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| Álex Grijelmo (ElPaís.com, España)

Las palabras esqueléticas

ATS en vez de «enfermera», ATC en lugar de «cementerio nuclear»... Se extienden las expresiones sin efectos emotivos.

El periodista argentino Martín Caparrós escribe en su libro El hambre (Anagrama) que los términos técnicos no producen efectos emotivos. Por eso circulan expresiones como «subalimentación», «desnutrición», «malnutrición», «inseguridad alimentaria» y cualquiera otra que evite decir «el hambre»; vocablos que (supuestamente precisos por tal o cual motivo) arrinconan a la palabra que más duele.

Así se nos van los vocablos que laten y se nos quedan los términos disecados, sujetos con un alfiler en las hojas de los periódicos.

Por ejemplo, las siglas. Decimos y debemos decir, por supuesto, PP, PSOE, ONU, OTAN…. Pero no nos referimos aquí a organismos o partidos, sino a los términos comunes que se esconden tras unas iniciales que los desproveen de su carga más honda, de su capacidad para seducir o repugnar.

La diferencia entre las palabras con carne y las que se han quedado en los huesos se puede percibir con claridad. «Película» es un término cálido, y DVD un vocablo frío. Nuestras canciones más nostálgicas las asociamos a «disco», rara vez a «CD». Nos reconforta un «mensaje de apoyo» pero enviamos «un SMS» con la cita para una reunión.

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