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Paché Merayo

www.elcomercio.es

Miércoles, 1 de junio del 2011

«Las palabras son lo que significan, pero también lo que evocan»


Convencido de que las tecnologías darán buen destino a la palabra, confiesa su dificultad al acatar las nuevas normas ortográficas José Manuel Blecua director de la RAE y jurado del Premio Príncipe de las Letras


Reputado filólogo y gramático, que ha enseñado las claves de la Lengua a varias generaciones de jóvenes dentro y fuera de España, se estrenó ayer como jurado del Príncipe de las Letras. Le ha llevado a él su nueva condición de director de la Real Academia Española (RAE). La misma que le mantiene «pegado» con 72 años a dos PDA (las apaga cortesmente para contestar estas preguntas). Ríe constantemente, sobre todo con los ojos, y tiene el don de la palabra, de la escrita y de la hablada, que lleva toda la vida mimando.

Hijo y hermano de filólogos, ¿cómo se inocula esa vocación?

-He vivido la enseñanza de la lengua y la literatura desde niño. Mi padre era nuestro profesor en el instituto y tenía dotes para capturar esa magia que permite al niño el goce de la literatura y el texto.

Un goce que le llevó a usted a la RAE, una academia que se encontró revitalizada. ¿Qué es más difícil alcanzar el éxito o mantenerlo?

-Tenemos una academia revitalizada, sí, con dimensión internacional y económica importantes. Con un conjunto de obras publicadas y de una significación social que antes no tenía. Detrás hay varias décadas de trabajo, varios directores que han hecho muy bien su trabajo. Creo, sin duda, que llegar ha sido más difícil de lo que será mantenerse.

-¿Por qué parece existir una carrera en el mundo que ganará el idioma que más hablantes tenga?

-Es una tradición que existe y no existía y que ha convertido la dimensión demográfica de la lengua en un bien valiosísimo, cuando es solo un dato más. Pero un dato que influye en el mercado.

-¿Al final todo es economía?

-Claro, el que aprende hoy español, mañana consumirá productos españoles, comprará un coche, verá películas de Almodóvar y leerá novelas de autores españoles.

Si hablamos de mercado, toca mentar la crisis. Recomiéndeme una palabra contra ella.

-La austeridad es muy conveniente. Ya lo decía don Miguel Delibes al entrar en la Academia. Su discurso de ingreso se basó en una idea de progreso contraria a una sociedad consumista y despilfarradora. El mensaje sigue siendo el mismo.

Dígame otra palabra que le guste especialmente.

-Diálogo. Creo que hay que fomentar el intercambio de ideas, siempre con palabras adecuadas y correctas.

No usar las correctas puede levantar polémica. En el Diccionario Biográfico se dice que Franco era autoritario y no totalitario. ¿No son, en el fondo y gramaticalmente hablando, un poco lo mismo?

-No se puede generalizar. Tenemos 400 millones de palabras con riquísimas connotaciones. Es un error hacer un análisis sin reflexión. Lo que ocurre es que las palabras tienen su significado, sí, pero también sus connotaciones y tienen una importante dimensión emotiva. Las palabras no tienen significado tan preciso que se puede cortar con un cuchillo. Son también lo que evocan.

-¿Al contar la historia hay que tener en cuenta esas dos medidas?

-Los historiadores tienen la misión de hacer que vivan en determinada manera determinadas personas. Y eso es una gran responsabilidad.

El Ministerio de Educación ha dicho que analizará y pedirá rectificación. Las academias son órganos independientes. ¿Acataría usted una orden así de fuera?

-Felizmente nuestra academia nunca estará en esa situación. Casi lo puedo asegurar.

-¿Usted se ha tenido que corregir a sí mismo para acatar no ya órdenes externas, sino internas, como las de la nueva ortografía?

-Sí, claro que me he tenido que corregir. Algunas me están costando y es que las reformas a las personas mayores nos cuestan un montón.

-¿En su caso se ha visto poniéndole de nuevo acentos a guion?

-No, lo que más me cuesta es lo relacionado con los nombres propios.

Se pone del lado de los mayores para afrontar reformas, pero no para seguir de cerca las nuevas tecnologías. Va con su PDA a todas partes, dicen que tiene un iPad y que es amigo del libro digital.

-Le confieso que creo que son una servidumbre y yo llevo dos PDA conmigo siempre. Una es la de la academia. Lo del iPad, lo compre, sí, pero fue para mi mujer.

-¿Teme por la longevidad del libro de papel?

-No. Creo que a la larga habrá una caída, pero no llegará a ser sustituido. Creo que se puede comparar con lo que les pasó a los manuscritos cuando llegó la imprenta a nuestras vidas.

-¿Entonces desaparecerá?

-Claro que no. Todos seguimos haciendo manuscritos. Usted misma ahora está escribiendo a mano, ¿no?

Hablando de escritores, ¿alguno de sus favoritos está en la mesa del jurado como candidato?

-Sí, Javier Marías, compañero por el que tengo especial debilidad. Me encantaría que el premio se lo dieran a él.

Representar a la sociedad

En la RAE hay, dicen, dos bandos, el de los creadores y el de los teóricos. Usted pertenece a los segundos, ¿suelen hacer piña?

-Que va. Ya quisiera yo que todos los filólogos tuviéramos una misma manera de pensar. En la Academia hay no dos, sino tres elementos constitutivos, que no bandos. Se trata de representar la visión poliédrica que la sociedad tiene de la lengua. Por eso contamos con grandes cineastas que escriben, como José Luis Borau o el fallecido Fernán Gómez, escritores escritores, como Luis Mateo Díez y también expertos en Derecho administrativo, en Economía, en Filosofía y hasta en Sanidad.

Está contento con su letra de académico la 'h'.

-Tiene gracia, porque estuvo a punto de no existir. Por eso de que la 'h' no suena. Pero me gusta porque haya pertenecido a grandes filólogos como Emilio Lorenzo o Tomás Navarro Tomás.

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