Noticias del español

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| Juan Recaredo
El Siglo de Durango (México)
Jueves, 16 de agosto del 2007

LAS PALABRAS TIENEN LA PALABRA: ¡CUIDADO CON LA MANO!

La mano es una palabra especial. Es una de las pocas palabras en nuestro idioma que, siendo del género femenino, terminan en «o» y eso causa muchas confusiones. Nosotros acostumbramos decir en diminutivo «la manita» pero hay muchos hispanohablantes que dicen «la manito» y aunque nos duela decirlo, creo que ellos tienen la razón.


La mano es un miembro del organismo de muy frecuente uso, y como palabra también tiene multitud de aplicaciones y derivaciones. Mandar, mango, manera, manojo, mancebo, maña y manubrio son algunas de las muchas palabras de nuestro sufrido idioma que tienen su origen en la mano. Bueno, quiero decir que tienen la madre en la mano, digo, que tiene como madre a la palabra mano.

El nombre de Ramón no se refiere a un ramo grandote, sino que nace de Ra Mund y mund, en idioma germánico viene siendo la mano que protege. O sea que a todos los Ramones y Raymundos se supone que les da por proteger a los indefensos y seguramente por cuidar a las viudas desprotegidas, sobre todo cuando tienen pesos de a montón.

Mancebo es un muchacho, un joven, pero en sus orígenes el mancebo era un servidor… No digo que fuera yo, porque ya ve que aquí en México tenemos esa costumbre de aludir a uno mismo como «un servidor». Me acordé de mi Tío Prosopopeyo que contaba de una novia que tuvo y a la que un día le propuso: «Quiero que te cases con un servidor», y me hizo caso —se quejaba el Tío—, se casó con un mesero.

El mancebo se llamaba así porque era un esclavo que ejecutaba la acción de servir y eso se simboliza como «hacer trabajo con las manos».

«Meter la mano» es intervenir en asuntos ajenos, aunque si le quitamos el artículo intermedio nos queda el «mete mano» que nunca falta en el metro con la aviesa intención de robarle a uno la cartera o darle una lúbrica tentada a alguna chica guapa que está «atada de manos» porque no puede defenderse.

Cuando alguien no pierde la oportunidad de hacer notar su autoridad y en todo mete la mano —así se dice, aunque ya sabemos que mete todo— y cuando hay intervención traicionera o subversiva se dice que hubo «mano negra».

Cuando un sujeto regresa a su casa después de una fiesta, muy alegre y lo detienen los del operativo antialcohólico le va a decir Mire nomás, viene usted hasta las manitas, mi estimado y si se rebela, que no se le ocurra levantarle la mano a un oficial porque ahí sí que ya no lo salva ni la mano de Dios. Tendrá que «embarrar» algunas manos con billetes para «ver cómo nos arreglamos, mi jefe, usté diga».

Hacer algo «mano con mano» es formar un equipo y cuando alguien necesite su ayuda le pedirá «échame la mano, ¿no?».

Hay muchas otras expresiones como «ser mano» que significa tener posición preferente principalmente en los juegos de azar. También «tener buena mano», «quedar a mano» o «estar a mano». O el hombre de negocios que apenas hace unos años llegó aquí con «una mano atrás y otra adelante».

Bueno, pues yo termino mi comentario dándole un adiós con la mano y recordando aquel refrán que es como una advertencia: «El que con su mano se lastima, que no gima». ¿Cómo dijo?

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