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| La Gaceta (Argentina)
Viernes 20 de Enero del 2006

LAS MULETILLAS SON UN SALVAVIDAS CUANDO NO SE ENCUENTRAN LAS IDEAS ADECUADAS

Se contagian como una peste y sirven para ganar tiempo, mientras se piensa cómo continuar la conversación. «Voz que se repite mucho por hábito», según la Real Academia Española.


Tipo que son contagiosas ¿entendés? Y se cuelan en el lenguaje de grandes y chicos, digamos. O sea, hay que soportarlas. Y… nada.

La moda se encarga de vestir hasta al modo de hablar de los tucumanos. Y las muletillas -a las que la Real Academia Española define como una «voz o frase que se repite mucho por hábito»- son las prendas clásicas. Para introducir una oración, en el medio de ellas o al final, estas repeticiones abundan en las conversaciones entre amigos, familiares y profesionales de distintos ámbitos. Y, aunque admiten usarlas en forma inconsciente, todos encuentran en ellas un salvavidas cuando las ideas desaparecen y, con ellas, las palabras justas.

«Las uso para que el interlocutor no se distraiga mientras pienso en la idea siguiente», contó Norma, una profesora de inglés, revelando así la más habitual de las funciones de las muletillas. «Siempre repito ¿no es cierto?, tipo que, es como que y digamos. De tanto escucharlas en la televisión y a mis alumnos, se me terminan pegando sin que me dé cuenta», se excusa la mujer.

La escritora Silvia Camuña subrayó el origen de la palabra muletilla. «Tiene relación con las muletas; es decir, con el sostén y con el apoyo. Eso indica que estas palabritas nos ayudan a hablar, nos ofrecen un soporte mientras pensamos en lo que diremos más adelante», afirmó.

Contagiosas, omnipresentes y hasta cómicas. Nacen en la imaginación de un hablante aburrido o ingenioso y se propagan como una plaga, que puede ser un obstáculo para la comunicación.

«De una», «che», «esteee» y «bolú» son algunas de las traviesas voces que se inmiscuyen en el vocabulario de muchos distraídos que, sin firmar contrato, las adoptan y contribuyen a su transmisión.

Es el lenguaje, primo

Están las que reemplazan a los nombres de pila: chango, hermano, primo. Aquellas que implican rotunda negación: ni a palos, ni loco, no hay chances. Y las que disimulan los silencios incómodos: emmm ¿qué te iba a decir?, ¿cómo se llama esto?, en fin. Todas, sin excepción, encuentran eco en varios adeptos. La pregunta del millón parece ser ¿cómo combatirlas?

«Debido a que se te pegan por juntarte con personas que las repiten, el mejor remedio para disimularlas es juntarte con gente que no las use», aconsejó Verónica Roldán, de 17 años.

Para Ruth Díaz, de 16, la fórmula no es tan sencilla. «e van con el tiempo, hasta que te hartás de decirlas», reflexionó la adolescente.

Para quienes trabajan en los medios, en cambio, estas repeticiones son deslices prohibidos. «Las usamos para ligar oraciones o introducir alguna información; pero, sobre todo, para que no haya silencios o huecos en la transmisión», explicó la locutora nacional Guadalupe Alcántara, quien agregó que la mejor forma de combatirlas es registrar la propia voz en una grabación y prestar atención a los errores.

La reconocida locutora Beatriz Silberstein, por su parte, opinó que una buena formación ayuda a erradicarlas. «Cuando sabemos de qué hablamos, no hacen falta», precisó.

Modismos o costumbre molesta, las muletillas se encuentran a la orden de quien desee emplearlas y regarlas por donde pase (o por donde hable).

«De una que… nada»

– De una.

– Bolu/ boló/ loco/ man/ che

– A full.

– Ni loco/ ni a palos/ ni ahí

– ¡Chan!

– Y… nada

– Tipo que/tipo ná…

– ¿Entendés?

– Bueníísimo

– ¡Qué hací‘vieja!

– Ningún …

– Cualquiera eso

– Qué sé yo

– Es como que…

Frente al micrófono

– Digamos

– Realmente/ En realidad

– Estemmm

– Y bueno

– ¿Algún comentario sobre la reunión que acaba de ocurrir?

– Les quiero contar que

– Por ejemplo

– Lo cierto es que

– En resumidas cuentas/ en resumen

– Dar la hora y la temperatura al iniciarse todos los bloques

«No voy a hacer declaraciones»

– Indefectiblemente, indiscutiblemente y otros adjetivos terminados en «mente».

– ¿No? o ¿me explico? (al terminar una frase)

– ¿Entendés?.

– Estemmm…

– Lo cierto es que…

– ¿Sí o no?

– La coyuntura demanda…

– En tanto y en cuanto…

– Producto de lo cual…

– No voy a hacer declaraciones.

Dichos de campo

– ¿Que no? (en vez de ¿No es así?)

– Porjemplo (en vez de por ejemplo)

– ¿Nocierto? (en vez de ¿No es cierto?)

– Chango, hermano, primo, jefe, tío o compadre.

– M’ijo

– Y diai (en vez de ¿y entonces qué pasó?)

– ¿Sabí qué?

Detrás de la pelota

– Ehhh

– Estemm…

– Y… bueno

– ¿No?

– No, la verdad que…

– Uno siempre trata/ piensa que… (en tercera persona)

– Osea (en vez de “o sea”)

– Lo importante es participar…

– El fútbol es así/son cosas del fútbol

– Hay que traspirar la camiseta.

Hechas, para no pensar

– Fuentes inobjetables/ Altas fuentes informaron…

– En el marco de…

– Lo cierto es que..

– Bien se sabe…

– Un espectáculo dantesco.

– Citado nosocomio.

– La rutilante estrella

– Pertinaz llovizna

– Crudo invierno

– Mudos testigos

– Voraz incendio

– Calor agobiante

– Acalorada discusión

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