» (enchufe) y «Establecer una conexión eléctrica encajando una en otra las dos piezas del enchufe» (enchufar). Y en esa misma fecha recoge una nueva acepción de enchufe: «Cargo o destino que se obtiene por influencia política».

El Diccionario, como sabemos, tarda a menudo en incorporar palabras y significados con larga vida en el habla de la calle. El enchufe equivalente a 'sinecura' llevaba ya más de una década en boca de los hablantes españoles. En 1923, Unamuno escribía: «El intelectual, a la busca continuamente de eso que se llama enchufes, es como la alondra… Se va tras lo que brilla… Y no hay brillo como el del poderoso». ¿Se tomó, entonces, esta palabra del glosario de la electricidad o proviene de su sentido más amplio, 'Efecto de enchufar' o 'Sitio donde se enchufan dos caños'? No está nada claro.

Lo que sí lo está, en cambio, es que locuciones como echar chispas, quedarse a oscuras, apaga y vámonos, ser un iluminado, tener pocas luces…, que alguien poco prevenido podría relacionar con el concepto de electricidad y sus aplicaciones, son muy anteriores a uno y otras. No lo es, en cambio, una acepción moderna y popular de chispas: así se denomina coloquialmente a los electricistas.

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