Noticias del español

| |

| Juan Carlos Núñez Bustillo, defensor del lector
Milenio, México
Domingo, 27 de junio del 2010

LAS PALABRAS EN INGLÉS

Todos los días aparecen en el periódico palabras en idiomas distintos al español, sobre todo en inglés.


En algunos casos su publicación se justifica porque se trata de nombres propios, porque son términos que se encuentran ya tan arraigados en nuestra lengua que escribir la palabra en castellano resultaría más chocante (sándwich, hot-dog) o porque no encontramos (o no buscamos) una buena traducción (suéter, champú, hippie). Sin embargo, en otras ocasiones el uso de extranjerismos es totalmente injustificado pues en español tenemos palabras a las que podemos recurrir para expresar lo que se dice en inglés.

En estos casos, la utilización de palabras ajenas al español implica un desconocimiento del propio idioma y una falta de interés en el cuidado de nuestra herramienta básica de expresión. Puede implicar también, y eso me parece aún más grave, un uso intencionado de quienes las utilizan porque piensan que si la palabra está escrita en inglés lo que se describe es mejor.

En una sociedad que festeja o llora hasta las lágrimas los juegos de la selección nacional de fútbol, pero a la que al mismo tiempo le parece naco que un negocio lleve nombre en español y para la que indio es uno de los insultos preferidos, los anglicismos se instalan en la vida cotidiana con una facilidad asombrosa. Poco a poco desplazan a nuestras palabras y se filtran a los medios de comunicación sin que quienes las escriben muchas veces se den cuenta de que lo están haciendo.

Idioma vivo

En su libro Defensa apasionada del idioma español, el periodista Álex Grijelmo advierte que con el deterioro de nuestra lengua «perdemos vocablos y conceptos como perdemos capacidad de ideación y observación».

Así, la preocupación por el buen uso del idioma no tiene que ver con un afán purista y una actitud conservadora, sino con la convicción de que además de su función meramente enunciativa, la lengua constituye también el sustento de las culturas, de las formas de ver y de pensar el mundo.

Grijelmo hace en ese libro un largo recorrido para mostrar que el español está vivo y que ha incorporado sin problema palabras de diferentes lenguas. El especialista presenta un amplio recuento de términos que el español ha adoptado y adaptado de otros idiomas. Por ejemplo: jardín (francés), albañil (árabe), fútbol (inglés), chaparro (vasco), gancho (celta), chapulín (náhuatl), prensa (catalán), chubasco (portugués), soneto (italiano), kamikaze (japonés), safari (suajili). El problema entonces no es que enriquezcamos nuestra lengua con vocablos extranjeros.

El problema, dice Grijelmo, ocurre cuando los términos no son adoptados «democráticamente» por la gente, sino que son impuestos «desde arriba» por los grupos de poder. «El anglicismo nos llega no tanto como un neologismo necesario, sino mediante un amaneramiento de las altas capas de la sociedad, reforzado una vez más por los medios de comunicación, los políticos, los economistas […] De nuevo el poder de la cúpula frente a las decisiones del pueblo. El poder, deslumbrado a su vez por el mayor poder. La fuerza de Estados Unidos y su colonización mundial hace sucumbir a quienes admiran la potencia económica y científica de aquella sociedad. Por eso propalan palabras extrañas que les alivien el complejo de inferioridad de no haberlas inventado ellos, voces que les acerquen ficticiamente a una cultura que se les superpone, vocablos que conjuren el maleficio de haber quedado por debajo, expresiones que puedan equipararlos con quienes hablan el idioma poderoso».

En otra parte de su texto afirma: «Aún parece más preocupante el que consideren en el presente, a la manera subliminal, que todo aquello que se envuelve en el idioma inglés gana en predicamento y prestigio a lo hispano, y con efecto indiscriminado, irreflexivo. Parece más importante emplear el pay per view que un programa de pago».

Otro español, Valentín García Yebra, señala en El buen uso de las palabras que los esfuerzos por hablar y escribir bien son «contrarrestados por el esnobismo extranjerizante de quienes ven ahora en el inglés, como antes en el francés, la pauta indiscutible para el español».

El mexicano José G. Moreno de Alba afirma en su libro Minucias del lenguaje: «En muchos casos, existiendo el equivalente español, los hablantes de cierto nivel sociocultural (alto medio) prefieren, en México, la voz inglesa, sin duda como un rasgo más que se suma a otros muchos mediante los cuales puede identificarse con facilidad a personas cuyo prestigio social, a juicio de ellas, descansa en la posesión de cosas extranjeras, en la imitación de lo que no les es propio y, evidentemente, en el uso de extranjerismos innecesarios. Se trata, como se ve, de un evidente complejo de inferioridad».

Los casos

Algunos de los extranjerismos que aparecieron en el periódico en la última semana son: show, ticket, on line, jeans y remake. También se publicaron otras que aparecen ya en el Diccionario de la Real Academia, pero cuya inclusión es criticada por algunos especialistas: marketing, polución y gay.

Me parece que algunas de ellas no debieron haberse publicado porque para todas tenemos palabras en español: show (espectáculo, presentación, recital) ticket (boleto, entrada, recibo), on line (en línea, electrónico), jeans (pantalones de mezclilla, vaqueros), remake (nueva versión, rehecho), marketing (mercadotecnia).

Las palabras polución y gay son mucho más cortas que contaminación y homosexual, lo que podría justificar su utilización cuando hay que escribir en un espacio reducido. En todo caso me parece que el criterio es preferir, siempre que sea posible, los vocablos en español.

«No se trata sólo de una pelea por cuestión de palabras. Las palabras se quedarán donde están, no radica en ellas el problema. Se trata de algo más hondo: el sentimiento de formar parte de una tradición que por algún motivo debiera sentirse culpable, inferior, incapaz de situarse a la altura técnica de otros pueblos», afirma Grijelmo.

¡Hola!

¿Has buscado tu consulta?

Si no la encuentras, rellena nuestro formulario: