Noticias del español

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| Ricardo Espinosa “juan Recaredo”
El Siglo de Durango, México
Miércoles, 31 de enero del 2007

LAS PALABRAS TIENEN LA PALABRA: LOS ANIMALES Y SUS HIJITOS

Un enodio es un cervatillo, un ciervito chiquillo, de más de tres años pero que todavía no le hacen su fiesta de cumpleaños número seis, porque entonces ya pasa a ser simplemente un cervato, hasta que alcance su mayoría de edad en que pasa a ser un ciervo, con pleno derecho al voto y a tener mujer* perdón, a tener su cierva y que se acuerde que Dios le dijo: cierva te doy y no sierva.


Las crías de los animales por lo general tienen su nombre específico: sabemos por ejemplo que un cachorro es un perro de corta edad, aunque el término ya se ha hecho extensivo a otras especies, fuera y lejos de la especie canina.

Sabemos también que los hijos del caballo y la yegua son potrillos primero y luego potros antes de alcanzar su mayoría de edad, mientras que sus hermanas son las potrancas, los de la vaca son los terneros y las terneras o vaquillas y los del jabalí son los jabatos.

Pero la cría del salmón ¿cómo se llama? Ándale, ahí sí que me pescas en curva* Bueno pues el salmón chiquito es el esguín y la codorniz en su niñez se llama guarnigón, al menos con ese horroroso nombre lo reconocen los académicos de la Lengua.

El hijo del conejo es un gazapo, como se le llama también a un error periodístico porque ambos, tanto el conejillo como el errorcillo, se nos escapan sin querer queriendo. El chamaco del conejo es un gazapo pero el de la liebre es un lebrato y el del lobo es un lobato.

Con la misma terminación ato está la cría de la ballena que es un ballenato y que no debemos confundir con los vallenatos de la cumbia que se hacen llamar así, no porque sean hijos de una ballena sino porque nacieron en un valle* por eso son valle-natos.

Los que se llevan el aplauso de este día son los hijos de la perdiz que cargan con el nombre de perdigones, como si fueran los granos de plomo con los que algunos desalmados les tiran.

El caballo relincha y la vaca muge, eso ya lo sabemos. Pero ¿el cisne?

El cisne vozna (o también se puede decir que grazna) y cuando lo hace nos sorprende que de una figura tan grácil pueda salir tan sonoro berrido.

La marmota, en las pocas oportunidades en que permanece despierta, silba. Así se le llama a su voz y no por eso le vaya usted a pedir que le silbe Las mañanitas porque lo único que va a lograr es que se vuelva a dormir.

La langosta estridula, voz del verbo estridular que es lanzar un chirrido tan molesto como el que produce a veces el gis en un pizarrón de vidrio. La chicharra chirría y la liebre chilla* sobre todo si se da cuenta que usted quiere hacer con ella un guisado de liebre. En ese caso, si fuera liebre, yo también chillaría.

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