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| María Dolores Tortosa
diariosur.es, España
Sábado, 26 de septiembre del 2009

LAS PALABRAS PROHIBIDAS

El tabú lingüístico es común a todas las culturas. Un profesor de la Universidad de Málaga investiga esos términos que todos mencionan y no se estudian en las aulas.


Cuando el periodista iraquí Muntader Al Zaidi arrojó sus zapatos al ex presidente Bush y le llamó perro, muchos en occidente nos enteramos que ambas cosas están consideradas el peor insulto en la cultura árabe. Cada cultura cuenta con censuras sociales y lingüísticas sobre lo que es incorrecto, ilícito, de mal gusto o insultante hacer o mencionar. En el caso del lenguaje, las expresiones vitandas reciben el nombre de interdicción lingüística o tabú lingüístico. Para mencionar lo que se considera «inapropiado» las sociedades desarrollan otras expresiones metafóricas: eufemismos y disfemismos. El eufemismo sería una expresión decorosa, mientras el disfemismo es peyorativo. Por ejemplo, para evitar decir que alguien se ha muerto el eufemismo sería ha pasado a mejor vida, mientras que el disfemismo sería ha estirado la pata.

El profesor de Filosofía del Lenguaje de la Universidad de Málaga Pedro José Chamizo comenzó hace 15 años a investigar esas metáforas especiales y contactó con otros lingüistas de universidades británicas, polacas, chinas, alemanas e italianas. Hoy en día es uno de los mayores expertos españoles en el lenguaje tabú y sus sustitutos. El objetivo de sus estudios es el de «intentar comprender cómo ha ido funcionando la mente humana para declarar tabúes unas palabras y otras no, tratar de entender otras culturas y otras lenguas».

Falsos amigos

Esa investigación del habla de la calle llega a conclusiones paradójicas y curiosas. Muchos términos son comunes en casi todas las lenguas. Llamar perro a alguien es también un insulto en castellano, inglés o francés. Es como decirle rastrero o ruin. Sucede igual con cerdo. Pero a veces una palabra de etimología igual puede significar cosas distintas en cada lengua y originar situaciones incómodas si no se sabe. Ocurre con foca, que en español se utiliza a veces para llamar a alguien gordo sin ser un término tabú. En francés sí lo es: Phoque es la palabra ofensiva con la que se denomina a los homosexuales en Francia.

Igual correspondencia puede hacerse entre la inglesa female y su equivalente en español hembra. Chamizo llama a estos términos «falsos amigos», como abrasive y abrasivo o topic y tópico. Sugiere que no se traduzca female por hembra sino por mujer, porque en español tiene un sentido peyorativo. Igualmente algo tópico se entiende en castellano como una expresión vulgar o trivial y en inglés topic significa tema. Mientras que abrasive ha adquirido un sentido despectivo para calificar a alguien como rudo o maleducado en Inglaterra y aquí se utiliza para productos que pulen o corroen.

Órganos sexuales y fluidos corporales son las parcelas con más vocablos tabúes en castellano y el resto de lenguas y culturas. En algunas ni siquiera con eufemismos es decoroso mencionarlos. Los rodeos dados para referirse a los genitales (la cosa, el aparato) o el coito (hacerlo, irse a la cama con alguien) ha desarrollado una larga lista de eufemismos y disfemismos en todas las lenguas. Con el tiempo, por el objeto a nombrar, «algunos eufemismos se han ido contaminando y se han convertido en tabúes a su vez», explica. Una palabra tan malsonante hoy en la lengua castellana como follar sirve de ejemplo. En su origen significaba 'soplar con un fuelle'. Hasta el siglo XIX no está documentado su referencia al coito. En esa época se registraba como un eufemismo. En la actualidad es una de las «palabrotas» tabú por excelencia, igual que fuck en inglés.

Chamizo ilustra con otro ejemplo los cambios semánticos de algunas expresiones. Hacer el amor se utiliza actualmente como eufemismo de copular, pero hasta no hace mucho era una expresión con el sólo sentido de cortejar y enamorar. «Un ejemplo que cito es el de Carmen Sevilla, que en una película de 1958 dice hacer el amor refiriéndose a tirar los tejos, hoy no lo entenderíamos así», explica Pedro J. Chamizo.

A vueltas con el gallo

La aparente inocencia de las palabras puede jugar una mala pasada si se viaja y se utiliza un traductor anticuado. Hasta hace poco el diccionario de la Real Academia Española sólo recogía la acepción para referirse a polla de gallina nueva que pone pocos huevos. Obviaba su significado malsonante de pene, cuando desde hace tiempo es el más usado. Incluso su popularidad ha hecho que ya nadie ose llamar polla al femenino de pollo. Los ganaderos dicen pollitas para no dar lugar a confusión.

La correlación entre los nombres de animales y los genitales masculino y femenino se da en varios idiomas y un caso similar al mencionado antes ocurre con el inglés cock (gallo) para nombrar al pene. «En Inglaterra todavía se puede utilizar, pero en Estados Unidos se ve tan grosero que cuando alguien quiere referirse a un gallo utilizan la palabra rooster. Así que nada de pedir un cock con arroz si se viaja a Estados Unidos. Algo parecido puede ocurrir si se va a la vecina Portugal. La exquisita porra antequerana sería impensable en los menús de los restaurantes portugueses con ese nombre. Porra tiene el mismo sentido que cock.

Otro ejemplo es el de caballo, que en el castellano actual se utiliza como eufemismo de la droga heroína, pero que en polaco, su equivalente, kon, es un vocablo soez para referirse al pene.

Al contrario también ocurre. La palabra chichi, eufemismo de vagina en España, significa en Estados Unidos algo moderno y con estilo, parecido a chic. Los genitales femeninos también reciben eufemismos o disfemismos con nombres de animales que se han convertido en tabúes en algunas lenguas. Es el caso de la malsonante pussy (gatito) o bird (pájaro) en inglés para referirse a la vagina. Su traducción en italiano, uchello, y en español, pajarito son eufemismos de pene.

Exclamaciones

Palabras tabúes relacionadas con el sexo se utilizan muchas veces como exclamación malsonante o para insultar. Todos recordarán el manda huevos de Trillo en el Congreso. No es ninguna novedad entre los diputados. Chamizo advierte de lo usual que es escuchar cazzo, la palabra tabú por antonomasia italiana, en sus cámaras de representantes.

En este sentido, Chamizo rechaza la teoría de que los vocablos referidos a órganos femeninos, como coñazo, tengan la exclusividad de lo negativo, (en este caso para una persona latosa o insoportable), mientras que los masculinos signifiquen estupendo o cosas en positivo, como cojonudo. Gilipollas, huevón y tonto del haba son ilustrativos de su teoría. En otros idiomas incluso puede significar lo contrario. Es el caso italiano, donde algo realmente magnífico se le tacha de higa, disfemismo de vagina.

Sabido es que el castellano que se habla en España y el que se utiliza en América tiene palabras con acepciones distintas. Entre las tabúes también. Nadie osa ponerle Concha a una niña en el cono sur. Es un tabú similar a coño. Del mismo modo que coger se dice sobre el acto sexual. Sin embargo, polla puede entenderse como lotería en muchos países sudamericanos o como una bebida hecha con leche, huevo y canela en México.

Tampoco es frecuente oír a un hispanoamericano hablar de su/tu padre o madre. Usan siempre mamá y papá para que no se preste a malas interpretaciones.

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