Noticias del español

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| Ernesto Schoo
lanacion.com.ar, Argentina
Martes, 17 de julio del 2007

LAS SORPRESAS DE UN DICCIONARIO

Doña María Moliner no cesa de deslumbrarnos y sorprendernos con su indispensable Diccionario de uso del español, en dos robustos tomos. Por simple curiosidad, se nos dio por consultar, días atrás, la voz teatro. Tras informarnos de que ésta deriva del latín, theatrum, y del griego théatron (de theáomai,´contemplar), doña María derrama una verdadera catarata de palabras vinculadas a la actividad teatral. Una columna y media de asombrosas revelaciones, algunas de las cuales me parece oportuno compartir con los lectores amantes del teatro.


¿Sabía usted, lector, que un racionista es 'un actor de categoría inferior'? Pues entérese; de paso, proveemos de un epíteto más a la gente del oficio que suele arrojarse, en serio o en broma, sarcasmos alusivos a la mayor o menor importancia de cada uno. Una caroca es 'una decoración hecha de lienzos y bastidores, con figuraciones burlescas, alzada en las calles, sobre todo en Corpus'. También es (o era) 'una representación teatral bufa, semejante a los mimos antiguos'. Se trata, claro está, de los mimos característicos del teatro romano.

¿Y qué vendría a ser un arroje? Pues uno de los hombres que, en otros tiempos, 'se asían a las cuerdas maniobradas para subir el telón y, para ello, se arrojaban desde el telar'. El telar es, en este caso, la 'parte superior del escenario, donde quedan fuera de la vista del público los telones y bambalinas que desde allí se hacen descender al tablado cuando es preciso'. También se llama arroje al 'sitio del telar desde el cual esos hombres se lanzaban al vacío'.

Que ningún apuntador se ofenda si alguien lo llama consueta. Porque tal es uno de los nombres de su oficio, hoy casi desaparecido. El faraute era el actor encargado de recitar el prólogo, o loa, de la obra que a continuación se representaba. Y el verbo binar se refiere al hecho de representarse dos veces en un día, una misma obra. Un cubillo es 'una especie de palco que había en la embocadura del escenario, en los teatros de Madrid, debajo de los palcos principales'. Suena parecido a los palcos llamados baignoires, o 'palcos de viudas', ubicados a la altura del piso de la sala, ocultos por una reja detrás de la cual las personas de luto podían asistir a la ópera sin ser criticadas.

Ahora tropezamos con una palabra habitual en nuestro lenguaje cotidiano. Embolado es, en teatro, un papel desairado, o de poco lucimiento. Y un reventador —voz bastante cercana a nuestro actual reventado— es esa 'persona que va al teatro dispuesta a mostrar desagrado ruidosamente, para hacer fracasar la obra', lo cual nos lleva al famoso meneo, típico de una etapa del teatro español, cuando el público demostraba su rechazo con furiosos pataleos, abucheos y silbatinas que obligaban a bajar apresuradamente el telón

Otra palabra que, pese a su extrañeza, nos resulta familiar, es bululú. Gracias al inolvidable José María Vilches, aprendimos que se trataba de 'un comediante que iba por los pueblos representando él solo todos los personajes de una comedia, loa o entremés'. Durante muchos años, en la década del 70, Vilches ofreció las canciones, los poemas y las ocurrencias de su Bululú en Buenos Aires y en localidades del interior. Fue justamente en una de esas giras cuando el actor español murió, joven todavía, en un accidente en una ruta.

Para designar a los cómicos de la legua, a los trashumantes que iban de pueblo en pueblo llevando un repertorio que alternaba los clásicos con improvisaciones sobre la marcha, a la manera de la commedia dell arte, el diccionario de Moliner abunda en variaciones bastante curiosas.

Gangarilla era una 'antigua compañía de cómicos, compuesta de tres o cuatro hombres y un muchacho que hacía de dama'. Tal como los grupos que recorrían los caminos de Inglaterra en tiempos de Shakespeare. Pero si se trataba de 'cinco o seis hombres, una mujer, que era la dama principal, y un muchacho que hacía la segunda dama', entonces se llamaba garnacha (ignoramos su relación con la uva y el vino del mismo nombre), y ñaque, si eran solamente dos hombres los que hacían todos los papeles.

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